8.500 voces acompañan a Leiva en una noche inolvidable en Zaragoza
Leiva hizo vibrar el Príncipe Felipe en el día grande del Pilar con un concierto “gigante” ante 8.500 personas, repasando su carrera entre emoción, rock y guiños a sus raíces zaragozanas.
Zaragoza vibró este domingo 12 de octubre con el regreso de Leiva, que hizo honor al título de su gira, “Gigante”, con un concierto a la altura de las expectativas en el pabellón Príncipe Felipe. Ante 8.500 personas que abarrotaron el recinto, el madrileño firmó una noche redonda que repasó su carrera desde los tiempos de Pereza hasta sus temas más recientes, en el día grande de las Fiestas del Pilar.
Un arranque sin concesiones
El reloj marcaba las diez en punto cuando la cuenta atrás de las pantallas llegó a cero y la banda tomó el escenario. El último en aparecer fue él, con su inconfundible camisa blanca, vaqueros ajustados, botines claros y sombrero, dispuesto a demostrar por qué su gira lleva ese nombre. Sin presentaciones ni saludos, Leiva arrancó con fuerza con “Bajo presión”, uno de los cortes de su último disco.
Desde ese momento, el público entendió que la noche iba a ser especial. “Lluvia en los zapatos”, “Gigante”, “Lobos”, “Terriblemente cruel” y “Superpoderes” completaron un inicio enérgico, donde la banda —formada por siete músicos— desplegó solvencia, carisma y una complicidad que mantuvo el ritmo durante casi dos horas.
“¿Estáis bien? ¿Sois felices?”, preguntó Leiva entre canciones, provocando un rugido de aprobación en el pabellón. “Amo esta tierra especialmente por muchos motivos”, añadió antes de confesar que su familia es de Zaragoza, ciudad en la que empezó tocando “en locales pequeñitos, y más tarde en salas míticas como la Oasis o La Casa del Loco”.
Un viaje por toda su carrera
Leiva no solo repasó su presente, sino también los capítulos esenciales de su pasado musical. Entre los nuevos temas de Gigante, el público coreó con fuerza canciones recientes como “El polvo de los días raros” o “Ángulo muerto”, a pesar de su reciente lanzamiento.
En mitad del concierto, el artista madrileño se tomó una pausa para ofrecer uno de los momentos más íntimos de la noche: “Vis a vis”, interpretada solo con guitarra acústica y voz. Antes de comenzar, lanzó un mensaje a los asistentes:
“Escuchar cuatro minutos y medio de una canción con el móvil dentro del bolsillo es una experiencia realmente hermosa y desconocida en estos tiempos.”
El público respondió con respeto y silencio, disfrutando de uno de esos instantes que detienen el tiempo en mitad de un espectáculo.
El repertorio también incluyó un guiño clásico al “You Never Can Tell” de Chuck Berry y una dedicatoria especial a los Violadores del Verso, grupo zaragozano que el músico reivindicó como referente de autenticidad y libertad creativa.
El regreso de Pereza y la recta final
A medida que el concierto avanzaba, el público fue entrando en un estado de euforia colectiva. La parte final del espectáculo fue un regreso emocional a los años de Pereza, con temas que levantaron al pabellón: “Como lo tienes tú”, “Lady Madrid” y “Estrella Polar” sonaron como himnos compartidos, demostrando que aquellos años de juventud siguen vivos en la memoria de sus seguidores.
Ya en los bises, Leiva regaló dos momentos especialmente esperados: “Caída libre”, su reciente colaboración con Robe Iniesta, y el potente “Como si fueras a morir mañana”, convertido ya en un clásico moderno. El cierre, inevitable, fue “Princesas”, el tema que mejor resume su historia y su vínculo con el público.
Un final con promesa
Antes de marcharse, Leiva quiso agradecer la fidelidad del público zaragozano:
“Esta fue una de las pocas ciudades en las que llenaba siempre cuando empecé. Zaragoza siempre ha estado ahí.”
Entre aplausos y vítores, anunció que pronto desvelará nuevas fechas para el próximo año y aseguró que la capital aragonesa volverá a estar en su ruta:
“Por supuesto, Zaragoza será una de las paradas.”
El artista madrileño se despidió visiblemente emocionado, mientras el pabellón rugía con los últimos acordes. Fue una noche intensa, vibrante, y sobre todo fiel al nombre de la gira: gigante, en todos los sentidos.

