Academia de Inventores: un proyecto aragonés que enseña a pensar como inventores para transformar el entorno
La Academia de Inventores, proyecto impulsado junto al grupo educativo Edelvives, ha sido reconocida como Marca Aragón Revelación, un galardón que premia la proyección y el impacto de proyectos nacidos en la comunidad. Su fundador, Luis Martín, destaca que este reconocimiento “no es solo un premio, sino una confirmación de que la creatividad, cuando nace de la autenticidad, puede transformar un territorio”.
Pregunta. La Academia de Inventores ha sido reconocida como Marca Revelación. ¿Cómo se ha construido esa identidad de marca? ¿Qué atributos queréis que la gente asocie de forma natural con “Academia de Inventores”?
Respuesta. La identidad de Academia de Inventores no se construyó en un despacho, sino en el aula, entre cables, cartones y niños que preguntan “¿y si…?”. Desde el principio quisimos crear algo que no existía: una academia donde se enseñara a pensar como un inventor. Nuestro punto de partida fue emocional, no comercial. Y esa autenticidad se ha convertido en el ADN de la marca.
Esa coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos es lo que ha hecho crecer la marca. Hemos conseguido que “inventar” se convierta en una palabra cotidiana, no lejana. Que no existan etiquetas de “tú puedes ser creativo y tú no”.
Nuestra marca se define por tres cosas: energía creativa, impacto medible y orgullo aragonés. Hoy, cuando la gente escucha “Academia de Inventores”, no piensa en una academia cualquiera, sino en un movimiento educativo que demuestra que Aragón también puede exportar futuro. Que aquí no solo fabricamos tecnología, sino que creamos talento.
¿Cuál dirías que es el propósito que guía todas las decisiones dentro de la Academia?
Nuestro propósito es muy sencillo de decir y tremendamente difícil de ejecutar: despertar la capacidad inventiva de cada niño y niña para transformar su entorno. Queremos que aprendan a pensar, a crear, a equivocarse con alegría y a entender la tecnología no como un fin, sino como una herramienta para cambiar las cosas.
Ese propósito lo aplicamos a todo: desde el diseño de un taller hasta la fabricación de nuestros propios kits educativos, que se producen en Aragón y viajan por España y Europa.
Y no lo decimos por marketing: lo demostramos en cifras. Cada año más de 2.000 alumnos aprenden con nosotros, más del 47 % son niñas, y más de 3 millones de euros en proyectos europeos han llegado a Aragón gracias a proyectos liderados por Edelvives, y a alianzas con empresas como Ibercaja, Hiberus, Microsoft, AWS o Arduino. Por eso, cada decisión que tomamos debe responder a una pregunta clave:“¿Esto acerca o aleja a un niño o niña de descubrir su potencial inventor?”
Desde la perspectiva del usuario —niños, familias o educadores—, ¿qué papel juega el diseño de la experiencia (UX) en el éxito de la Academia? ¿Cómo se traduce la marca en la vivencia real de quienes interactúan con ella?
En la Academia, la experiencia lo es todo. Cuando un posible inventor entra en nuestras aulas, no entra a un curso: entra a un universo donde puede imaginar y construir.
Todo está pensado para que la experiencia sea multisensorial: el sonido de los motores en el aula de robótica, el olor del cartón recién cortado en el taller, el olor a productos químicos en el laboratorio… Nada es casualidad.
Esa vivencia es lo que convierte nuestra metodología en algo memorable. Una niña que monta su primer dron, que programa su primer robot o que enciende su primer LED no olvida ese momento. Y eso es UX: una experiencia que deja huella. Y su impacto lo podemos ver directamente: cómo cambia la autoestima de un niño, cómo aumenta su interés por la ciencia, cómo mejora la implicación familiar.
La experiencia no es el envoltorio de la marca: es su esencia. Es lo que hace que los niños digan “quiero volver” y que los padres digan “mi hijo ha cambiado la manera de mirar el mundo”.
La marca se percibe a través de múltiples puntos de contacto: espacios físicos, materiales, comunicación digital… ¿Cómo aseguráis la coherencia entre la identidad visual, el tono comunicativo y la experiencia práctica del alumno o cliente?
La coherencia nace del propósito. Cuando todo el equipo cree en lo mismo, la marca se alinea sola. Cada miembro del equipo, cada profesor, cada diseñador, cada socio sabe que lo que hacemos no es un producto, sino un relato que debe sentirse igual en todas partes.
