El juego de cartas aragonés que está arrasando en los pueblos

Hay juegos populares que siguen siendo parte fundamental de la cultura local
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Juego de cartas.

En muchos rincones de España, sobre todo en las zonas rurales, hay tradiciones que han logrado resistir el paso del tiempo. Juegos populares que, aunque parecían destinados a desaparecer con el auge de la tecnología, siguen siendo parte fundamental de la cultura local.

En Aragón existe un juego de cartas que sigue siendo el rey indiscutible de las mesas: el guiñote. Este clásico, arraigado en la cultura popular, se juega desde hace más de un siglo en bares, terrazas y reuniones familiares. Hoy en día, aún conserva su popularidad (aunque en menor medida) y se juega con la misma pasión de antaño, independientemente de la edad de sus jugadores.

La historia del guiñote se remonta al siglo XIX. Su primera mención documental aparece en 1836, cuando el abogado Mariano Peralta lo describe en su "Ensayo de un diccionario aragonés-castellano". En sus inicios, el guiñote era un juego similar a otros clásicos de cartas, como la brisca o el tute, pero con unas reglas propias que han ido evolucionando con el tiempo.

A lo largo de los años, el guiñote se consolidó como el juego de cartas por excelencia en Aragón. A medida que pasaban las décadas, este juego se jugaba en diferentes lugares: desde las tabernas y casas de los pueblos hasta las plazas o durante reuniones sociales. Y es que, más que un simple juego de azar y estrategia, el guiñote se convirtió en un vehículo de convivencia entre diferentes generaciones, desde los más jóvenes hasta los mayores.

Hoy, la Asociación Aragonesa de Guiñote, conocida como Guiñarte, se dedica a preservar esta tradición y a trabajar para que el guiñote sea reconocido como Bien de Interés Cultural Inmaterial en Aragón, asegurando que este legado siga perdurando en el tiempo.

¿Cómo se juega al guiñote?

El equipo que logre alcanzar 51 puntos “buenos” primero, ganando bazas y cantando ciertas combinaciones de cartas, es el vencedor. Para ello, cada carta tiene un valor determinado. El As, por ejemplo, vale 11 puntos, mientras que el tres suma 10, el rey 4, el caballo 2, y la sota 3. Las cartas de menor valor, como el siete, el seis o el cinco, no suman puntos.

El desarrollo del juego comienza con el reparto de cartas. Un jugador, conocido como "mano", inicia la partida y debe seguir una serie de fases en las que los jugadores se enfrentan por ganar bazas. En cada ronda, la carta más alta de la baza, dependiendo del palo y las reglas del triunfo, determina quién gana. Y cuando el mazo se vacía, llega la fase del “arrastre”, un momento clave en el que las reglas cambian y los jugadores deben seguir ciertos protocolos, como asistir al palo o jugar una carta de triunfo en el momento adecuado.

El guiñote también tiene un sistema especial para contar puntos, denominado “cantes”. Si un jugador tiene el rey y la sota del mismo palo, puede cantar "las 20" o "las 40", dependiendo de si el palo es el de triunfo o no. Estos puntos adicionales pueden marcar la diferencia entre ganar o perder una partida.

El guiñote en la actualidad

En las fiestas patronales de los pueblos, en los bares o incluso en competiciones locales, el guiñote sigue siendo el protagonista indiscutido. Su mezcla de azar, estrategia y memoria hace que no solo sea entretenido, sino que también favorezca la interacción social, algo que no siempre se puede encontrar en los juegos online.

Este juego sigue siendo una forma de entretenimiento accesible a todo tipo de público. Desde el más joven hasta el más mayor, todos se agrupan alrededor de una mesa para compartir momentos de diversión. No hay límites de edad para disfrutar de un buen guiñote, y es esta intergeneracionalidad la que le da aún más valor como patrimonio cultural.

A pesar de la expansión de nuevos pasatiempos, el guiñote ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia. La tradición sigue viva gracias a la transmisión de sus reglas y la enseñanza entre generaciones, y es este espíritu de continuidad lo que permite que siga siendo relevante en la actualidad.

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