Economía del civismo: cuánto le cuesta a Zaragoza limpiar lo que no se debería ensuciar
Zaragoza es una ciudad que vive un momento de crecimiento, aunque su estructura y su red de servicios permite a sus ciudadanos desplazarse de un lugar a otro en poco menos de 15 minutos. Su urbanismo, sus barrios, sus parques, y sus espacios públicos hacen de ella un entorno ideal para la convivencia.
Sin embargo, el uso compartido de estos espacios también genera fricciones cuando los comportamientos individuales no respetan
lo común. Así, es habitual ver residuos fuera del contenedor, mobiliario urbano dañado o colillas en el suelo.
Ante esta situación, el Ayuntamiento realiza un gran esfuerzo en recursos e inversión, de 65 millones de euros, en concreto, para mantener limpia y cuidada la ciudad.
Ese presupuesto sostiene una red de servicios que mantiene parques, calles y mobiliario urbano en funcionamiento y en buen estado. Pero la ecuación no se cierra sin la otra variable: la ciudadanía.
EL GASTO ESTRUCTURAL DEL INCIVISMO
La reflexión económica es sencilla: cada acto incívico tiene un coste. Una colilla barrida, una fachada orinada, una papelera ignorada… Gestos que parecen insignificantes cuando se miran de uno en uno, pero que, multiplicados por miles, se convierten en un gasto estructural.
Dentro de la suma total que el Ayuntamiento invierte en mantener Zaragoza limpia, tres millones de euros se destinan anualmente a limpiar o reparar daños de actos vandálicos en la ciudad.
Según datos municipales, solo la retirada de chicles pegados en el suelo cuesta 250.000 euros anuales. Y resulta ser una práctica frecuente: los operarios de FCC retiran cada día una media de 1.400 chicles (más de 400.000 al año). A ello hay que sumar la limpieza de grafitis o de excrementos de perros, además de lo que cuesta sustituir mobiliario urbano que ha sido dañado.
En este sentido, los operarios de limpieza recogen diariamente (de lunes a viernes) alrededor de 298 heces de perro de las calles de Zaragoza (85.824 excrementos anuales).
SANCIONES Y MULTAS
En esta cruzada municipal por transmitir y solicitar civismo al ciudadano, las sanciones y multas son armas totalmente lícitas. Y es que si el mensaje no cala, quizás sí se consiga vencer al incivismo a través del bolsillo.
Así, desde el Ayuntamiento se recuerda que las sanciones por incumplir la nueva normativa de limpieza viaria alcanzan los 3.000 euros. Esa la cuantía de las multas que se pueden poner por conductas como dejar bolsas fuera del contenedor o arrojar desechos a la vía pública.
La norma, endurecida desde el pasado mes de junio, añade además nuevas prohibiciones vinculadas al abandono de excrementos caninos y a la limpieza de orines en aceras y fachadas.
Esto no es solo un aviso y las sanciones se imponen. De hecho, la Policía Local refuerza esa estrategia y así lo demuestran los datos. En el último ejercicio se han impuesto más de 800 sanciones por infracciones de la ordenanza, entre la anterior y la vigente.
EL PAPEL DE FCC
Para hacer frente a esta situación y mantener las calles limpias, FCC, responsable de la limpieza viaria y el baldeo de la ciudad ha escalado turnos y rutas para atacar manchas persistentes, grafitis, chicles y orines con equipos de alta presión y productos específicos compatibles con el pavimento.
Las hidrolimpiadoras trabajan en horarios de menor tránsito y las brigadas a pie rematan la suciedad incrustada en bordillos, papeleras y paradas del transporte público. El objetivo: elevar el umbral de limpieza y mantenerlo con rutinas más densas en puntos críticos.

