Cartas al Director | El Teatro como un lugar de convivencia

Estimado director,

Soy la Coordinadora de la Escuela Teatro Arbole, y escribo esta carta por alusión a la carta al director que Ángel Miguel Cihuelo escribió esta semana con el título “Tengo TEA y no me dejan hacer Teatro”

Entiendo perfectamente que, como profesor del niño y amigo de la familia, muestre indignación y haya decidido apoyar esta causa. El problema, por desgracia casi siempre es el problema, es que la información que proporciona en su carta está sesgada y no es correcta.

Nuestra Escuela de Teatro, desde su propio nacimiento hace 15 años, abrió sus puertas a cualquier niño, independientemente de su condición. Creemos en la inclusión social y en la igualdad de oportunidades, en nuestros grupos siempre ha habido personas con necesidades especiales y un gran número de familias pueden dar cuenta del esfuerzo y del trabajo realizado. También es cierto que para nosotros lo primero son los niños y las niñas, su bienestar emocional y enriquecimiento personal. Queremos que sientan nuestro teatro como un lugar seguro, en el que disfrutan y al que quieren volver, 

En el momento en el que la madre del niño se puso en contacto con nosotros y nos habló de Jorge nos mostramos receptivos a su incorporación. Como hacemos en todos los casos, planteamos unas sesiones de prueba para valorar si el nuestro era un recurso adecuado para Jorge.

La primera sesión fue difícil para el niño. Entendemos que para una persona que pertenece al espectro autista, la novedad del espacio y de los compañeros, la dinámica de juego, la cantidad de estímulos visuales y auditivos pueden sobrepasarle, y es lo que ocurrió. Jorge no disfrutó y al finalizar nos dijo que no quería volver.

Tres días más tarde me puse en contacto con la madre para intercambiar impresiones, y ella me comentó que Jorge había dicho que quería seguir asistiendo a Teatro.

Teniendo en cuenta nuestro criterio fundamental de que el niño o la niña disfruten de esta experiencia (hablamos de educación no reglada), entendimos que debíamos continuar con el proceso y dar más tiempo. También es cierto que nosotros no contamos con los recursos con los que puede contar un centro educativo, con personas disponibles y especializadas que pueden acompañar este proceso, ofreciendo las actuaciones y adaptaciones más adecuadas para cada persona.

Todo esto es lo que transmitimos a la familia de Jorge así como nuestro deseo de volver a intentarlo, planteando herramientas y recursos que hiciesen posible una mejor experiencia, pero teniendo en cuenta que en su grupo hay otras dos personas más con necesidades especiales. Me despedí de ella emplazándole al siguiente sábado, para que viésemos cómo se desarrollaba la clase e intercambiar impresiones a posteriori.

Un día después la madre de Jorge me llamó para decirme que no iban a seguir con la actividad.

Nosotros en ningún momento le dijimos que Jorge no podía participar en las clases, tan solo que queríamos hacerlo bien, porque para nosotros lo primero son los niños y las niñas, cada uno, con sus nombres y apellidos, con su historia y con sus deseos. 

Seguiremos trabajando en la misma dirección y convicción con la que lo hemos hecho hasta ahora, recibiendo a todos los niños y niñas que se acerquen a nuestra escuela, porque efectivamente el acceso a la Cultura y el Teatro es un derecho fundamental para la infancia.

Azucena Roda

Coordinadora de la Escuela Teatro Arbole

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