La vida de la mujer más anciana del mundo: una monja de Brasil de 116 años
El título de la persona más longeva del mundo ha pasado a manos de la hermana Inah Canabarro, una monja brasileña de 116 años y 210 días. Este reconocimiento llega tras el fallecimiento de su predecesora, la japonesa Tomiko Itooka, el pasado 29 de diciembre. Canabarro ha sido reconocida por Longeviquest, la organización encargada de documentar y validar los casos de supercentenarios, un selecto grupo de personas que superan los 110 años de vida.
Un siglo de fe y dedicación
Nacida el 8 de junio de 1908 en São Francisco de Assis, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, la hermana Inah Canabarro vive actualmente en un convento de las Hermanas Teresianas en Porto Alegre. A lo largo de casi un siglo de vida religiosa —se hizo monja en 1929—, dedicó su vida a la enseñanza de Portugués y Matemáticas, dejando una huella imborrable en la educación y la fe.
En palabras de su sobrino Cléber Canabarro, de 84 años, la longevidad de su tía es un testimonio de fortaleza y resiliencia. "Recientemente estuvo hospitalizada porque tenía dolores, pero después de realizarle muchas pruebas, los médicos determinaron que no tiene ninguna enfermedad. Todo se debe a la longevidad", explicó al diario Folha de S.Paulo.
“Cada vez más joven y más bonita”
Desde que alcanzó los 110 años, la hermana Inah adoptó un lema que define su carácter y optimismo: “Cada vez más joven y más bonita”. Esta frase, repetida con humor cada vez que alguien le preguntaba por su estado, se ha convertido en su eslogan personal, una muestra de su energía vital y su actitud positiva frente a la vida.
La hermana Inah celebró su último cumpleaños rodeada de sus compañeras religiosas y familiares. Aunque las limitaciones físicas son evidentes —problemas de vista, audición y movilidad—, su espíritu sigue intacto. Según su sobrino, ya no puede recibir visitas con regularidad, pero conserva la lucidez y la capacidad de rezar, algo que hizo con fervor por los damnificados de las inundaciones en Rio Grande do Sul en mayo pasado.
Un reconocimiento papal y un amor por el fútbol
Cuando cruzó el umbral de los 110 años, la hermana Inah recibió una bendición especial del Papa Francisco, quien es casi tres décadas más joven que ella. Este gesto subraya la relevancia espiritual y simbólica de su vida en la comunidad católica.
Como buena brasileña, también comparte una pasión nacional: el fútbol. Es fan del club Internacional de Porto Alegre, que no ha dudado en rendirle homenaje a través de sus redes sociales, destacando la conexión emocional que tiene con su comunidad.
Un legado histórico
La vida de la hermana Inah está entrelazada con la historia de Brasil. Es bisnieta de un general de la Revolución Farroupilha, un movimiento separatista del siglo XIX en Rio Grande do Sul. Su longevidad no solo es un testimonio de su fortaleza física, sino también un puente entre generaciones, desde las luchas históricas de su familia hasta los desafíos contemporáneos que enfrenta su país.
Curiosamente, Brasil también es hogar del hombre más anciano del mundo. João Marinho Neto, de 112 años y 91 días, vive en Apuiarés, en el estado de Ceará. Este dato resalta el protagonismo de Brasil en el escenario de la longevidad mundial.


