Emilio Mené, agricultor (27 años): "Vamos asfixiados. Mercosur ha sido la guinda del pastel"

El acuerdo entre la UE y Mercosur, aún paralizado, mantiene en alerta al campo aragonés. Agricultores advierten de precios estancados, más burocracia y una competencia exterior que amenaza la viabilidad de las explotaciones familiares.
Emilio Mené, de Hermanos Mené ./ Hoy Aragón
Emilio Mené, de Hermanos Mené / S.P.A

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur atraviesa en estos momentos una fase de bloqueo institucional. Tras años de negociación, su aplicación efectiva continúa paralizada mientras las instituciones comunitarias analizan su encaje jurídico y político. Sin embargo, pese a no estar en vigor, el pacto sigue generando una profunda inquietud en el sector agrario, que teme que una eventual activación tenga consecuencias directas sobre los precios en origen y sobre la viabilidad de las explotaciones de menor tamaño.

En Zaragoza, donde la agricultura familiar sigue desempeñando un papel estructural en el territorio, esa preocupación se vive con especial intensidad. Emilio Mené, agricultor zaragozano de 27 años, gestiona junto a su familia la explotación Hermanos Mené. Desde su experiencia diaria en el campo, Mercosur no se percibe como un debate abstracto ni lejano, sino como una amenaza añadida a un modelo productivo que ya opera bajo una presión constante. “Eso ha sido la guinda del pastel”, resume Emilio al referirse al acuerdo.

Uno de los principales temores del sector es que la entrada de productos procedentes de países del Mercosur, con menores costes de producción, ejerza una presión adicional sobre los precios en origen, que muchos agricultores consideran estancados desde hace años. Aunque el acuerdo contempla contingentes y mecanismos de salvaguarda, la experiencia acumulada genera desconfianza entre quienes trabajan con márgenes cada vez más ajustados.

La borraja, el producto estrella de Hermanos Mené ./ Hoy Aragón
La borraja, el producto estrella de Hermanos Mené / S.P.A

En explotaciones familiares como Hermanos Mené, donde se cultivan y comercializan hortalizas como borraja y tomate rosa, con una trayectoria histórica vinculada a la huerta zaragozana, las alteraciones del mercado y el incremento de las exigencias normativas son una preocupación permanente. La empresa se dedica al cultivo, transporte y envasado de productos hortícolas desde su base en Zaragoza y ha evolucionado con el tiempo incorporando técnicas modernas de producción y distribución, siempre bajo el cumplimiento de la normativa europea vigente.

Vamos asfixiados”, señala Emilio Mené en referencia a un contexto en el que los precios percibidos por sus productos, que compiten tanto en mercados locales como en la distribución mayorista, no avanzan al mismo ritmo que los costes de producción ni que las obligaciones administrativas. Entre ellas, menciona el cuaderno digital, que añade carga de gestión y reduce la capacidad de las explotaciones familiares para mantener su competitividad.

El cuaderno digital: burocracia que pesa más que la cosecha

Más allá del comercio internacional, Emilio sitúa buena parte del problema en la burocracia creciente que soporta el sector. Uno de los ejemplos más claros es el cuaderno digital, un sistema obligatorio de registro de todas las labores agrícolas.

Todo lo que haces, todo tu trabajo del día a día, lo tienes que apuntar”, explica. Cada tratamiento, cada laboreo o cada actuación en el campo debe quedar reflejada en una aplicación o plataforma digital. El problema, subraya, es que la teoría administrativa no siempre encaja con la realidad del trabajo agrícola: “Vas a un campo en el que no tienes cobertura… y luego cuando bajas a casa tienes que acordarte de todo”.

El riesgo no es menor. “Si lo haces mal, te pueden sancionar”, advierte. Y aporta un dato clave para entender la dimensión del problema: “La edad media que hay en el campo son 50 o 60 años”. La digitalización, tal y como se ha implantado, se convierte así en una barrera real para buena parte del sector.

Ni siquiera para él ha sido sencillo. “Me ha venido grande hasta a mí”, reconoce, pese a pertenecer a una generación joven y habituada al uso de herramientas digitales.

Más horas de oficina que de tractor

El resultado, explica Emilio, es que la agricultura exige cada vez más tiempo fuera del campo. “Tienes el tiempo justo de estar todo el día trabajando para luego ponerte a hacer papeles”. En explotaciones familiares pequeñas, donde no existe personal administrativo específico, esta situación se traduce en jornadas más largas, mayor desgaste y un margen de error mínimo.

Al final es papel tras papel, una detrás de otra”, resume. Una presión constante que, según su experiencia, explica por qué muchos pequeños agricultores se plantean abandonar la actividad o no garantizar el relevo generacional.

Mercosur como símbolo de un modelo en cuestión

Aunque el acuerdo con Mercosur permanezca hoy detenido, para agricultores como Emilio representa algo más profundo: el temor a que el esfuerzo diario no sea suficiente para competir. No se trata únicamente de aranceles o volúmenes de importación, sino de un modelo que, según denuncian desde el campo, incrementa controles, registros y obligaciones sin asegurar precios justos ni estabilidad económica.

Desde Zaragoza, el mensaje es claro. Mientras el acuerdo sigue en los despachos de Bruselas, el campo continúa trabajando en un escenario de incertidumbre permanente. Y cuando se habla de Mercosur, no se habla solo de comercio internacional, sino de si las explotaciones familiares tendrán futuro en un contexto de precios ajustados, burocracia creciente y competencia exterior.

Yo no sé cómo mucha gente tira para adelante”, concluye Emilio. Una frase que resume mejor que cualquier estadística el estado de ánimo de buena parte del pequeño agricultor ante lo que pueda venir.

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