Zaragoza y el eterno debate de si es o no la cuarta ciudad de España

Tanto Zaragoza como Sevilla reflejan en su estadística un crecimiento sostenido... pero con diferencias notables entre uno u otro. 

Zaragoza quiere insistir en que es la cuarta ciudad de España y su pretensión se escucha en multitud de escenarios. Desde la propia alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, hasta el eco mediático de las cifras que aporta el INE con el censo de la ciudad aragonesa en comparación con Sevilla. Pero, ¿realmente es ya la cuarta ciudad de España? ¿O quizá el indicador del censo no muestre la realidad completa de una fotografía poblacional?

Las cifras, eso sí, son tozudas: en el último censo anual de población (2021-2024), publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), Zaragoza ha pasado oficialmente por delante de Sevilla como la ciudad número cuatro.

La capital aragonesa alcanza los 691.037 habitantes, seguida de cerca por Sevilla, con 686.741 vecinos. Y esta diferencia, de 4.296 personas, marca un cambio en la historia demográfica, y donde sugiere una tendencia de crecimiento continua en Zaragoza capital durante los últimos años. La pujanza empresarial de la ciudad aragonesa y el flujo poblacional que arrastra de localidades aragonesas o de otras zonas como Soria o Navarra aún persiste. 

Entre 2023 y 2024, el cambio de Zaragoza ha sido especialmente claro. En esos dos años, ha subido en 7.088 habitantes, mientras que Sevilla sólo ha registrado 2.577 nuevos residentes. Esta diferencia ya se vislumbraba en la última actualización por el INE, donde la distancia entre ambas ciudades se había reducido a sólo 500 personas.

La mirada crítica sobre el “sorpasso”

Por tanto, el término bruto de la cifra del censo poblacional, ¿es valiosa para analizar globalmente que Zaragoza es la cuarta ciudad de España?. Sí y no. En cifras, no hay discusión: como zona urbana tiene más censo poblacional. Pero, en cambio, el influjo de la zona metropolitana de Zaragoza está a años luz de la que tiene Sevilla. Esta visión es compartida por varios expertos en urbanismo, coom Antonio Giraldo, concejal en el Ayuntamiento de Madrid.

"Estos datos son ciertos, pero no reflejan la realidad", insiste Giraldo en sus redes sociales. Este urbanista, y actualmente político en las filas socialistas del consistorio madrileño, sugiere que al recopilarse las estadísticas del INE, la población de cada localidad no debe referirse únicamente a los vecinos que viven dentro de sus límites.

En este sentido, Giraldo señala que el área metropolitana de Sevilla supera holgadamente el millón y medio de habitantes, mientras que la conurbación de Zaragoza se cifra en unos 800.000.

"Una persona que se muda desde Sevilla municipio a Camas municipio (apenas a 2km), aunque sea un habitante menos en el padrón municipal de Sevilla y uno más en el de Camas, sigue siendo a todos los efectos un habitante del sistema funcional Sevilla. Camas casco queda más cerca de Sevilla casco que gran parte de los barrios de Sevilla municipio. Por eso en geografía los números no siempre muestran realidades. Hay que cocinarlos", cuenta Giraldo en redes sociales.

Sevilla: ciudades, retos demográficos

El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha expresado en más de una ocasión que uno de sus principales objetivos es llegar a los 700.000 habitantes y convertir a la capital andaluza en la cuarta ciudad de España. Sin embargo, el sosegado crecimiento del padrón refleja cuánto cuesta atraer y retener población, algo que el gobierno local espera cambiar con nuevas polítas de vivienda, esa movilidad pública y servicios sociales.

Pero los datos indican que Sevilla no ha perdido habitantes en los últimos años, aunque su ritmo de crecimiento es más lento: pasó de 684,340 en 2021 a 681,184 en 2022, 684,164 en 2023 y 686,741 el pasado año, mientras que Zaragoza ha crecido desde 675,361 habitantes en 2022 a 691,037 en la actualidad, después de una leve disminución el año pasado.

Tanto Zaragoza como Sevilla reflejan en su estadística un crecimiento sostenido tras el impacto de la pandemia, aunque con distintos ritmos. Lo cierto es que este fenómeno suscita el debate acerca de cómo medimos la realidad poblacional de nuestras ciudades: ¿es la población empadronada el único indicado válido, o también la dinámica de sus metrópolis?

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