Crónica taurina | Cafelito siembra el caos y Zulueta brilla de rebote con Puchero
Cafelito pisó el albero y parecía Messi cuando toca el césped: nadie era capaz de pararlo. Como si estuvieran en el Camp Nou viendo al exjugador del Barça, desde el tendido vociferaban "¡Ay!, ¡Oh!, ¡Eh!", ante la incredulidad que estaban viviendo. Como el astro argentino, el novillo dejó a varios en el suelo y a sus rivales sin saber qué hacer. Al contrario que el futbolista, el animal no destacaba por su calidad, sino por la dejadez de la cuadrilla. Al final se saldó con dos picadores en el suelo, uno de ellos en enfermería y el de Montealto con seis puyazos en el lomo.
La mala lidia encendió al tendido y el picador Pedro Morales fue el peor parado con un traumatismo en el hombro derecho con posible fractura de húmero, lo que le impidió continuar con la lidia. El animal correteó por el albero de un lado a otro y recibió seis castigos en el caballo sin haber mostrado nada de casta. Fue el segundo de una tarde en la que la ganadería volvió a demostrar que sin toro no hay fiesta.
Después del caos llegó la calma con la mano de Javier Zulueta. Un volteretón al banderillero Manuel Reyes contra las tablas, encendió al tendido cuando volvió para poner el último par. El novillero supo entender la situación y bailó con Puchero con unos movimientos bien acompasados. El diestro supo entenderlo, darle espacio y pintar con la muleta lo necesario para avivar el interés en el diestro sevillano. Unos naturales ligados y profundos decantó el mano a mano con Marco Pérez con una estocada en lo alto. El sevillano demostró de nuevo que Zaragoza empieza a ser su jardín particular al cortar otra oreja.
Nada de nada hasta el sexto ya pasadas las dos horas. Los de Montealto, bien presentados, no estuvieron a la altura de las expectativas por su falta de casta, su nobleza y su poco fondo. Puchero salvó la tarde con una bonita pelea en el peto protagonizada por Rafael Campos con dos buenos puyazos.
Zulueta no brilló con sus dos primeros e incluso rozó la pesadez con animales de nula transmisión. No supo entender los terrenos del astifino, pero dejó pinceladas de toreo con su mano izquierda.
A pesar de su esfuerzo, Marco Pérez se estrenó en la Misericordia sin dejar ninguna huella en la retina de los aficionados. Mala colocación y ventajista en su toreo a unos animales que no querían saber nada ni del joven ni de San Jorge ni de Zaragoza: mucha cantidad para tan poca calidad. El novillero, que se encerrará con seis en Madrid en unas semanas y tomará la alternativa en Nimes, estuvo por debajo de las expectativas del tendido.
La calidad humana de Marcó Pérez brilló por encima de su calidad artística. Dejó que novillero oscense Ignacio Boné se guste ante la Misericordia con una tanda de capotazos un tanto atropellados.
La falta calidad ganadera y un tendido muy vacío volvió a ser el plato principal en la plaza y ya pinta que el aficionado se va a tener que acostumbrar por su poca seriedad.
FICHA:
Marco Pérez: silencio tras aviso; silencio tras aviso y vuelta al ruedo por su propio pie.
Javier Zulueta: ovación; silencio tras aviso y oreja

