El Niño podría llegar este verano con fuerza: qué impacto tendrá en Aragón y sus temperaturas

Los modelos de la agencia meteorológica estadounidense apuntan a un fenómeno intenso que podría alterar las lluvias y temperaturas en toda la península hasta 2027

La agencia meteorológica y oceánica de Estados Unidos, la NOAA, ha actualizado sus previsiones sobre el fenómeno climático conocido como El Niño y el panorama que dibuja para los próximos meses es de atención. Según sus últimos modelos, hay un 82% de probabilidades de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio de 2026, y un 96% de que se prolongue durante todo el invierno del hemisferio norte, hasta febrero de 2027. Para Aragón, una comunidad que ya lleva años acusando la irregularidad de las precipitaciones y las olas de calor, la noticia merece seguimiento.

Qué es El Niño y por qué le afecta a Aragón

El Niño es un fenómeno climático que se origina en el Océano Pacífico ecuatorial cuando las temperaturas de la superficie del agua suben por encima de lo normal de forma sostenida. Eso altera la circulación atmosférica global, y sus efectos llegan —con distinta intensidad según el año— hasta el Mediterráneo occidental y la península ibérica.

En términos prácticos, los episodios de El Niño tienden a asociarse en España con inviernos más cálidos y secos de lo habitual, y con primaveras irregulares. Para el valle del Ebro, que ya parte de una situación de estrés hídrico estructural, un invierno seco supone menos recarga de acuíferos, menos nieve en el Pirineo y, en consecuencia, menos agua disponible para el regadío en la campaña siguiente. No es una ecuación automática, pero la correlación histórica existe y los agricultores aragoneses la conocen bien.

El episodio más reciente y severo, el de 2023-2024, dejó en Aragón temperaturas récord durante varios meses consecutivos y una primavera especialmente seca en las comarcas del sur de la comunidad, incluidas zonas de Teruel que ya venían muy castigadas por la sequía.

Lo que dicen los datos de la NOAA

El organismo estadounidense basa sus alertas en varios indicadores que llevan meses moviéndose en la misma dirección. El índice Niño-3.4, que mide la anomalía de temperatura en el Pacífico central, marcó +0,4°C en su última lectura semanal. No es un valor alarmante por sí solo, pero la clave está en lo que ocurre bajo la superficie: las temperaturas en la subsuperficie oceánica llevan seis meses consecutivos por encima de la media, y de forma significativa. Ese calor acumulado es el combustible que alimentará el fenómeno cuando ascienda a la superficie en los próximos meses.

A eso se suman otros indicadores atmosféricos que apuntan en la misma dirección: vientos del oeste más débiles de lo habitual en el Pacífico occidental, convección suprimida en Indonesia y anomalías en los vientos de altura sobre la zona central del Pacífico. El sistema océano-atmósfera, según la NOAA, está preparando el terreno.

Lo que aún no está claro es la intensidad máxima que alcanzará el evento. Ninguna categoría supera el 37% de probabilidad para el trimestre noviembre-diciembre-enero de 2026-27: un 30% apunta a intenso y un 37% a muy intenso —lo que en el argot meteorológico se denomina Super El Niño—. La diferencia entre uno y otro no es menor. Los episodios de 1997-98 y 2015-16, los más intensos registrados, provocaron impactos globales de gran envergadura, aunque en la península ibérica sus consecuencias fueron dispares según la zona.

La incertidumbre que queda por despejar

Los propios científicos de la NOAA advierten de que los eventos más intensos de El Niño no garantizan los impactos más severos. Lo que sí hacen es aumentar la probabilidad de que se produzcan ciertas anomalías. El acoplamiento entre el océano y la atmósfera durante el verano boreal —estos meses de junio, julio y agosto— será determinante para saber si el fenómeno alcanza categoría de Super El Niño o se queda en un episodio fuerte pero manejable.

Dicho de otro modo: el verano aragonés será una prueba de fuego. Si las temperaturas del Pacífico siguen subiendo al ritmo actual y la atmósfera responde con la intensidad que anticipan los modelos, el otoño y el invierno podrían traer condiciones anómalas que afecten de lleno a la planificación agrícola, la gestión del agua del Ebro y las previsiones de nevadas en el Pirineo.

Qué pueden esperar los aragoneses

La AEMET, que sigue de cerca la evolución del ENSO —el sistema climático que engloba tanto El Niño como su fase opuesta, La Niña— irá actualizando sus perspectivas estacionales a medida que el fenómeno se consolide. Por ahora, los modelos de largo plazo no permiten concretar si Aragón sufrirá un otoño más seco, un invierno más cálido o ambas cosas a la vez, pero la tendencia general en los episodios históricos de El Niño apunta en esa dirección.

Lo que sí parece claro es que 2026 no será un año meteorológico ordinario. La combinación de un Pacífico más caliente de lo normal, una atmósfera que ya empieza a reaccionar y unos modelos que dan una probabilidad del 96% de que el fenómeno dure hasta comienzos de 2027 dibuja un escenario que merece atención, tanto desde las instituciones como desde los sectores más dependientes del clima en la comunidad: agricultura, turismo de nieve y gestión de recursos hídricos.

Desde el Gobierno de Aragón y la Confederación Hidrográfica del Ebro habrá que estar atentos a las actualizaciones que la AEMET vaya publicando a lo largo del verano. El margen para prepararse existe, y conviene aprovecharlo.

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