Gregorio, el maestro cantero del Maestrazgo que mantiene vivo un oficio olvidado

Natural de Puertomingalvo, ha dedicado toda su vida a trabajar la piedra. Desde hace dos décadas lo hace en su versión más artística.
Gregorio Gil, natural de Puertomingalvo, es uno de los pocos maestros canteros que siguen en activo. / HA
Gregorio Gil, natural de Puertomingalvo, es uno de los pocos maestros canteros que siguen en activo. / HA

La historia de Gregorio siempre ha estado ligada a la piedra. Este maestro cantero de Puertomingalvo trabajó durante años en las canteras de la zona, en el Maestrazgo turolense. Pero desde hace ya casi dos décadas se dedica a trabajar este material de forma artística. Su labor consiste en la talla de piedra (y también de madera) y es una forma de contribuir a que los oficios antiguos no se pierdan.

Y es que los maestros canteros, como Gregorio Gil, que siguen en activo son muy pocos. "Desde niño he trabajado con la piedra. Las piedras eran mis juguetes", confiesa. Lo suyo es algo vocacional. Una pasión que ahora le da de comer. 

Desde su taller de Puertomingalvo, abierto en 2006, elabora todo tipo de relieves en piedra, desde cosas pequeñas para decoración de fachadas, como escudos heráldicos, hasta lápidas, gárgolas o esculturas de gran tamaño, como una de 1,80 metros para la localidad castellonense de Espadilla. Prácticamente todo lo hace por encargo y abarca un campo muy variado y amplio.

Por la proximidad del Maestrazgo con la Comunidad Valenciana, Gregorio no solo trabaja en la provincia de Teruel sino también, y con bastante asiduidad, para clientes de Castellón. Su forma de darse a conocer es con la participación en ferias de artesanía y medievales y también a través de internet y las redes sociales.

 

Conocerlo no es complicado si se pasa por Puertomingalvo ya que Gregorio pasa la mayor parte del tiempo en su taller. Es lo que tiene trabajar en algo que le apasiona. También talla piezas que le gustan, no por encargo, sino por afición y, después, las pone a la venta. "De lunes a viernes siempre estoy en el taller y el fin de semana se me puede localizar fácilmente", asegura. 

Además de ser su espacio de trabajo, el taller también sirve como punto de venta y es, incluso, un pequeño museo. "Se pueden encontrar herramientas manuales básicas, como cinceles o gradinas, y otras mecánicas, como una radial, un fresolín o un martillo neumático", explica.

En 2006. Gregorio abrió un taller para trabajar la piedra de forma artesanal en su Puertomingalvo natal. / HA
En 2006. Gregorio abrió un taller para trabajar la piedra de forma artesanal en su Puertomingalvo natal. / HA

De la cantera al taller

Gregorio nació en Puertomingalvo y lleva allí toda la vida. Solo vivió fuera cuando estudió en Teruel y cuando hizo la mili, en Zaragoza. Su padre era agricultor y jornalero así que lo de su pasión por la piedra no le viene por ahí. "Es algo vocacional. Siempre se me ha dado bien el dibujo y el modelado", confiesa. 

La primera etapa de su vida laboral la pasó trabajando en la extracción de piedra en la cantera "porque había que ganar dinero", reconoce. De un tiempo a esta parte, su día a día ha dado un giro para bien. "He dejado de trabajar con frio y otras inclemencias. Además de ser menos duro, el trabajo en el taller es más agradable porque es algo más creativo", confiesa. 

"El pueblo es casi una exposición de mis trabajos", asegura Gregorio, orgulloso de que cada vez sean más las personas que confían en él para decorar sus fachadas con algún detalle en piedra, entre otros encargos. Entre los últimos encargos que le están llegando hay uno relacionado con el turismo de caza. 

Exterior del taller de Gregorio en Puertomingalvo. / HA
Exterior del taller de Gregorio en Puertomingalvo. / HA

Este cantero es el encargado de crear unos detalles que los cazadores estadounidenses que visitan la zona para practicar la caza se llevan de vuelta como suvenir. "Son tallas de piedra con forma de la cabeza de una cabra montés y el relieve de Puertomingalvo", explica Gregorio.

Con la mayoría de edad ya cumplida, el taller es como su segundo hogar. En él Gregorio pasa casi más tiempo que en casa. Y es que cuando uno se dedica a lo que le apasiona, el tiempo pasa volando.

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