Dónde ver las perseidas o lagrimas de San Lorenzo en Zaragoza y más puntos de Aragón
La lluvia de estrellas de las perseidas, también conocidas como lágrimas de San Lorenzo, alcanza su momento álgido durante la noche del 12 al 13 de agosto, aunque pueden observarse desde finales de julio hasta el 20 de agosto. Este fenómeno astronómico, uno de los más esperados del año, se convierte en una oportunidad perfecta para disfrutar del cielo nocturno, siempre que las condiciones lo permitan. En Aragón, la variedad de paisajes y la baja densidad de población en amplias zonas del territorio facilitan su observación, aunque la contaminación lumínica sigue siendo un factor a tener en cuenta.
Para lograr una buena experiencia de observación, es recomendable alejarse de los núcleos urbanos y buscar lugares elevados, despejados de árboles u obstáculos, y con cielos despejados. La presencia de luz artificial puede dificultar notablemente la visibilidad de las perseidas. Herramientas como el mapas interactivos de contaminación lumínica permiten localizar zonas con menor interferencia lumínica. En estos mapas, las áreas con colores oscuros indican una mayor idoneidad para la observación astronómica, mientras que las zonas con tonos más claros, como el amarillo o el ocre, son menos recomendables.
En el caso de Aragón, las áreas con mayor concentración de luz artificial se sitúan en torno a Zaragoza capital y su área metropolitana. Sin embargo, incluso en esta provincia es posible encontrar enclaves adecuados, especialmente en el entorno rural. Huesca y Teruel presentan mejores condiciones generales, ya que su densidad urbana es menor y los núcleos de población están más dispersos.
Entre los muchos puntos de observación recomendados en la comunidad aragonesa, destaca la pradera de Cantalobos, en Montalbán (Teruel), un entorno natural apartado con muy poca contaminación lumínica. También es una opción la ermita de la Alegría, en Monzón (Huesca), situada lo bastante lejos del casco urbano como para garantizar cielos oscuros. La zona de acampada de Aliaga (Teruel) ofrece un ambiente natural idóneo para disfrutar de las perseidas en plena tranquilidad.
En la provincia de Teruel también sobresale el monte Jabalón, en Jabaloyas, una localización elevada y con escasa presencia de luces artificiales. Otro lugar privilegiado es el embalse de Lanuza, en el Pirineo oscense, que proporciona un entorno espectacular tanto de día como de noche. No muy lejos, en Bielsa (Huesca), se encuentran las praderas de Pineta, otro lugar habitual para los aficionados a la observación del cielo estrellado.
Uno de los rincones más apreciados por quienes buscan una experiencia tranquila y alejada es el Monasterio del Olivar, en Estercuel (Teruel), rodeado de naturaleza y con un cielo limpio. En Zaragoza, aunque las condiciones son más complicadas, todavía es posible encontrar lugares como las afueras de Farlete, donde se puede disfrutar de una buena visibilidad si el cielo está despejado. También son recomendables localidades pequeñas como Villar del Salz (Teruel) o Frías de Albarracín, en plena Sierra de Albarracín, una zona especialmente valorada por astrónomos y fotógrafos nocturnos.
A pesar de la creciente iluminación de algunas áreas, Aragón sigue siendo una de las comunidades con más espacios adecuados para la observación de fenómenos astronómicos.
Observar las perseidas no requiere de equipo especializado. Basta con encontrar un lugar cómodo, permitir que los ojos se acostumbren a la oscuridad y tener paciencia. Las perseidas pueden aparecer de forma intermitente, pero durante su pico máximo es posible ver decenas de meteoros por hora.