El "Gran El Niño" de 1877 mató a decenas de millones: qué puede ocurrir si se repite en 2026
Hace ciento cincuenta años, las aguas del Pacífico ecuatorial se calentaron de un modo que el mundo no había visto hasta entonces. Lo que vino después fue una catástrofe global: hambrunas masivas, sequías prolongadas y decenas de millones de muertes. Ahora, en 2026, los climatólogos observan con atención las mismas aguas. La pregunta que se hacen es si la historia está a punto de repetirse.
Qué es El Niño y cuándo se convierte en "superNiño"
El Niño es un fenómeno climático que se produce cuando las aguas del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de sus valores habituales. Sus efectos se extienden mucho más allá de esa franja de mar: alteran los patrones de lluvia y temperatura en América, Asia, África y Europa, provocando desde inundaciones hasta sequías extremas según la región del mundo.
Cuando la anomalía térmica en la llamada región 3.4 del Pacífico ecuatorial supera los dos grados centígrados durante al menos tres meses consecutivos, los meteorólogos hablan ya de un "superNiño". No es un término alarmista: es una categoría técnica que implica consecuencias notablemente más severas que un episodio ordinario.
A lo largo de la historia reciente hay constancia de varios eventos de esta magnitud: 1888-89, 1972-73, 1982-83, 1997-98 y 2015-16. Pero el que todos los expertos señalan como referencia, el más devastador con diferencia, es el de 1877.
El desastre de 1877: una crisis que el mundo tardó décadas en superar
Todo empezó antes. Ya en 1875 se registraron sequías severas en zonas tropicales y subtropicales que, vistas en retrospectiva, fueron el preludio de algo mucho mayor. Las cosechas fallaron. Las reservas de alimentos se agotaron. Y cuando el fenómeno alcanzó su pico en 1877, el golpe fue devastador.
Las estimaciones históricas apuntan a que entre el 3 y el 4 por ciento de la población mundial de aquel entonces perdió la vida como consecuencia directa o indirecta del evento. En cifras absolutas, decenas de millones de personas. La hambruna afectó a regiones enteras de India, China, Brasil y el norte de África, agravada además por las políticas coloniales de la época, que en muchos casos impidieron o retrasaron cualquier respuesta humanitaria.
Lo que hace especialmente llamativo este episodio no es solo su magnitud, sino el hecho de que nadie lo vio venir. No existían modelos predictivos, ni satélites, ni siquiera una comprensión mínima de lo que significaba ese calentamiento en el Pacífico. Las comunidades afectadas no tuvieron margen de preparación.
Lo que podría ocurrir en 2026: más calor, más extremos, pero más preparación
Deepti Singh, climatóloga de la Universidad de Washington State, ha señalado que sequías simultáneas en varias regiones del mundo, similares a las de la década de 1870, podrían volver a producirse si el "superNiño" previsto para julio de 2026 llega con la intensidad que algunos modelos sugieren. Eso sí, con matices importantes.
El primero y más relevante: el clima actual es ya de por sí más cálido que el de 1877. El cambio climático ha subido la temperatura media del planeta aproximadamente 1,2 grados respecto a los niveles preindustriales. Eso significa que cualquier anomalía adicional —como la que genera El Niño— parte de una línea base más alta. Los extremos, en consecuencia, tienden a ser más extremos.
El segundo matiz apunta en sentido contrario, y conviene no ignorarlo. La capacidad de predicción meteorológica actual no tiene nada que ver con la de hace siglo y medio. Los servicios meteorológicos nacionales y organismos internacionales como la Organización Meteorológica Mundial llevan meses siguiendo la evolución de las temperaturas en la región 3.4. Los modelos de predicción estacional han mejorado de forma sustancial en las últimas décadas, lo que permite a gobiernos e instituciones activar protocolos de alerta y gestión con meses de antelación.
A eso se suma que las estructuras socioeconómicas globales —aunque lejos de ser perfectas— ofrecen hoy mayores capacidades de respuesta que en el siglo XIX. Los sistemas de distribución de alimentos, los mecanismos de ayuda humanitaria y las redes de comunicación han cambiado radicalmente el escenario.
Un fenómeno a seguir de cerca en los próximos meses
Los próximos meses serán determinantes. Los expertos seguirán de cerca la evolución de las temperaturas en el Pacífico ecuatorial durante mayo, junio y julio para confirmar o descartar que el evento alcanza la categoría de "superNiño". Si los índices superan el umbral de dos grados de anomalía durante tres meses consecutivos, el protocolo de alertas a nivel internacional se activará de forma escalonada.
De momento, la prudencia es la postura dominante entre los climatólogos. No hay certeza de que el fenómeno vaya a reproducir la magnitud del de 1877, pero tampoco hay motivos para descartarlo. Lo que sí está claro es que esta vez, a diferencia de entonces, el mundo al menos sabe lo que está mirando.