El PSOE de Zaragoza, en plena batalla interna mientras Chueca consolida su hegemonía

La victoria de Eduardo Cariñena en El Rabal evidencia la pugna entre el nuevo socialismo alineado con Pilar Alegría y el sector lambanista que resiste bajo la sombra de Carlos Pérez Anadón.

El PSOE de Zaragoza atraviesa una fase de recomposición interna que, lejos de cerrar heridas, ha dejado al descubierto una división de fondo entre dos sensibilidades que pugnan por el control del partido en la capital.

La agrupación de El Rabal, uno de los bastiones tradicionales del socialismo zaragozano, se convirtió este jueves en el escenario de ese choque de trenes con la victoria del asesor municipal Eduardo Cariñena —afín a Pilar Alegría y respaldado por la portavoz municipal Lola Ranera— sobre el concejal Horacio Royo, representante del sector más próximo al desaparecido Javier Lambán.

Cariñena se impuso con 56 votos frente a 26, un resultado claro que va más allá de un simple relevo orgánico. Detrás de los números, la asamblea del Rabal deja entrever la lucha por el rumbo ideológico y el control orgánico del socialismo zaragozano en un momento en el que el partido no logra consolidar un discurso de oposición fuerte ante una Natalia Chueca que arrasa en las encuestas.

LA FRACTURA: DE RANERA A ALEGRÍA, DE ROYO A ANADÓN

La victoria de Cariñena no se entiende sin el cambio de tablero político que vive el PSOE aragonés desde la muerte de Javier Lambán.

En cuestión de meses, Lola Ranera, portavoz municipal y hasta hace poco una de las dirigentes más próximas al expresidente aragonés, ha pasado a alinearse con la corriente liderada por la ministra Pilar Alegría, hoy la referencia del socialismo aragonés con mayor proyección nacional.

Al otro lado, Horacio Royo ha quedado como uno de los rostros visibles de la vieja guardia lambanista. Pero la influencia real —según diversas fuentes socialistas— se mueve en la sombra: la del histórico Carlos Pérez Anadón, veterano dirigente y uno de los pesos pesados del PSOE zaragozano. “Anadón es quien sigue marcando el paso de los que no quieren perder el poder orgánico”, apuntan voces internas del partido.

El resultado de El Rabal simboliza así algo más profundo: una batalla silenciosa entre la nueva generación que busca sintonía con Madrid y los cuadros tradicionales que tratan de conservar su espacio de poder.

UN PSOE SIN PULSO FRENTE A CHUECA

Mientras los socialistas dirimen sus equilibrios internos, el PP de Natalia Chueca se consolida con una fuerza inédita. Según las últimas encuestas, la alcaldesa rozaría la mayoría absoluta en Zaragoza, con posibilidades incluso de gobernar en solitario si mantiene la tendencia de 2023.

La falta de un relato sólido y el desgaste de la etapa lambanista, así como el revuelo en torno al concejal Gómez Gámez han debilitado el papel de oposición de los socialistas en el Ayuntamiento, donde Ranera trata de recomponer el grupo entre tensiones soterradas y lealtades cruzadas.

La estructura provincial está ahora bajo el mando de Teresa Ladrero, alineada también con Alegría, mientras que en Huesca se mantiene Fernando Sabés y en Teruel ha asumido Rafael Guía.

Mientras tanto, Natalia Chueca sigue reforzando su liderazgo desde la Plaza del Pilar, con un PP en expansión y un Vox que podría dejar de ser necesario para la gobernabilidad. Todas las encuestas publicadas apuntan a que Natalia Chueca sigue cogiendo distancia con el PSOE y estaría rozando una mayoría absoluta.

En ese contexto, la fractura socialista no solo es interna: es estratégica, porque puede condicionar su capacidad de plantar cara a una derecha que, hoy por hoy, domina con comodidad el tablero político zaragozano.

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