La cereza de Calatayud y el Aranda podría obtener la Indicación de Geografía Protegida en 2026
La cereza aragonesa de la zona de Calatayud y el Aranda tiene cada vez más cerca el reconocimiento de la Indicación Geográfica Protegida (IGP), un proyecto que podría hacerse realidad en 2026. La última asamblea celebrada esta semana por los miembros de la Asociación para la promoción de la cereza ha marcado un hito importante: la aprobación del plan para financiar el proceso y la unanimidad en la contribución de cuotas.
Con una inversión estimada de 60.000 euros, los socios de la asociación han decidido aportar una cuota anual de 20 euros por hectárea de las 1.600 hectáreas cultivadas en la zona, lo que ya les permitirá cubrir la mitad de los gastos. A pesar de las dificultades iniciales para financiar este proyecto, el apoyo institucional ha sido clave. Los grupos políticos de las Cortes de Aragón dieron su apoyo unánime a la propuesta, revitalizando el proyecto y acelerando el proceso. El apoyo también ha llegado de las comarcas de Calatayud y Aranda, que han destinado 2.000 euros cada una, además de la colaboración de seis ayuntamientos que han aprobado su contribución de 250 euros.
UN PROYECTO AMBICIOSO PARA TRANSFORMAR EL TERRITORIO Y CREAR EMPLEO
La impulsora del proyecto, Noelia Sánchez, destacó que este no solo busca un sello, sino una transformación del territorio que permita crear empleo, atraer turismo y dotar a la cereza aragonesa de mayor valor. Este reconocimiento facilitaría la exportación y venta a precios más altos, lo que se traduciría en un beneficio para los agricultores locales.
Sánchez subraya que la singularidad de las cerezas de la zona, cultivadas a gran altitud y con un clima especial que favorece una inversión térmica significativa entre el día y la noche, es lo que las hace más crujientes y dulces que otras variedades. Este aspecto, junto con su capacidad para mantenerse más tiempo en el mercado, otorga una ventaja competitiva a las cerezas de la región.
DEFINICIÓN DE LOS REQUISITOS Y UNA MIRADA AL FUTURO
El proyecto también tiene como objetivo definir un pliego de condiciones que asegure que todas las cerezas que obtengan la IGP cumplan con requisitos específicos. Entre estos, se detallarán las características de las cerezas tempranas, intermedias y tardías, que deberán ajustarse a las normas de calidad que se están diseñando.
Sin embargo, el proyecto no se detendrá en la IGP. La asociación tiene planes para seguir trabajando en investigación, formación y la creación de bolsas de empleo que refuercen la industria local y permitan que el sector se adapte a las nuevas demandas del mercado. La revitalización del proyecto ha sido un reto importante, pero con la clara visión de que poner en valor lo que tienen es fundamental para el futuro de la zona.
Un futuro brillante para la cereza de Calatayud y el Aranda está a la vista, y la obtención de la IGP será solo el comienzo de un proceso transformador que buscará consolidar este cultivo como un referente en el mercado nacional e internacional.

