El sacerdote aragonés que descubrió el larimar, la piedra preciosa símbolo de República Dominicana
Miguel Fuertes, sacerdote nacido en Daroca, descubrió el larimar, hoy símbolo de República Dominicana. Un siglo después, su familia busca que Aragón reconozca la historia de este científico autodidacta.
La historia de Miguel Fuertes Lorén, nacido en Daroca (Zaragoza) en 1871, es la de un personaje poco conocido en España pero con un legado sorprendente al otro lado del Atlántico. Sacerdote de formación, botánico y geólogo autodidacta, su nombre está ligado al descubrimiento del larimar, una piedra azul que hoy se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de República Dominicana.
Un siglo después de su fallecimiento, ocurrido en 1926, sus descendientes en España tratan de recuperar la memoria de este aragonés cuya figura ha tenido más reconocimiento en el Caribe que en su propia tierra natal.
El descubrimiento de una piedra única
El hallazgo más conocido de Miguel Fuertes fue el larimar, una piedra de tonalidades azules que oscilan entre el color del cielo y el aguamarina. Actualmente es conocida como la piedra preciosa dominicana y constituye uno de los emblemas naturales del país.
Fuertes documentó su existencia en 1916, cuando identificó este mineral durante sus exploraciones geológicas. Sin embargo, en aquel momento el descubrimiento no generó una gran repercusión científica ni económica. Los geólogos de la época lo consideraron simplemente un mineral curioso, “nuevo y bonito”, sin prever el valor que alcanzaría décadas más tarde.
No fue hasta los años setenta del siglo XX cuando el larimar fue redescubierto y comenzó a utilizarse como piedra preciosa en joyería. Desde entonces se ha convertido en un importante recurso económico y turístico para República Dominicana, donde su extracción y comercialización tienen una gran relevancia.
Un científico autodidacta
Uno de los aspectos más llamativos de la trayectoria de Miguel Fuertes es que no contaba con estudios oficiales en botánica ni en geología. Su formación era la habitual de un religioso, pero su curiosidad y su interés por la naturaleza le llevaron a formarse de manera autodidacta.
Según explican sus familiares, su interés por la botánica pudo comenzar en su infancia en Daroca. Su padre trabajaba como capataz en una finca llamada El Pilar o El Campillo, donde existía un jardín botánico con especies exóticas. Aquel entorno despertó en él una curiosidad que marcaría el resto de su vida.
Su espíritu inquieto le llevó a viajar y a vivir en hasta seis países durante nueve años, hasta que finalmente se estableció en República Dominicana, donde desarrolló la mayor parte de su actividad científica.
Durante su estancia en el Caribe entró en contacto con algunos de los botánicos y geólogos más destacados de la época, lo que contribuyó a ampliar sus conocimientos y a impulsar sus investigaciones.
Más de 2.000 especies catalogadas
El trabajo científico de Fuertes no se limitó al descubrimiento del larimar. Una de sus principales aportaciones fue la elaboración de herbarios con miles de especies vegetales.
Llegó a catalogar más de 2.000 especies, en un momento en el que buena parte de la flora del Caribe todavía estaba por estudiar. Sus colecciones botánicas terminaron distribuyéndose en museos y jardines botánicos de todo el mundo, incluidos centros científicos de ciudades como Chicago o Viena.
Además de su labor botánica, también participó en exploraciones geológicas y petrolíferas, llegando a localizar pozos de petróleo y otros yacimientos minerales.
Su influencia en la República Dominicana
La figura de Miguel Fuertes alcanzó una gran relevancia en la República Dominicana de comienzos del siglo XX. Sus investigaciones y sus proyectos contribuyeron a impulsar diversos avances en el país.
Entre otras iniciativas, colaboró en la introducción de sistemas de generación eléctrica en los ingenios azucareros de la provincia de Barahona, en el suroeste del país, donde residió durante años.
Su actividad científica y técnica le permitió además relacionarse con figuras destacadas de la vida política y económica dominicana de la época.
Un reconocimiento mayor en el Caribe que en Aragón
En República Dominicana su legado sigue presente. En la Sierra de Bahoruco, cerca de la zona donde vivió, existe un monumento natural que lleva su nombre, un conjunto montañoso dedicado a recordar su contribución científica.
Sin embargo, en su localidad natal, Daroca, su figura ha tenido una difusión mucho más limitada. El principal homenaje tuvo lugar en 1989, cuando se dedicó una plaza en su honor dentro de un proyecto cultural vinculado al quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América.
Con el paso del tiempo, ese reconocimiento fue perdiendo visibilidad y su historia volvió a quedar prácticamente olvidada.
La familia busca recuperar su memoria
Ahora, cien años después de su muerte, sus descendientes quieren rescatar su figura del olvido. Entre sus propuestas está recuperar la placa conmemorativa dedicada a Fuertes, actualmente guardada en un almacén, y promover iniciativas educativas para que su historia pueda estudiarse en los centros educativos.
El objetivo no es tanto reivindicar un legado económico —Fuertes no dejó grandes riquezas a su familia— como dar a conocer la trayectoria de un aragonés que contribuyó al conocimiento científico del Caribe.
Aunque su propio sobrino nieto reconoce que no fue una figura del nivel de grandes científicos como Santiago Ramón y Cajal, considera que su historia y sus descubrimientos merecen un mayor reconocimiento.

