Maël tiene 18 años, es francés y subió al Aneto con una cruz de 35 kilos para devolvérsela a la montaña
Maël Le Lagadec tiene 18 años y vive en Francia. Cuando supo que la histórica cruz del Aneto había desaparecido —arrancada con una herramienta mecánica y arrojada ladera abajo en un presunto acto vandálico—, decidió que alguien tenía que hacer algo.
Ese alguien iba a ser él. Fabricó una cruz de madera de algo más de un metro de altura, la barnizó para resistir las condiciones extremas de alta montaña, la ató a su espalda junto a otros 15 kilos de material y emprendió la ascensión al techo del Pirineo cargando con un total de 50 kilos.
Lo consiguió. Y cuando llegó a los 3.404 metros de la cima del Aneto, dejó la cruz en su lugar.
La cruz de 1951 y cómo desapareció
La historia empieza hace aproximadamente un mes, cuando varios alpinistas alertaron al Ayuntamiento de Benasque de que la emblemática estructura metálica que coronaba el Aneto había desaparecido.
Los equipos de rescate de alta montaña confirmaron lo que los montañeros temían: la cruz de hierro instalada en 1951 por el Centre Excursionista de Catalunya, de unos tres metros de altura y cerca de 100 kilos de peso, ya no estaba en su lugar.
La Guardia Civil abrió una investigación que sigue en curso. Los primeros hallazgos apuntaban a que la estructura había sido seccionada con una herramienta mecánica y arrojada ladera abajo.
Un dato que, según el alcalde de Benasque, indica que los responsables tenían experiencia en alta montaña y conocimiento del terreno. No es algo que se improvisa. Subir a la cima del Aneto ya es una gesta en sí misma; hacerlo con el equipamiento necesario para seccionar una estructura de hierro de 100 kilos es otra categoría de planificación.
No era la primera vez que la cruz sufría un ataque. En 2018 fue pintada de amarillo en un episodio que las autoridades vincularon a reivindicaciones políticas. Fue restaurada en 2025. Y apenas unos meses después, desapareció.
Cómo Maël decidió actuar
Maël Le Lagadec conoció lo ocurrido y no esperó. Sin posibilidad de recuperar la estructura original —que sigue sin aparecer—, decidió fabricar una nueva. Usó madera que llevaba años secándose y le aplicó un barniz especial para que aguantara las condiciones extremas de la cima: viento, nieve, hielo y oscilaciones térmicas brutales.
La cruz resultante medía algo más de un metro de altura y pesaba 35 kilos.
Su primer intento de ascensión fracasó. El mal tiempo le obligó a renunciar a la cima semanas antes. Volvió a intentarlo el pasado fin de semana, esta vez acompañado por un amigo.
Cargó los 35 kilos de la cruz más otros 15 kilos de material necesario para la instalación y la travesía. 50 kilos en total para alcanzar la montaña más alta de los Pirineos.
Llegaron a la cima. Instalaron la cruz. Lo grabaron en vídeo. Y cuando las imágenes se difundieron en redes sociales, la historia se hizo viral en pocas horas.
"Quería hacer un gesto simbólico fuerte"
Maël explicó sus razones con una claridad que no deja lugar a interpretaciones. "Hago un llamamiento a la gente para que respete los monumentos en pie. Forman parte de la historia del montañismo. Quería mostrar un gesto simbólico fuerte para que la gente dejara de degradar este tipo de patrimonio", declaró el joven alpinista.
No es un discurso religioso. Es un discurso patrimonial y montañero. La cruz del Aneto no es para Maël un símbolo de fe sino un hito de la historia del alpinismo, una marca de los montañeros que conquistaron esa cima décadas antes de que él naciera. Quitarla es, en su lectura, borrar parte de esa historia. Reponerla es un acto de respeto hacia quienes la pusieron y hacia todos los que han llegado a la cima desde 1951.
La respuesta de Benasque
El alcalde de Benasque agradeció públicamente el gesto del joven francés. Y fue directo sobre el futuro de la nueva instalación: "La dejaremos allí hasta que aparezca la original". Una respuesta que implica dos cosas: que la búsqueda de la cruz de 1951 sigue activa, y que mientras tanto la de madera de Maël tiene el respaldo del municipio más cercano al Aneto.
La investigación de la Guardia Civil continúa abierta. Los investigadores trabajan con la hipótesis del vandalismo premeditado dada la complejidad técnica que habría requerido la operación. Seccionar una estructura metálica de esas dimensiones en la cima del Aneto no es algo que se pueda hacer de forma espontánea.
Una polémica que llega después
La historia de Maël tiene ahora un nuevo capítulo que él probablemente no anticipaba cuando cargó con su cruz ladera arriba. El Movimiento Hacia Un Estado Laico (MHUEL) ha pedido al SEPRONA de la Guardia Civil y al Gobierno de Aragón que investiguen si la instalación de la nueva cruz infringe la normativa medioambiental aplicable al espacio natural protegido del Pirineo aragonés.
La organización argumenta que cualquier elemento artificial altera el paisaje de alta montaña y que un símbolo religioso en un espacio público natural supone una exclusión para quienes no comparten esa fe.
Es un debate legítimo. La normativa de espacios naturales protegidos establece restricciones sobre la instalación de elementos en el entorno, y su aplicación a una cruz de madera colocada por un particular es una cuestión que las autoridades tendrán que resolver.
Pero hay algo que ningún debate jurídico puede quitarle a Maël Le Lagadec: subió al Aneto con 50 kilos a la espalda, en su segundo intento, con 18 años, para devolver a la montaña algo que alguien le había quitado.
La cruz sigue en la cima. Por ahora.

