La mejor Palmera de Mantequilla de España está en Huesca y su autor es Isidro Tolosana

Un estreno con acento aragonés que confirmó la vigencia —y el tirón popular— de uno de los clásicos indiscutibles de nuestra bollería.

La primera edición del Concurso a la Mejor Palmera de Mantequilla de España ya tiene dueño: Isidro Tolosana, maestro pastelero de Pastelería Tolosana (Almudévar), se impuso este sábado en una final que reunió en la capital oscense a 22 profesionales llegados de Zaragoza, Sevilla, Alicante, Madrid, Tarragona, Huesca, Lugo, Barcelona, Castellón, Valencia y Asturias.

Un estreno con acento aragonés que confirmó la vigencia —y el tirón popular— de uno de los clásicos indiscutibles de nuestra bollería.

La cata y valoración de las piezas comenzó a las 10.30 en el patio exterior del Palacio Villahermosa, convertida por unas horas en obrador al aire libre. El jurado —formado por Jacob Torreblanca, Xabi Barriga, Saray Ruiz, Toni Vera y Jairo Vincelle— realizó una degustación “a ciegas”, puntuando calidad de la masa, textura, laminado, horneado y sabor, con especial atención al equilibrio entre hojaldrado y mantequilla, la regularidad de la forma y el punto de caramelización del azúcar.

El veredicto se desveló a las 14.00 en un acto presentado por Miguel Martín en la plaza Luis López Allué, dentro de la programación de la feria “Huesca es Dulce”. La alcaldesa de Huesca, Lorena Orduna, y Luis Villamayor (Harineras Villamayor) entregaron el galardón —una pieza diseñada para la ocasión— junto a un premio de 1.500 euros, patrocinado por la propia harinera.

Un clásico que exige precisión

Más allá del brillo del premio, la final dejó una lección de técnica. La palmera de mantequilla parece sencilla, pero no admite atajos: masa bien trabajada, mantequilla de calidad, pliegues regulares, reposos precisos y un horneado que caramelice sin endurecer. La textura crujiente de las capas, la miga tierna en el corazón y el rastro lácteo que deja la mantequilla marcaron la diferencia entre las candidatas.

Se trataba de encontrar una palmera honesta y perfecta en ejecución”, resumían desde la organización. En esa “perfección” pesaron el equilibrio (ni excesivamente azucarada ni grasa), la uniformidad del hojaldre y esa mordida que rompe en capas finas antes de fundirse.

Huesca, escaparate dulce

El concurso ha querido reconocer el oficio de pasteleros y panaderos artesanos, visibilizar su creatividad y cuidado del proceso y reivindicar la palmera como producto identitario de la bollería española. La elección de Huesca, con una tradición repostera envidiable, y su integración en “Huesca es Dulce”, reforzaron ese mensaje: calle, público y oficio compartiendo escenario.

La respuesta de profesionales y público sugiere continuidad. Para los participantes, el formato “a ciegas” y la calidad del jurado aportan credibilidad; para la ciudad, el evento suma un reclamo más a un calendario gastronómico que crece año a año.

Un premio con denominación de origen aragonesa

El triunfo de Isidro Tolosana tiene también lectura de territorio. Pastelería Tolosana —conocida por especialidades como la trenza de Almudévar— añade una distinción nacional que vuelve a situar a Aragón en el mapa dulce. El patrocinio de Harineras Villamayor y el respaldo institucional rematan un círculo virtuoso: insumo local, talento artesano y evento que proyecta imagen de calidad.

La organización adelantó que el concurso nace con vocación de continuidad y recorrerá más ciudades para consolidar un ranking de excelencia pastelera. Si el listón del debut sirve de referencia, la palmera de mantequilla acaba de encontrar su pasarela anual.

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