Zaragoza para millennials: Cuando se usaba bonobús para pagar el transporte público

Aunque a los millennials  les parezca increíble, hubo un tiempo en el que los usuarios del autobús urbano de Zaragpza usaban una tarjeta de cartón llamada bonubús para pagar sus viajes.
Los bonobuses desaparecieron en 2006 / Wallapop
Los bonobuses desaparecieron en 2006 / Wallapop

Dicen que uno comienza a hacerse mayor cuando empieza a añorar cosas de antes. Momentos familiares, recuerdos de la ciudad de antes, de libros leídos en la adolescencia, .. Y sin duda, debo estar en ese momento en el que uno empieza a hacerse mayor. El otro día, hablando con unos amigos, estábamos hablando de la Zaragoza de antes, de cuando la plaza del Pilar era verde; de esos tiempos en los que se vendían granos de maíz para dar de comer a las palomas, o de cuando se quedaba en los cañones de la glorieta de El Corte Inglés y todavía no existía el teléfono móvil.  

Una Zaragoza desaparecida que los millennials ni intuyen, pero que fue la Zaragoza del presente de decenas de miles de zaragozanos. En esa Zaragoza analógica y que comenzaba a sentirse moderna, había un elemento que formó parte del día a día de todos aquellos que nos movíamos en autobús: el bonobús. 

EL SISTEMA INNOVADOR PARA MOVERSE EN BUS EN LA ZARAGOZA ANOLÓGICA

En la Zaragoza actual, se puede pagar el bus o el tranvía con la tarjeta bus o incluso con el teléfono móvil gracias a una APP. Pero no hace tanto tiempo, los zaragozanos usábamos una tarjeta de cartón para validar nuestros viajes. Los lectores que peinan canas lo recordarán incluso con algo de nostalgia. Probablemente, no solo los usaron... quizás incluso los coleccionaron, como es mi caso. 

Si eres millennials quizás arquees la ceja si estás leyendo que para subir al autobús (el tranvía costaría todavía estrenarlo) se pagaba con una tarjeta de cartón. Que había que cuidar porque si no, se doblaba y no servía (aunque a veces, estirándolo un poco, conseguíamos validarlo al final). Para evitar que se doblara, había quien lo guardaba en la cartera, aunque la mayor parte de los zaragozanos de la época lo guardaban en unas fundas de plástico. 

Los bonobuses era tarjetas de cartón, rectangulares y que tenían 10 viajes que debían ser validados. Se estrenaron un 15 de febrero de 1983, en medio de la polémica porque el ayuntamiento de la ciudad aprovechó su estreno para subir los precios del servicio público de transportes.

Y funcionó hasta 2006, cuando se puso en marcha la tarjeta Bus, en una Zaragoza que se modernizaba a pasos agigantados de cara a la celebración de la Expo de 2008.

Nunca pensamos aquel 15 de septiembre de ese año, último día del Bonobús, que varias décadas después sentiríamos añoranza al pensar en esta tarjeta de transporte. 

El primer bonobús que se lanzó era azul, luego varió al rojo. Y posteriormente, los bonobuses se llenarían de color gracias a las imágenes que comenzaron a plasmarse en este soporte. Así, a bote pronto, recuerdo los bonobuses con cuadros de Francisco de Goya, o los dedicados a la obra de Pablo Gargallo, al Museo de Tapices de la Seo o los de distintos monumentos de la ciudad. Seguramente, tendré varias decenas de ellos guardados en alguna caja en casas de mis padres, ya que en esa época coleccionaba sellos, y también bonobuses. 

Se compraban en un quiosco que había en la plaza de España, en el lado de la Diputación Provincial. Y las colas para comprarlo, solían ser abundantes. Al subir al autobús, había que validarlo. Y solo servía para hacer un viaje; en caso de hacer trasbordo, había que validarlo de nuevo. 

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