El ejemplo de influencer a empresario: los negocios hosteleros de Takoyaki siguen en racha

Miguel Ángel Ruiz de Conejo abre su segundo Perrazos, el negocio que va más allá de su engagement.
El influencer Takoyaki / Aragón Influye
El influencer Takoyaki / Aragón Influye

Hay historias que empiezan con un móvil, buena luz y ganas de compartir. La de Miguel Ángel Ruiz de Conejo, conocido en redes como Takoyaki, es una de ellas -aunque ha terminado bastante más lejos de donde empezó-.

Este jueves 2 de abril abrió en el Actur su segundo local de Perrazos, la marca de perritos calientes que lanzó en 2024 y que en dos años ha pasado de ser un experimento a convertirse en uno de los proyectos hosteleros más comentados de Zaragoza.

Todo arrancó casi sin quererlo. Takoyaki comenzó a publicar en redes sociales usando su perfil como archivo personal: restaurantes que visitaba, platos que probaba, locales que merecían la pena. Sin estrategia de marca ni equipo detrás, ese contenido fue conectando con cada vez más gente hasta convertirle en uno de los creadores gastronómicos más influyentes de Aragón.

Miles de zaragozanos han elegido dónde cenar un sábado o dónde llevar a sus padres de visita basándose en lo que Takoyaki había publicado esa semana.

Esa influencia tiene un valor que va más allá de los seguidores. Cuando alguien con esa comunidad decide abrir un negocio, no parte de cero: parte con una base de clientes potenciales ya formada, ya fidelizada y ya expectante. Es exactamente lo que ocurrió con el primer Perrazos.

El primer local: colas desde el primer día

En 2024, Takoyaki abrió Perrazos en la calle Serrano Sanz 5, junto a la zona universitaria de Zaragoza. La propuesta era sencilla en concepto pero cuidada en ejecución: perritos calientes diferentes a la oferta habitual de la ciudad, con ingredientes de calidad y una presentación que encajaba perfectamente con el tipo de contenido que su creador llevaba años publicando. El local era pequeño. Las colas, desde el primer día, no.

La acogida confirmó lo que muchos intuían: que la comunidad digital de Takoyaki era real, no solo un número en una pantalla. Gente que había seguido sus recomendaciones durante años quería ahora probar lo que él mismo había creado. Y volvía.

El Actur, siguiente parada

Dos años después, el crecimiento de Perrazos tiene nueva dirección: el Actur. El barrio más poblado de Zaragoza, con más de 50.000 habitantes, es un destino lógico para una marca que ha demostrado tener tirón. Su demografía —familias jóvenes, estudiantes, profesionales— encaja con el perfil del cliente de Perrazos, y su oferta gastronómica, aunque variada, tenía hueco para una propuesta como esta.

El nuevo local ocupará el espacio que antes era una mercería en la calle Ildefonso Manuel Gil 22. La reforma ha corrido a cargo de la misma empresa zaragozana especializada en reformas integrales con la que Takoyaki trabajó en el primer local, y el resultado es un espacio algo más amplio y con una zona de espera mayor —una lección aprendida de los primeros meses en Serrano Sanz, donde las colas desbordaron las previsiones.

El propio creador confirmó la apertura a través de un vídeo en sus redes, el canal natural por el que su comunidad espera sus novedades. Sin notas de prensa, sin campaña de publicidad convencional. Solo él, una cámara y la fecha.

El modelo que funciona

Lo que Takoyaki ha construido en dos años responde a una lógica que cada vez más creadores de contenido están explorando, con resultados desiguales: usar la audiencia digital como palanca para lanzar un negocio físico. No siempre sale bien. En su caso, sí.

La clave probablemente está en la coherencia: Perrazos no es un negocio desconectado de lo que Takoyaki ha hecho siempre. Es la extensión natural de un perfil gastronómico en un local propio. Sus seguidores no sienten que les están vendiendo algo ajeno —sienten que están entrando en el sitio de alguien en quien ya confían.

Dos locales, dos años, dos barrios distintos de Zaragoza. La racha, por ahora, sigue.

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