Los aragoneses que exploraron América hace 500 años: del cañón de Colorado a la imperial Tenochtitlan

Los casos de estos aragoneses demuestran que, aunque Aragón careciera de puerto, no le faltaron hombres dispuestos a cruzar el océano en busca de aventura, evangelización o poder.

La historia de la exploración de América suele escribirse en clave castellana o andaluza, con nombres como Hernán Cortés, Francisco Pizarro o Núñez de Balboa en el centro del relato. Pero hay una página menos conocida que lleva la firma de varios aragoneses que, desde las primeras décadas tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, cruzaron el Atlántico para conquistar, explorar o evangelizar.

Según el último podcast del programa Historia de Aragón, emitido en Aragón Radio y que lidera el historiador Sergio Martínez, se detalla a figuras como Francisco Garcés, Pedro Porter y Casanate o Melchor de Alavés por sus hazañas explorando Ámerica y que rivalizan en ambición y trascendencia con las de los grandes protagonistas castellanos del mismo periodo.

Francisco Garcés: el explorador de los desiertos de América

Nacido en Morata de Jalón en 1738, Francisco Tomás Hermenegildo Garcés Maestro representa una de las figuras más destacadas de la evangelización del norte de América en el siglo XVIII. Su vida en resume bien la vocación misionera, la pasión exploradora y el arrojo físico de muchos religiosos españoles enviados al continente americano.

Franciscano de vocación temprana, Garcés renunció a una cómoda vida eclesiástica en su Aragón natal para marchar a Nueva España, donde recibió la difícil misión de dirigir la Misión de San Javier del Bac, en el actual estado de Arizona. No era un destino cualquiera: los jesuitas lo llamaban "el noviciado" por lo difícil que era resistir allí más de un año. Sin embargo, Garcés convirtió esa plaza peligrosa en su base de operaciones para explorar territorios completamente desconocidos.

Entre 1768 y 1781, recorrió lo que hoy son los estados de Sonora, Arizona, California, Nevada y Nuevo México, estableciendo contacto con numerosas tribus indígenas, aprendiendo sus lenguas y documentando sus costumbres, según quedan recogido en las anotaciones y cuadernos del misionero. Fue el primer europeo en visitar lo que hoy es Tuba City (Arizona) y el descubridor del paso terrestre entre Sonora y California, una ruta vital para la expansión española, tal y cómo relatan en el podcast citado de Aragón Radio.

A diferencia de muchos colonos, Garcés apostó siempre por el diálogo y el entendimiento con los pueblos indígenas. Ese espíritu pacificador no fue suficiente para salvarle la vida. Murió en 1781, apaleado hasta la muerte durante una revuelta de los yumas, que se alzaron en armas ante lo que consideraban promesas incumplidas por parte de los misioneros y soldados.

Su legado, más que olvidado en Aragón, aún sobrevive disperso en algún nombre de calles americanas, un instituto en Bakersfield, una avenida en Las Vegas con el nombre de 'Garces Ave' o un parque nacional en Arizona.

Pedro Porter y Casanate: el marino aragonés que quiso cartografiar la Baja California

Otro nombre propio de la exploración aragonesa en América es el de Pedro Porter y Casanate, nacido en Zaragoza en 1611. En una época en la que Aragón era tierra de interior y las gestas navales parecían reservadas a los marinos andaluces, Porter fue un destacado almirante de la Mar del Sur y gobernador de Chile, y participó en expediciones que lo llevaron desde el Caribe hasta la Patagonia, según relatan en el blog de historia todoavante y en el podcast Historia de Aragón de Aragón Radio.

Formado en la Casa de Contratación de Sevilla, su obsesión fue la exploración de la península de Baja California, por entonces aún desconocida y que muchos creían una isla. Su objetivo era establecer una base naval que protegiera el Galeón de Manila, el crucial vínculo entre América y Asia.

Entre 1647 y 1649 lideró dos expediciones autofinanciadas en las que buscó puertos naturales, interactuó con pueblos indígenas y elaboró detallados informes para la Corona. Aunque no obtuvo los resultados esperados, sus exploraciones aportaron conocimiento fundamental sobre la costa del Pacífico norteamericano.

Pese a su esfuerzo, el proyecto no prosperó. Decepcionado, acabó su carrera como gobernador de Sinaloa y después de Chile, donde murió en 1662. Su historia, rescatada en parte por novelas como la de José Garrido, demuestra que también desde Aragón se pensó y se luchó por el dominio del mar y la expansión imperial.

Melchor de Alavés: un turolense en la conquista de México

Si hablamos de exploración temprana, no puede faltar Melchor de Alavés, natural de Teruel, cuya participación en la conquista de México junto a Hernán Cortés ha pasado prácticamente desapercibida hasta hace muy poco, según detallan en el podcast citado de Historia de Aragón. 

Su nombre aparece en los archivos del Archivo General de Indias, donde consta su partida hacia las Indias el 16 de marzo de 1517, y en listados de conquistadores recogidos décadas después.

Melchor de Alavés formó parte de la expedición que, en 1519, desembarcó en la costa del actual Veracruz y se adentró en el corazón del Imperio mexica. En lugar de regresar a Cuba, Cortés inutilizó sus barcos para forzar el avance hacia Tenochtitlan, capital azteca. Alavés no solo sobrevivió al épico viaje y a las batallas posteriores, sino que fue ascendiendo en el escalafón militar hasta ser nombrado capitán.

Su huella se mantuvo en México, donde se convirtió en encomendero en Oaxaca. Uno de sus descendientes fundó allí una de las primeras bibliotecas de América. Hugh Thomas, en su monumental historia de la conquista, ya lo identificó como posible aragonés. Investigaciones posteriores han confirmado su origen turolense y su papel protagonista en una de las campañas más decisivas del siglo XVI.

Aragón, tierra de exploradores olvidados

Los casos de Garcés, Porter y Alavés demuestran que, aunque Aragón careciera de puerto, no le faltaron hombres dispuestos a cruzar el océano en busca de aventura, evangelización o poder. Muchos otros aragoneses se sumaron a expediciones menores, participaron como soldados, traductores o religiosos, y sus nombres se pierden hoy en las páginas de documentos apenas consultados.

La mayoría no regresó. Algunos se quedaron en América, otros murieron en ella. Pero su huella permanece: en mapas, en crónicas, en archivos dispersos o en nombres de pueblos, avenidas y misiones al otro lado del Atlántico.

A menudo, la historia de la conquista de América se cuenta con una mirada simplista y polarizada: como un relato de héroes o villanos. Pero los aragoneses que formaron parte de esta epopeya histórica lo hicieron movidos por motivaciones complejas: fe, ambición, curiosidad, deber o supervivencia.

Francisco Garcés, con su talante conciliador, Pedro Porter, con su afán cartográfico, y Melchor de Alavés, con su discreta pero firme participación en una de las campañas más decisivas de la historia, muestran la pluralidad de perfiles que tejieron el entramado de la América hispana. Sin embargo, su memoria no tiene hueco en su tierra natal. 

Hoy, su memoria apenas se reivindica en su tierra natal. Y como apuntó el historiador José María Bardavío, en su libro California empieza en Aragón, sobre la vida de Francisco Garcés, “un aragonés descubrió los Estados Unidos mejor que los propios norteamericanos”. Falta hace que esto no se olvide, e incluso se reivindique.

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