Dicen que tiene el mejor marisco de Barbastro: "Se come de fábula"
En una comarca famosa por sus viñas y por la Denominación de Origen Somontano, La Esquineta ha encontrado su sello uniendo marisco fresco, arroces y carnes con una bodega atenta al territorio. El resultado es una casa de comidas marinera —en tierra de vinos— que ha ido ganándose al público local y al visitante con una propuesta honesta y bien ejecutada, y con un plus que suma en días templados: una amplia terraza al aire libre y zona de porche que invita a alargar la sobremesa.
Una carta amplia con acento marinero
La Esquineta no oculta su vocación. En la barra, el mostrador y el ritmo de bandejas delatan el protagonismo del producto del mar: calamares a la andaluza, mejillones en salsa, vieiras o pulpo aparecen como fijos en un repertorio que se completa con arroces de fondo sabroso —con el arroz con bogavante como plato estrella— y una selección de carnes para quienes prefieren la tierra firme. La cocina se mueve en el territorio del clasicismo bien entendido: punto exacto, salsas limpias, fritura crujiente, fondos trabajados y raciones generosas.
La fidelidad de la clientela se explica también por el trato cercano y profesional del equipo. El testimonio se repite en las mesas: “No hay muchos restaurantes/marisquerías por esta zona, y menos con esta calidad de producto y cocina”, resume un cliente.
Otro visitante fue más allá tras celebrar allí su aniversario: “Se ve y se huele el buen hacer en la cocina… los calamares a la andaluza fabulosos, los mejillones con su salsa deliciosa, el arroz con bogavante de diez, y los postres la guinda a una comida espectacular. El trato y el servicio, súper profesional, con el restaurante lleno”.
La sensación de casa acogedora se refuerza con nombres propios. “Un lugar con encanto… una ensalada con calamar y langostinos impresionante, vieiras de película, pulpo y calamares deliciosos. Repetiremos porque nos encanta el buen marisco. Ah, tanto Alfonso —su propietario— como sus camareros, gente que vale la pena conocer. ¡Súper recomendable!”, apunta otra reseña.
Mar y viña: el maridaje Somontano
Asentado en el corazón de la D.O. Somontano, el restaurante juega con ventaja a la hora de maridar su propuesta. Los blancos y rosados de la comarca —frescos, aromáticos y con buena acidez— funcionan con frituras, moluscos y crustáceos; los tintos jóvenes de perfil frutal acompañan arroces melosos y guisos marineros; y los crianzas encuentran su sitio junto a cortes de carne. La carta líquida, centrada en etiquetas locales y referencias clásicas, permite viajar de la barra a la viña sin abandonar la mesa.
El espacio exterior es una de las bazas diferenciales de La Esquineta. La terraza y el porche suman comodidad para familias, cuadrillas y celebraciones informales, con servicio ágil y tiempos bien pautados incluso en horas punta. Dentro, el ritmo lo marca la cocina: entradas al centro para compartir, plato principal y postres que merecen quedarse —tartas clásicas, toques cítricos— para coronar el paseo.
Una marisquería con acento pirenaico
La Esquineta ocupa un nicho singular en Barbastro: el de la marisquería de producto en una ciudad más asociada a vinos y cocina de interior. Esa rareza suma cuando se defiende con regularidad y criterio, algo que los comensales destacan con naturalidad. El restaurante ha construido su reputación sin atajos, a base de materia prima, técnica sobria y hospitalidad. Y lo ha hecho, además, ofreciendo una carta amplia que da juego tanto para una comida de diario como para una celebración.
En tiempos de menús efímeros y tendencias fugaces, La Esquineta apuesta por lo que no pasa de moda: buen producto, punto justo y un servicio que mira a los ojos. Si el plan es comer marisco y arroz en Barbastro y brindar con Somontano, aquí hay una dirección que cumple lo prometido.


