La historia detrás del Cipotegato de Tarazona: un origen nada claro
Cada 27 de agosto, la ciudad de Tarazona celebra una de sus tradiciones más reconocidas, la salida del Cipotegato. Miles de personas se concentran en la Plaza de España para ver cómo este personaje, cuya identidad permanece en secreto hasta el momento de su aparición, atraviesa la plaza bajo una lluvia de tomates. Lo que en la actualidad es una fiesta multitudinaria y símbolo de orgullo local, hunde sus raíces en prácticas de origen incierto, a medio camino entre el escarnio y el rito festivo.
El acto comienza a las 12.00 horas, cuando el Cipotegato atraviesa las puertas del Ayuntamiento. A partir de ese instante, inicia una carrera por la plaza en medio de una multitud que lanza tomates de manera incesante. El recorrido termina en la escultura dedicada a esta figura, homenaje permanente en la ciudad.
Un origen difícil de precisar
El pasado del Cipotegato no tiene una documentación clara. Hay quien cree que deriva de un ritual de escarnio público en el que se liberaba a un preso para que atravesara la ciudad mientras la población le arrojaba frutas y verduras. Si conseguía llegar a salvo a un punto determinado, podía obtener su libertad. Otros plantean una relación con ceremonias religiosas o con festejos carnavalescos de carácter burlesco.
Hoy en día, ser elegido Cipotegato supone un reconocimiento muy valorado. El proceso de selección se realiza mediante un sorteo entre los turiasonenses que han solicitado voluntariamente participar. Para muchos, encarnar a esta figura implica representar a toda la ciudad durante unos minutos de intensidad máxima.
El traje y su simbolismo
La indumentaria del Cipotegato contribuye al carácter distintivo de la celebración. El traje recuerda al de un arlequín, con rombos de colores rojo, verde y amarillo, una máscara de tela que oculta su cara y un bastón. Este último recuerda a los cetros de bufón o a los garrotes que antiguamente llevaban alguaciles.
Aunque su aspecto es festivo y llamativo, portar este atuendo supone un reto físico. La presión de la multitud, el espacio reducido de la plaza y la constante lluvia de tomates convierten el recorrido en una prueba de resistencia que puede prolongarse hasta veinte minutos, dependiendo de la ruta que el protagonista elija.
El lanzamiento de tomates constituye la parte más conocida de la fiesta. El municipio se abastece con toneladas de este fruto. Esto forma parte de una tradición catártica que mancha de rojo tanto las calles como a los propios asistentes. A pesar de la apariencia desordenada, la organización establece medidas específicas: solo se permite usar tomates maduros y se controla el acceso a la plaza para evitar incidentes. La Policía Local, Protección Civil y numerosos voluntarios participan en el dispositivo de seguridad.