El pueblo de Teruel que todos dicen que se come de '10' y la culpa la tiene Fabiana Arévalo

Declarado Conjunto Histórico, su skyline lo presiden la iglesia de Santa María la Mayor, joya del gótico aragonés, y el castillo-palacio.

Pocos rincones de España han logrado un apodo tan sugerente —la “Toscana española”— y tan merecido como la comarca del Matarraña. Sus colinas de tonos dorados, olivares y cascos históricos pétreos han seducido tanto a viajeros nacionales e internacionales como a cabeceras de referencia.

Entre ellas, National Geographic, que vuelve a fijarse en la provincia de Teruel para trazar una ruta que combina maravillas naturales, hoteles con encanto y una mesa de primer nivel. En su listado de once pueblos “donde comer de lujo” (con opciones para todos los bolsillos), la publicación sitúa Valderrobres en cabeza: un pueblo de cuento que presume de arquitectura medieval, paisaje y una escena gastronómica que no deja de crecer.

Una mesa que mira al territorio

La primera parada de la ruta culinaria propuesta por National Geographic es la capital del Matarraña. Aquí destaca el restaurante Baudilio, dirigido por la chef Fabiana Arévalo, con una cocina de temporada que mima la huerta local y la caza menor.

Su menú Baudilio (49 euros, pan y agua incluidos) se plantea como un recorrido de sabores: aperitivos de bienvenida, mi cuit de foie con remolacha a la vainilla, guiso de sepia al curry negro, lubina sobre all i pebre y judías verdes, magret de pato con semillas y chutney de arándanos y un cierre clásico con “Ensalada Waldorf”. Es la muestra de una tendencia común en el Matarraña: producto cercano, técnica afinada y respeto por la identidad mediterránea.

La oferta en Valderrobres no se agota ahí. Entre las direcciones a tener en cuenta figuran La Caña (C/ San Cristóbal, 6), Bar Pipins (Plaza Autonomía de Aragón, 3), Hotel Restaurante El Salt (C/ Elvira Hidalgo, 14) y Casa Foset (C/ Santiago Hernández Ruiz, 7), donde se despliega una carta más tradicional con guiños a arroces, asados, embutidos y platos de temporada.

Un “pueblo de cuento” coronado por un castillo

Valderrobres es, además, un escaparate monumental. Declarado Conjunto Histórico, su skyline lo presiden la iglesia de Santa María la Mayor, joya del gótico aragonés, y el castillo-palacio, cuya fachada sobria y su mirador ofrecen una de las vistas más reconocibles del Matarraña. La puerta de San Roque y el puente medieval sobre el río Matarraña marcan una entrada escénica al entramado de calles y portales de piedra que invitan a caminar sin prisa, cámara en mano.

Quien busca naturaleza la encuentra a pocos minutos: sendas entre bancales, rutas de senderismo y trekking hacia miradores desde los que, al atardecer, la luz tiñe de ocres el caserío y las lomas. Es la postal que ha cimentado el apodo de “Toscana española”: una armonía de paisaje y piedra que no necesita comparaciones para brillar por sí misma.

Un destino que marida patrimonio y cocina

La combinación de patrimonio, paisaje y gastronomía explica por qué Valderrobres y su entorno aparecen una y otra vez en las listas de “Pueblos más bonitos” y en recomendaciones viajeras. National Geographic desmenuza sus encantos porque aquí el viajero puede ver, probar y volver a un ritmo pausado: mañanas de castillo e iglesia, mediodías de mesa con producto local, y tardes de caminata con final de panorámica.

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