El pueblo de color naranja que hay en Zaragoza: tiene torres gemelas y puente levadizo

Uno de los pueblos más pequeños y fotogénicos de Zaragoza, se ha convertido en un destino imprescindible gracias a su castillo rojizo.
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El pueblo de color naranja que hay en Zaragoza: tiene torres gemelas y puente levadizo

En pleno valle del Jiloca, se encuentra uno de los pueblos más sorprendentes de Aragón. Anento, famoso por el tono anaranjado de sus casas, es la prueba de que incluso las localidades más pequeñas pueden renacer cuando sus vecinos deciden ponerse manos a la obra.

Durante el siglo XX, este enclave estuvo a punto de quedarse vacío. Apenas quedaban habitantes y muchos edificios estaban al borde del colapso. Sin embargo, la implicación de vecinos y antiguos veraneantes transformó lo que parecía inevitable: Anento pasó de la decadencia al esplendor. Hoy es uno de los pueblos más bonitos de España, un destino cuidado al detalle y un ejemplo de cómo recuperar identidad sin sacrificar autenticidad.

Un castillo medieval único: torres gemelas y puente levadizo

La silueta más reconocible del pueblo es su castillo. Construido originalmente por los musulmanes en piedra rojiza y restaurado en el siglo XIV, domina el valle con una presencia poderosa. Sus torres gemelas y su puente levadizo —un elemento muy poco común en Aragón— convierten el conjunto en una joya medieval que parece sacada de una película.

Declarado Bien de Interés Cultural en 2006, este castillo conserva foso, almenas piramidales y unas vistas impresionantes que permiten entender por qué fue un punto defensivo tan codiciado. Desde lo alto, el paisaje naranja de Anento se funde con el verde del valle, creando una imagen que muchos viajeros describen como “mágica”.

Calles de piedra, color naranja y monumentalidad discreta

El paseo por el casco urbano es otra sorpresa. Las viviendas tradicionales se rehabilitaron siguiendo una premisa clara: respetar el entorno. Por eso las fachadas lucen esa gama de tonos terrosos que hacen que el pueblo parezca una prolongación natural de las colinas que lo rodean.

Entre las calles de piedra espera la iglesia de San Blas, una construcción románica del siglo XIII con elementos góticos añadidos posteriormente. Su interior guarda uno de los tesoros artísticos más importantes del gótico aragonés: el retablo mayor del Maestro Blasco de Grañén. Además, en 1989 salieron a la luz frescos protorrománicos que hoy pueden admirarse nuevamente.

A las afueras, otro vestigio histórico sorprende al visitante: el torreón celtíbero de San Cristóbal, una pieza defensiva datada alrededor del 200 a.C. que recuerda que la vida en este valle se remonta muchos siglos atrás.

Aguallueve: un oasis verde bajo una pared de roca

Si el castillo es el gran protagonista arquitectónico, Aguallueve es la estrella natural. Este manantial, que brota directamente de la roca vertical cubierta de musgo, crea un pequeño mundo húmedo, fresco y brillante en cualquier época del año.

La ruta para llegar es sencilla, agradable y perfecta para familias. En apenas un paseo, el visitante pasa de las calles de color naranja a un rincón que parece trasladado desde un bosque mágico.

Anento también conserva celebraciones muy arraigadas. Las fiestas de San Blas en febrero y las de Santa Bárbara en diciembre reúnen a vecinos y visitantes en procesiones, comidas populares y actividades que mantienen vivas las costumbres locales.

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