Zaragoza para 'millennials': quedar en los cañones de El Corte Inglés y sin teléfono móvil
Los cañones de la glorieta de Sasera son un punto mítico para quedar en Zaragoza. Antes, se hacía sin la comodidad que supone llevar un móvil en el bolsillo para avisar de retrasos o de cancelaciones.
¿Quién no ha quedado alguna vez en los cañones de El Corte Inglés de Sagasta? No hace tanto tiempo, en una Zaragoza en la que no existían teléfonos móviles, los zaragozanos buscaban puntos de encuentro para quedar con los amigos, con la familia o con la cita del momento.
Y se buscaban puntos icónicos para quedar. La puerta del Mc'Donalds que existía entonces en la plaza de España, las escaleras de la Diputación Provincial, la puerta del Caracol, las escaleras del Paraninfo... Pero entre todas ellas, sin duda el sitio predilecto y donde más gente quedaba eran los cañones de El Corte Inglés.
Allí quedaba desde adolescentes para salir a tomar una hamburguesa o a los recreativos, a jóvenes que después saldrían por el Royo o por la Zona. Tampoco faltaban adultos que quedaban para ir de compras por la zona del Paseo de las Damas, para pasear, o para cenar, sin olvidarnos de las parejas y de las primeras citas que allí se forjaron.
LOS CAÑONES, UN LUGAR MÍTICO PARA QUEDAR
Es cierto que todavía queda mucha gente en la puerta de El Corte Inglés. Pero no es el ambiente de antes. En parte, porque entonces no había teléfonos móviles. Quedabas a una hora determinada, y la gente iba llegando al punto de encuentro. Y en general, no te movías de allí hasta que no estaban todos los convocados, porque al no existir los móviles, luego era mucho más complicado encontrarte.
Precisamente, al no existir móviles, quedar en los cañones también tenía sus riesgos. Si te habías confundido de hora, o si le había surgido algo de repente a la otra persona y no te había podido avisar con tiempo, podías estar esperando allí sin que al final llegara nadie. O llegar, y que ya se hubieran ido sin ti, lo que te llevaba a ir a buscar a tus amigos a los bares o lugares que solían recorrer.
Hoy, esos problemas del primer mundo no existen ¿Que voy a llegar tarde? Envío un WhatsApp. ¿Que me ha surgido algo y no voy a poder acudir? Otro WhatsApp que recibe el destinatario aunque esté de camino...
¿QUÉ HACEN UNOS CAÑONES EN LA GLORIETA DE SASERA?
La pregunta es si esos miles de zaragozanos de varias generaciones que tienen a los cañones como punto de encuentro saben el motivo por que el que están instalados en esta céntrica plaza zaragozana. Y como no podía ser de otra manera, estas piezas de artillería recuerdan a Los Sitios de Zaragoza.
Tras la retirada de la tropas francesas al finalizar el primero de los Sitios, las autoridades que gobernaban la ciudad, con el general Palafox a la cabeza, sabían que los ejércitos de Napoleón volverían a intentar conquistar la ciudad de nuevo. Así que a finales de 1808, el ingeniero militar Antonio Sangenís estuvo reforzando las defensas de la ciudad para hacer frente al ataque que debía llegar.
Uno de esos lugares que se decidió reforzar fue el lugar que hoy ocupa la glorieta de Sasera. Este lugar quedaba al otro lado del Huerva, el río cuyo cauce discurre en la actualidad oculto bajo Gran Vía, plaza Paraíso y Paseo de la Constitución. Por esa zona, había una pasarela para atravesar el río a la altura del actual Paraninfo, y por eso, era un punto clave dentro de las defensas de la zona sur de la capital.
Para defender el enclave, conocido como Reducto del Pilar, se excavaron trincheras, se levantó una muralla, y se instalaron ocho cañones para hacer frente a la llegada de las tropas francesas. Al principio, los 400 soldados y voluntarios aragoneses resistieron el ataque de las tropas comandadas por el mariscal Lannes.
Pero al final, tras varias semanas de asedio, tuvieron que abandonar la posición, no sin antes volar el reducto del Pilar. Pese a que el lugar fue volado, los dos cañones que podemos ver en la actualidad en la glorieta de Sasera resistieron. Tras el final de los Sitios, fueron llevados al Palacio de la Aljafería, que por entonces alojaba un cuartel militar.
En 1909, los dos cañones (que por cierto, tienen nombre, y se llaman Tigre y Rayo), fueron trasladados a la Glorieta de Sasera junto a un obelisco obra del arquitecto Ricardo Magdalena para recordar al Reducto del Pilar.
El obelisco fue sustituido en 1963 por la escultura en bronce de Federico Amutio, y en la reforma de la plaza de 1981, justo cuando se inauguró El Corte Inglés de Sagasta, el monumento se rodeó con una fuente. Esa reforma mantuvo los cañones, permitiendo así que se convirtieran en punto de encuentro para decenas de miles de zaragozanos de varias generaciones.

