El "Escuadrón de Dios" de Trump deja sin protección a la ballena de la que quedan 51 ejemplares
Una comisión de la administración Trump ha votado por unanimidad eliminar las protecciones medioambientales que blindaban las actividades de petróleo y gas en el Golfo de México frente a la Ley de Especies en Peligro de Extinción. La decisión, adoptada en marzo de 2026, pone en el punto de mira a la ballena de Rice, un cetáceo del que apenas sobreviven 51 ejemplares en estado salvaje y cuya desaparición definitiva podría acelerarse de forma irreversible.
Qué es el "Escuadrón de Dios" y qué poder tiene
El nombre no es oficial, pero sí muy revelador. El comité que ha tomado esta decisión recibe ese apodo precisamente porque sus resoluciones pueden determinar el futuro —y la extinción— de especies animales concretas. Integrado por representantes del Departamento de Comercio y de la NOAA, entre otros organismos federales, el grupo se reunió a petición del secretario de Defensa de Estados Unidos y deliberó sobre si las actividades de extracción energética en el Golfo debían quedar exentas de cumplir la normativa que protege a los animales más vulnerables del país.
La Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés) fue promulgada en 1973 con un objetivo claro: proteger a las plantas y animales más amenazados de Estados Unidos. En cinco décadas de historia, el comité solo se ha reunido en tres ocasiones. Hasta ahora, solo se había concedido una exención. La votación de marzo supone, de hecho, un hito sin precedentes recientes, y muchos juristas ya cuestionan abiertamente su legalidad.
La ballena de Rice, al borde del abismo
De todas las especies afectadas, la ballena de Rice es la que concentra la mayor alarma. Endémica del Golfo de México —no vive en ningún otro lugar del planeta—, este cetáceo cuenta con una población tan reducida que la pérdida de un solo ejemplar compromete la viabilidad reproductiva del grupo. Cincuenta y un individuos. Eso es todo lo que queda.
La decisión del comité elimina, entre otras medidas, la obligatoriedad de reducir la velocidad de los buques en determinadas zonas del golfo. Una norma que, aunque pueda parecer menor, cumplía una función protectora directa: evitar las colisiones fatales entre embarcaciones y cetáceos, una de las principales causas de muerte de estas ballenas.
Grupos ecologistas y científicos recuerdan que el precedente más devastador para esta especie ocurrió en 2010, cuando el accidente de la plataforma Deepwater Horizon vertió más de 200 millones de galones de crudo en el golfo. Aquel desastre cubrió aproximadamente la mitad del hábitat de la ballena de Rice y redujo su población en torno a un 22%. La especie nunca ha llegado a recuperarse del todo.
La justificación del Gobierno: seguridad nacional y energía
La administración Trump ha enmarcado la decisión en términos de seguridad nacional. Los defensores de la medida argumentaron que "necesitamos un suministro constante y asequible de energía propia" y que la cuestión va más allá del precio de la gasolina: se trata, según explicaron, de garantizar el abastecimiento energético de las fuerzas armadas estadounidenses.
Lo que no han explicado con la misma claridad es que, a día de hoy, la extracción de hidrocarburos en la zona no resulta rentable desde un punto de vista estrictamente económico. La petición de exención, además, se habría formulado antes del inicio de las tensiones con Irán, según fuentes consultadas, lo que apuntaría a que la motivación geopolítica llevaba tiempo gestándose.
El Instituto Americano del Petróleo, por su parte, defiende que la industria energética tiene un "importante historial de protección a la vida marina" y aboga por encontrar "el equilibrio adecuado entre protecciones razonables, basadas en la ciencia, y la satisfacción de la demanda energética". Una postura que las organizaciones conservacionistas rechazan de plano, aduciendo que ese equilibrio nunca se ha conseguido cuando está en juego la supervivencia de una especie críticamente amenazada.
Demandas en camino y condicionantes desde México
Frente a la decisión, diversas organizaciones ecologistas y grupos de científicos han anunciado su intención de interponer demandas judiciales. El argumento central es que la votación podría ser ilegal: los propios organismos ambientales consultados antes de la reunión del comité tenían vínculos directos con el grupo decisor, lo que, según los críticos, invalida el proceso.
Desde el lado mexicano, varias organizaciones federales han propuesto condicionantes a las empresas petroleras y gaseras que operan en la zona compartida del golfo. Entre las medidas planteadas figuran la prohibición de arrojar residuos al mar y la suspensión del uso de tecnología acústica de alta intensidad —sonar, explosiones sísmicas— cuando se detecte la presencia de ballenas en las inmediaciones. Unas medidas que, ahora, pierden parte de su sentido si el marco normativo estadounidense deja de respaldarlas.
La ballena de Rice lleva décadas al límite. Con solo 51 ejemplares, cualquier perturbación adicional en su hábitat puede resultar letal para la especie en su conjunto. Los próximos meses, con las demandas judiciales en curso y la presión internacional creciendo, decidirán si la exención se mantiene o si los tribunales devuelven a este cetáceo la protección que acaban de arrebatarle.