Zaragoza cambia sus farolas: así ahorrará millones y ganará seguridad en las calles

Menos luz desperdiciada, más visibilidad a nivel de calle y un alumbrado que mejora el descanso, la seguridad y el confort urbano.

Zaragoza ha puesto en marcha Reluzes, uno de los proyectos de renovación del alumbrado público más ambiciosos de España, una estrategia integral que va mucho más allá del simple cambio de farolas. El objetivo es ahorrar energía, reducir la contaminación lumínica, mejorar la seguridad y proteger el patrimonio urbano, cumpliendo además con la normativa europea más exigente.

El proyecto supone decir adiós al antiguo alumbrado de vapor de sodio y apostar por una nueva iluminación LED inteligente, diseñada para iluminar solo donde es necesario, con una luz más saludable, eficiente y respetuosa con el cielo nocturno.

El consejero de Urbanismo, Infraestructuras, Energía y Vivienda, Víctor Serrano, ha explicado que el proyecto permitirá renovar 9.619 luminarias de las 85.680 que existen actualmente en Zaragoza, lo que supone “un gran avance en la modernización de toda la infraestructura de alumbrado público”.

“Este proyecto tiene que ver con mejores estándares medioambientales, con la reducción de la emisión de CO₂, pero también con criterios de seguridad y percepción de seguridad cuando caminamos por la ciudad, por las zonas verdes o por nuestras calles”, ha subrayado Serrano.

UN AHORRO DE 2,1 MILLONES AL AÑO

El Ayuntamiento de Zaragoza ha recibido un crédito de 10 millones de euros a coste cero procedente del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), destinado íntegramente a la renovación del alumbrado público. Gracias a esta inversión, el Consistorio podrá ahorrar alrededor de 2,1 millones de euros al año en la factura eléctrica, lo que permitirá amortizar el proyecto en 4,7 años sin que suponga un sobrecoste para las arcas municipales.

En términos medioambientales, el impacto también es significativo. Reluzes permitirá reducir la emisión de 1.400 toneladas de CO₂ al año, una cifra que Serrano ha comparado con “plantar 17.000 árboles en la ciudad”.

Además, el proyecto contribuirá a disminuir la contaminación lumínica, lo que permitirá “ver mejor las estrellas en el futuro” y tendrá efectos positivos sobre la salud y el descanso, ya que, como ha recordado el consejero, “está demostrada científicamente la relación entre la luz y la calidad del sueño”.

CAMBIA LA FORMA DE ILUMINAR LA CIUDAD

Desde el punto de vista técnico, la responsable de explicar el alcance real del proyecto ha sido María José Sanz Puig, jefa de la Unidad de Mantenimiento y Obras del Alumbrado Público del Ayuntamiento de Zaragoza, quien ha insistido en que Reluzes va mucho más allá de sustituir luminarias. “No solamente cambiamos luminarias, sino que cambiamos la forma de iluminar la ciudad”, ha afirmado.

La primera fase del proyecto se desplegará en seis polígonos, que abarcan zonas del Casco Histórico, Arrabal, Barrio Jesús, parte de San José y Torrero-La Paz. Estas áreas han sido seleccionadas por dos motivos principales: la continuidad con actuaciones previas, como el proyecto de Zamoray-Pignatelli, y porque son las zonas donde las auditorías previas indicaban que se podía lograr mayor ahorro energético.

MEJOR VISIÓN A NIVEL DE CALLE

Uno de los aspectos que más dudas suele generar entre los vecinos es la percepción de que habrá “menos luz”. Sanz Puig ha explicado que el nuevo modelo responde a los reglamentos de eficiencia energética, que obligan a bajar niveles de potencia, pero a cambio se mejora de forma notable la uniformidad.

“Hemos ido un paso más allá. En lugar de quedarnos en una uniformidad del 50%, vamos a uniformidades de hasta el 70%, lo que da mucha más seguridad”, ha señalado.

Esto se traduce en una iluminación más homogénea, sin sombras ni contrastes bruscos. “Es como una alfombra de luz. Puede que no se iluminen tanto las fachadas altas, pero a nivel de calle se ve mucho mejor, porque el ojo no tiene que adaptarse continuamente”, ha explicado.

También mejora de forma notable la reproducción cromática: se pasa del 20% del antiguo vapor de sodio a un mínimo del 70%, lo que permite distinguir mejor obstáculos, desniveles, árboles y edificios.

El proyecto incorpora además tecnología de información, que permitirá conocer en tiempo real el consumo del alumbrado en la ciudad y aplicar medidas como las rampas horarias: la intensidad baja progresivamente durante la noche en las horas de menor uso, sin comprometer la seguridad.

Para Serrano, el proyecto sitúa a Zaragoza “entre las ciudades con la estrategia de iluminación más ambiciosa y avanzada, cumpliendo con la normativa europea y con criterios de sostenibilidad, seguridad y salud”. Además, ha recordado que experiencias previas como la de Zamoray-Pignatelli, que inicialmente generaron dudas, hoy funcionan “con pleno éxito y satisfacción vecinal”.

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