El mes de marzo dejó más del triple de lluvia en Zaragoza mientras Huesca rozó la sequía
Marzo de 2026 ha pasado a la historia meteorológica de Aragón como un mes de dos realidades opuestas. Mientras Zaragoza acumulaba 74 litros por metro cuadrado —más del triple de lo habitual para esta época—, la provincia de Huesca cerraba el mes con un déficit hídrico notable, especialmente en su mitad norte. Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) no dejan lugar a dudas: el reparto de las precipitaciones en la comunidad fue, en marzo, extraordinariamente desigual.
La fotografía general de marzo en Aragón sitúa al mes en el puesto 22 de la serie histórica de precipitaciones desde 1961, lo que lo convierte en un mes húmedo para el conjunto de la comunidad. Eso sí, todavía por detrás de los dos ejercicios anteriores: 2024 y 2025 fueron aún más lluviosos. Las temperaturas, por su parte, se mantuvieron cerca de los valores normales en la mayor parte del territorio, con poca historia que contar más allá de alguna décima arriba o abajo según la zona.
Ahora bien, esa media autonómica esconde algo que merece atención. No todos los aragoneses vivieron el mismo marzo.
El valle del Ebro y el Moncayo, empapados
El episodio más llamativo del mes se produjo en Tarazona, donde las precipitaciones alcanzaron el 392% de lo habitual. Casi cuatro veces más lluvia de la esperada en un solo mes. Un dato que, de por sí, ya habla de un comportamiento fuera de lo ordinario. La ciudad del Moncayo no estuvo sola: otras zonas del valle del Ebro y del norte de Teruel también registraron un mes "muy húmedo", según la terminología de AEMET.
En Zaragoza capital, los 74 litros por metro cuadrado recogidos durante marzo suponen un 264% de la precipitación media esperada. Dicho de otra manera: llovió más del doble de lo normal. Para los zaragozanos acostumbrados a la sequedad de la cuenca del Ebro, ese marzo fue una excepción notable. Las calles del Casco Histórico, el paseo de la Independencia o los parques del Torrero lo notaron. El Ebro también: el río llegó a registrar caudales elevados en varios tramos durante las semanas centrales del mes.
Huesca y el Pirineo, al margen de la lluvia
A poco más de setenta kilómetros al norte, el panorama era radicalmente distinto. En la mitad norte de la provincia de Huesca, marzo fue seco. No simplemente "normal tirando a seco", sino directamente seco o muy seco en amplias zonas del Alto Aragón.
El registro más extremo lo dejó Biescas-Búbal, en el corazón del Pirineo aragonés: apenas el 35% de las precipitaciones esperadas para un mes de marzo. Menos de la mitad de lo habitual en una zona de montaña que suele recibir abundante agua en estas fechas. Para un territorio donde el agua del deshielo y las lluvias primaverales tienen una importancia estratégica —tanto para los embalses pirenaicos como para la actividad agraria del Somontano—, ese déficit no pasa desapercibido.
En la capital oscense, la situación fue algo menos marcada pero igualmente por debajo de la media: un 61% de las lluvias esperadas. Huesca cerró el mes con una temperatura media de 10,2 grados, apenas tres décimas por debajo de lo normal, pero con esa sensación característica de un tiempo seco que no acaba de dar el agua que la tierra necesita a estas alturas del año.
Temperaturas estables, sin grandes sobresaltos
En el apartado térmico, marzo fue mucho menos espectacular. La mayor parte de Aragón se mantuvo cerca de los valores habituales, con ligeras anomalías frías en algunas zonas de la Ibérica zaragozana y en puntos de la provincia de Teruel. Teruel capital cerró el mes con temperaturas algo por debajo de la media, mientras que Zaragoza registró 11,8 grados de media, tres décimas menos de lo normal.
El dato más curioso en temperaturas lo aportó Aínsa, la localidad del Sobrarbe que durante mucho tiempo fue la capital de aquella comarca que tantas veces aparece en las rutas turísticas por el Pirineo: apenas 0,6 grados por encima de lo habitual, la mayor anomalía positiva del mes en toda la comunidad. Un dato modesto, pero que contrasta con el frío relativo registrado en otras zonas.
Un reparto de agua que preocupa
Más allá de los números, lo que deja marzo de 2026 es una pregunta incómoda para el Alto Aragón: ¿qué ocurre cuando las lluvias del valle se quedan en el valle y no llegan al Pirineo? Los embalses pirenaicos son fundamentales para el riego de buena parte del valle del Ebro a lo largo de todo el año. Un déficit hídrico en la zona alta en plena primavera —cuando el deshielo y las precipitaciones deberían nutrir los pantanos— es una señal que conviene no ignorar.
Confederación Hidrográfica del Ebro y el Gobierno de Aragón llevan años monitorizando estos ciclos. La variabilidad extrema en el reparto de precipitaciones, con zonas que duplican o triplican sus registros mientras otras se quedan a la mitad, es uno de los rasgos que los expertos asocian al cambio climático en la cuenca mediterránea. Aragón, por su posición geográfica, es especialmente sensible a estos contrastes.
Abril arrancó con temperaturas algo más cálidas de lo habitual, y las próximas semanas dirán si el Pirineo recupera parte del terreno perdido en cuanto a precipitaciones. De momento, los datos de AEMET para el inicio del mes apuntan a un escenario variable, con posibles entradas de lluvia en el norte de la comunidad que podrían aliviar, al menos en parte, ese déficit que dejó un marzo más seco de lo esperado en el Alto Aragón.