Por eso cuidamos cada detalle: el tono con el que escribimos, los colores de los espacios, el diseño de los kits, incluso el tipo de cartón o el peso del material. Queremos que todo transmita una misma sensación: futuro, curiosidad y confianza. No hay separación entre lo que se ve y lo que se vive. La identidad visual, la comunicación y la experiencia se retroalimentan.
Hoy, la coherencia de Academia de Inventores se sostiene porque todas las piezas, la experiencia, la imagen y el propósito, orbitan alrededor de la misma idea: inventar un mundo mejor.
La innovación es parte del ADN de la Academia, pero ¿cómo integráis el feedback de los usuarios en el desarrollo de vuestros programas? ¿Hasta qué punto la UX condiciona la evolución de la marca?
Escuchar a los niños es la mejor forma de innovar, porque no tienen filtros. El feedback es nuestro radar. De hecho, muchos de nuestros productos nacen de escuchar con atención. No diseñamos desde el ego del inventor, sino desde la curiosidad del aprendiz.
Esa escucha constante nos permite adaptar programas, mejorar materiales y evolucionar la marca sin perder autenticidad. Y esa es la razón por la que Academia de Inventores evoluciona cada año sin dejar de ser fiel a su esencia.
Después de este reconocimiento, ¿cómo imagináis la evolución de la marca Academia de Inventores en los próximos años? ¿Qué papel jugará la experiencia de usuario en ese crecimiento y consolidación?
Ahora entramos en una fase de expansión constante y consciente. Queremos crecer, sí, pero sin perder NADA. Nuestra visión es consolidarnos como el referente internacional en educación STEAM, y hacerlo desde Aragón, demostrando que se puede innovar desde el territorio.
La experiencia de usuario será el eje de todo. Queremos que, dentro de diez años, alguien diga: “Yo pasé por la Academia de Inventores, y allí descubrí lo que quería ser”. Esa será nuestra verdadera métrica de éxito.
¿Cuál dirías que fue el punto de inflexión que marcó un antes y un después en la trayectoria de Academia de Inventores como marca?
Nuestro gran punto de inflexión llegó el día que decidimos expandirnos a Madrid y para promocionarlo, participamos en Got Talent España. Podría señalarse un instante concreto: el día en que activamos el “Ristificador”. Recuerdo perfectamente ese momento: llevamos a un grupo de nuestros alumnos de 6 y 9 años al plató del programa con varias ideas locas y entre ellas, un dispositivo que lanzaba metros y metros de papel higiénico al jurado a la cara.
Cuando el papel voló y alcanzó la cara de Risto Mejide,vimos en la cara del público que aquello no era un simple acto de entretenimiento, sino la demostración de que los más pequeños de la mano de la ciencia y la tecnología tienen mucho que decir en el mundo.
Ese fue el punto de inflexión. La marca dejó de ser “una academia más” y se convirtió en símbolo de que la creatividad es un activo real, que la educación tecnológica puede ser espectáculo, industria y proyección internacional.
¿Qué ha significado para vuestro equipo recibir el Premio Marca Aragón Revelación junto a referentes como Podoactiva y ARPA?
Ha sido un honor inmenso. Y lo mejor es que al acabar la jornada, ya nos habían abierto las puertas a sus empresas para llevar a nuestros alumnos a descubrir los proyectos que se están inventando en Aragón.
Para el equipo ha sido gasolina emocional. Llevamos años construyendo algo con mucha pasión, y este premio nos recuerda que vale la pena hacerlo con alma. Nos sentimos parte de una generación de marcas que no solo venden productos, sino que aportan sentido y futuro al territorio.
¿Qué mensaje mandarías a otras marcas emergentes aragonesas que sueñan con crecer como lo ha hecho Academia de Inventores?
Les diría que crean en su historia. Que no intenten parecerse a nadie, porque la autenticidad es el único camino sostenible. Las marcas que dejan huella no son las que gritan más fuerte, sino las que hablan con verdad.
En Aragón tenemos algo muy poderoso: raíces, talento y humildad. Si a eso le sumas propósito y trabajo constante, el reconocimiento llega solo. El secreto no está en inventar un producto, sino en inventar una forma de inspirar a los demás.