Este castillo de princesas que está a menos de una hora de Aragón: fue una corte real

A solo hora y media de Zaragoza, este castillo permite revivir la vida medieval entre torres, pasadizos y jardines en uno de los palacios góticos más bellos de Europa.

Castillo de Olite
Castillo de Olite

No hace falta cruzar océanos ni visitar grandes capitales europeas para sentir la magia del Medievo. A poco más de hora y media en coche desde Zaragoza, se alza majestuoso el Castillo de Olite, también conocido como el Palacio Real de los Reyes de Navarra. Situado en el corazón de la Comunidad Foral, este conjunto monumental es una de las joyas del gótico civil europeo y uno de los destinos más visitados del norte peninsular. Más que un castillo defensivo, fue una corte palaciega refinada que acogió a una de las cortes más cultas y opulentas del siglo XV.

Una fortaleza que fue palacio de reyes

Aunque comúnmente se le llama castillo, su función principal fue la de residencia real. Fue el rey Carlos III “el Noble” quien, a comienzos del siglo XV, impulsó su ampliación para convertirlo en símbolo del poder del Reino de Navarra. Lo hizo sin seguir un plan maestro, lo que dio como resultado una arquitectura caprichosa y fascinante: torres puntiagudas, salones elevados, pasadizos secretos y terrazas con vistas a los viñedos que rodean la villa.

La estética gótica francesa predomina, aunque también se aprecian influencias mudéjares, sobre todo en los detalles decorativos interiores. Estas huellas son fruto del trabajo de artesanos moriscos de la ribera navarra. En 1925 fue declarado Monumento Nacional —una distinción de la que este año se cumplen 100 años— y actualmente está catalogado como Bien de Interés Cultural.

La entrada general cuesta 4,40 euros y permite recorrer casi todo el recinto. Por tres euros más, es posible unirse a una visita guiada que revela los secretos de este enclave único. El palacio se divide en dos zonas: el Palacio Viejo, hoy convertido en Parador Nacional, y el Palacio Nuevo, la parte más visitada y fotografiada.

Un pueblo de cuento con buen vino y mejor comida

La visita a Olite no estaría completa sin pasear por su casco antiguo medieval, con calles empedradas, plazas históricas y casas de piedra. Destaca la Iglesia de Santa María la Real, un templo gótico junto al castillo, con una portada que impresiona.

La localidad también es famosa por sus bodegas subterráneas y por formar parte de la Denominación de Origen Navarra. En sus tabernas y restaurantes se puede degustar una gastronomía rica en verduras, carnes y repostería tradicional.

Desde Zaragoza, Olite se encuentra a 150 kilómetros y se puede llegar fácilmente en coche o en tren, lo que la convierte en una escapada perfecta de un día o un fin de semana. Además, su cercanía a lugares como Ujué o Tafalla ofrece la posibilidad de ampliar el viaje.

En definitiva, el Castillo de Olite es mucho más que una atracción turística: es un viaje al corazón del medievo, una experiencia cultural, sensorial y visual que demuestra que la historia viva está mucho más cerca de lo que parece.

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