El abogado zaragozano que aprendió a defender a sus clientes mientras conducía su taxi

Esta es la historia de un zaragozano que lleva 12 años ejerciendo de abogado penalista y defiende a policías y guardias civiles
Imagen del letrado Marco Antonio Navarro en su despacho disfrutando de uno de sus placeres favoritos/H.A.
Imagen del letrado Marco Antonio Navarro en su despacho disfrutando de uno de sus placeres favoritos/H.A.

La frondosa barba que luce desde hace meses en sus defensas en salas de vistas o en sus participaciones como colaborador en distintos programas de televisión no ocultan al abogado activista, sencillo, y muy amigo de sus amigos.

Su historia reciente comienza cuando apenas tenía 19 años de vida. "Toda mi familia prácticamente se dedicaba al negocio del taxi y ahí entré yo", recuerda Navarro. Allí comenzó su pasión por el derecho, mientras traía y llevaba a clientes en su taxi familiar.

"En realidad, primero me hice piloto de avioneta. Había que empollar un montón, pero me fue muy bien y me di cuenta de que valía para estudiar. Me saqué el título de piloto, luego hice el curso de acceso a la universidad de mayores de 25 y entré en la Facultad de Derecho", relata Marco contándolo como si fuese ayer.

Cuenta que su madre le decía que, cuando era pequeño y veía por la calle una placa de abogado en un edificio, decía que su objetivo de mayor era ser abogado. "Tardé porque fui un poco bandarra en la adolescencia y tenía a mano el taxi, que era lo que había vivido siempre", reconoce.

Estuvo casi diez años trabajando de noche, y durante aquellos turnos de taxi se dio cuenta que había mucha gente indefensa, que sufría situaciones injustas y nadie miraba por ellas.

"Incluso yo mismo me sentía sí; me vomitaban dentro del taxi, se orinaban, me intentaron pagar con droga, en carne… Me pasó de todo. El de taxista es un oficio en el que uno se siente muy desprotegido porque hay mucha impunidad", explica Navarro.

Años después, ya ejerciendo como abogado, consiguió la sentencia más alta: Novecientos euros de multa por una carrera de 6 euros. "Y si no la pagaba, que la pagó, se enfrentaba a mes y medio de prisión", añade este abogado vocacional.

En su taxi ayudaba a la gente, hacía un poco de psicólogo y trataba de solucionar algún problema. Habilidades que mantiene años después como letrado y que considera que son la piedra angular de su trabajo. 

Pero volvamos al momento en el que dio el salto a la abogacía. "Mi taxi era como mi universidad, donde aprendí muchas de las cosas que hoy en día practico con mis clientes y en mi día a día", añade.

Y llegó el momento de su primer juicio

Hace doce años, que son los que lleva colegiado en el Colegio de Abogados de Zaragoza, tuvo que enfrentarse, al terminar su carrera y empezar, al principio, por su cuenta, a un primer juicio, una primera exposición en la tarima frente a sus oponentes legales y ante un magistrado. "Fue un desahucio y lo gané. Aún recuerdo los nervios que tenía; prácticamente me hice una tesis doctoral y al final lo recuerdo con mucho cariño", se sincera Navarro.

Desde entonces a asistido a cientos de juicios. Cuando le preguntamos por uno del que se sienta especialmente orgulloso se remonta al año pasado, cuando defendía a un octogenario por un abuso sexual.

"Pedían más de seis años para mi cliente al que acusaban de abuso sexual a una menor", recuerda. También saltó a la fama mediática al ser el abogado que consiguió que vacunasen contra el COVID a miles de policías y guardias civiles en Cataluña, un derecho que les negaba el gobierno catalán.

Esto ya fue en la etapa en la que comenzó a defender a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de la mano de los sindicatos y asociaciones policiales JUPOL y JUCIL. "Empecé defendiendo a un amigo policía al que imputaron por torturas; lo gané, y a partir de ahí, el boca a boca", dice Navarro. "Siempre he creído en ellos, estos funcionarios del Estado, y me siento muy identificado con ellos", añade.

Amenazado de muerte y acosado por ejercer su trabajo

No siempre su vida ha sido un paseo; todo lo que tiene, dice, se lo ha forjado con trabajo, trabajo y más trabajo. No es difícil pillarle un domingo, mientras otros descansan, trabajando en su despacho de la calle Francisco Vitoria de Zaragoza, eso si, fumando un puro y degustando un buen whisky.

En esta vida de letrado se ha ganado muchos amigos, y también algún que otro enemigo. "Tuve que denunciar a un hombre que me acosaba y perseguía amenazándome en redes sociales.  Incluso me autorizaron a llevar arma debido a las amenazas que recibía", admite este letrado zaragozano.

Su labor a favor de la policía durante el COVID también le granjeó algunos enemigos. "Al final sabes que estas cosas pasan porque no puedes caer bien a todo el mundo. Si defiendes a unos, atacas a otros", reconoce.

Padre de tres hijos a los que adora, Navarro continúa día a día dando un paso más en una vida en la que quiere seguir dejando huella. De hecho, nos hemos enterado de un secreto a voces. Puede que no pase mucho tiempo para que acabemos viéndole vestido con una toga de juez. Magistrado Navarro.

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