Zaragoza pone en marcha su nueva planta para el tratamiento de residuos orgánicos con una inversión de 13M

La instalación permitirá reducir 2.800 toneladas de CO₂ al año y obtener compost de alta calidad a partir de la basura orgánica.
La alcaldesa de Zaragoza inaugura la nueva línea de tratamiento para residuos orgánicos del CTRUZ. /AZ
La alcaldesa de Zaragoza inaugura la nueva línea de tratamiento para residuos orgánicos del CTRUZ. /AZ

Zaragoza ha inaugurado hoy la nueva línea específica para el tratamiento de residuos orgánicos en el Complejo de Tratamiento de Residuos Urbanos (CTRUZ). La planta completa así un ambicioso proyecto de economía circular que permitirá obtener compost de alta calidad a partir de la materia orgánica recogida en los contenedores marrones implantados en la ciudad.

La alcaldesa, Natalia Chueca, ha presidido la inauguración junto a la consejera de Medio Ambiente y Movilidad, Tatiana Gaudes; la consejera de Hacienda y Fondos Europeos, Blanca Solans; la directora general de Calidad Ambiental del Gobierno de Aragón, María Martínez, y el CEO de Urbaser, Fernando Abril Martorell.

El proyecto ha supuesto una inversión de 13 millones de euros, de los que 4,6 millones han sido financiados mediante ayudas del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de los Fondos Europeos, tramitadas por el Gobierno de Aragón. El resto ha sido asumido por la UTE Ebro (Urbaser y Vertresa), concesionaria de la planta. El Ayuntamiento abonará esa cantidad mediante la revisión del canon anual hasta 2031, fecha en la que la planta pasará a ser de titularidad municipal.

Esta línea es el complemento imprescindible dentro del proceso de recuperación de los residuos orgánicos que iniciamos hace dos años con la implantación de los nuevos contenedores marrones", ha explicado Chueca. "Además de generar energía eléctrica —ha señalado— dicho proceso, ejemplo de economía circular, se completará con la obtención de un compost de alta calidad que podrá ser utilizado tanto en parques y jardines como en la agricultura”.

La alcaldesa también ha querido agradecer la implicación de la concesionaria en el desarrollo de la nueva planta: “Quiero felicitar a los técnicos municipales y agradecer la buena disposición de la UTE Ebro para asumir el reto, junto al Ayuntamiento, de no dejar pasar la oportunidad y hacer posible la construcción de esta línea de tratamiento aprovechando los Fondos Europeos, llevando a cabo una importante inversión inicial. Vuelven a ponerse de manifiesto dos elementos clave: la alta calidad de los proyectos presentados por Zaragoza a estos Fondos y los beneficios que se generan para la Zaragoza presente y futura a partir de la colaboración público-privada”.

La nueva línea permitirá reducir en 2.802 toneladas las emisiones de CO₂ equivalente, lo que refuerza los objetivos de la ciudad para convertirse en una de las primeras Cien Ciudades Climáticamente Neutras de Europa en 2030.

Desde que se implantaron los contenedores marrones en la ciudad, la recogida de residuos orgánicos ha ido en aumento. Si en todo 2024 se recogieron 534 toneladas, entre enero y mayo de 2025 ya se han recogido 2.134 toneladas de biorresiduos. Chueca ha subrayado que “la ciudadanía seguirá integrando de manera rutinaria la separación de la orgánica en sus domicilios. Sabemos que es un proceso lento, es una carrera de fondo. Pero estoy segura —ha dicho— de que si hemos sido una ciudad modélica en la separación de otras fracciones, como el vidrio, el envase o el papel y cartón, también lo seremos con la orgánica”.

¿CÓMO FUNCIONA LA NUEVA PLANTA?

El proceso arranca en una nueva nave-foso de recepción donde llega la materia orgánica procedente de los contenedores marrones. Posteriormente pasa a una zona de tratamiento previo antes de mezclarse con vapor de agua y alcanzar la temperatura adecuada para el digestor.

El digestor —un gran cilindro cerrado— realiza un proceso anaeróbico que genera gas metano, utilizado para producir electricidad en la propia planta. El CTRUZ cuenta ahora con un digestor específico (el número 5), dedicado en exclusiva a los residuos orgánicos.

Tras 20 días, el material pasa por fases de deshidratación e higienización, y culmina su transformación en compost en la nave de maduración. Allí, un muro separador distingue el compost de alta calidad —procedente de los contenedores marrones— del material bioestabilizado que se genera a partir de la basura doméstica general. Tras un último proceso de afino, el compost queda almacenado en una nave de acopio para su posterior distribución.

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