El día que Barbastro fue musulmán y su reconquista provocó la Cruzada a Jerusalén
Se cree que en tiempos antiguos ya existía una entidad territorial denominada terra Barbotana, posiblemente vinculada a una pequeña ciudad romana ubicada en la actual Coscojuela de Fantova, donde se halló una inscripción dedicada a Publio Emilio Ducto con el prefijo "BARB". Esta indicación territorial pudo ser la base para que, siglos más tarde, los musulmanes fundaran en el siglo IX una nueva ciudad a la que llamarían Barbastro, capital del distrito conocido como Barbitaniya.
Barbastro nació con una clara vocación defensiva. Era un enclave estratégico que servía como baluarte contra los reinos cristianos del norte y cuya posición era clave para el control de las rutas que conectaban el valle del Ebro con el Pirineo. Junto a los castillos de Alquézar y Boltaña, formaba una línea de defensa fundamental para los poderes andalusíes.
El origen de esta tensión hay que buscarlo en el año 711, cuando Al-Tariq desembarcó en Gibraltar con un ejército bereber. En pocos años, los musulmanes conquistaron buena parte de la península Ibérica, incluida Zaragoza, en el año 714.
A pesar de su dominio territorial, los musulmanes eran una minoría en un mar de población hispano-visigoda, lo que facilitó que muchas conquistas se realizaran mediante pactos y capitulaciones. El cristianismo no fue perseguido, y muchos cristianos, llamados mozárabes, continuaron practicando su fe a cambio de tributos.
En las montañas del norte, el control musulmán era menos efectivo. Allí, las antiguas aristocracias locales conservaron su poder y acabaron conformando los condados pirenaicos, germen de futuros reinos cristianos como Aragón. En ese contexto, Barbastro se convirtió en un obstáculo constante para la expansión cristiana.
Durante el siglo VIII y comienzos del IX, se sucedieron diversos señores musulmanes en la región. Uno de los personajes más destacados fue Buhlul ibn Marzuq, que se rebeló contra el emir de Córdoba desde Huesca. Tras una serie de alianzas y traiciones, murió en 802, cerca de Barbastro, en un lugar que pasó a llamarse El Algar de Buhlul. Su muerte marcó el ascenso de Jalaf ibn Rásid ibn Asad, quien consolidó su poder en la Barbitaniya durante seis décadas.
Jalaf fue una figura crucial: hizo de Barbastro su capital, construyó en Alquézar y se erigió en una autoridad judicial que actuó incluso en casos de apostasía. Muró en torno al año 860 y fue enterrado en el cementerio de la Peña de los Cuervos. Algunos historiadores lo consideran el fundador de Barbastro.
A Jalaf le sucedió su hijo Abd Allah, cuya descendencia se entrelazó con la poderosa familia de los Banu Qasi mediante el matrimonio de su hija Sayyida. Sin embargo, esta alianza acabó en traición: en 880, Ismail ibn Musa, yerno de Abd Allah, capturó y ejecutó a toda la familia de su esposa, tomando el control de la Barbitaniya.
En los años siguientes, los Banu Qasi y los Amrus-Sabrit se alternaron en el dominio de Barbastro. Muhammad ibn al-Malik al-Tawil, descendiente de los Banu Sabrit, recuperó la ciudad en 889. Este gobernante estuvo profundamente vinculado con el reino de Aragón por su matrimonio con una hija del conde Aznar Galindo II. Sus hijos, nietos y sobrinos continuaron protagonizando una compleja sucesión de enfrentamientos, traiciones, pactos matrimoniales y conspiraciones que reflejan la inestabilidad política de la región.
El último gran episodio andalusí en Barbastro se produjo con la llamada Cruzada de 1063. Esta campaña, auspiciada por el papa Alejandro II, reunió a un amplio ejército internacional compuesto por fuerzas francesas, borgoñonas, italonormandas y tropas locales de los reinos de Aragón, Urgel y Barcelona. El objetivo era conquistar Barbastro, que entonces formaba parte de la taifa de Lérida.
La ciudad, debilitada y sin refuerzos, fue sitiada y tomada por los cruzados, quienes perpetraron una matanza que, según algunas fuentes, alcanzó los 50.000 muertos. Aunque la cifra es probablemente exagerada, lo cierto es que la toma de Barbastro marcó un antes y un después. A pesar de que la ciudad fue retomada por los musulmanes poco después, este episodio anticipó lo que serían las futuras cruzadas internacionales para que los cristianos conquistaran Jerusalén de los musulmanes.
Finalmente, en 1100, Pedro I de Aragón conquistó de forma definitiva Barbastro, integrándola en el reino aragonés. Desde entonces, la ciudad comenzó una nueva etapa bajo dominio cristiano, aunque su pasado andalusí seguiría latiendo en sus calles, nombres y tradiciones durante siglos.
Barbastro, ciudad de frontera y de memoria, conserva en su historia las huellas de un tiempo en que fue el corazón de la Barbitaniya, y de los muchos hombres y mujeres que, cristianos, musulmanes o judíos, hicieron de ella un lugar tan estratégico como fascinante.



