La receta típica de Teruel para pasar el frío del invierno
En pleno siglo XVII, en las montañas de Castilla-La Mancha, un grupo de pastores, aislados por la nieve durante el invierno, creó una receta con los pocos alimentos que tenían a mano: espinas de bacalao, patatas y aceite. Este plato, nacido de la necesidad, pronto se convirtió en un símbolo de supervivencia, ya que con ingredientes simples lograba alimentar a varias personas.
La preparación se popularizó y su fama traspasó fronteras, llegando hasta los pueblos de la Sierra de Albarracín, en Aragón. Allí, en localidades como Orihuela del Tremedal, la receta se adaptó a las condiciones de la zona, eliminando el bacalao y añadiendo ingredientes más accesibles. Esta evolución dio lugar a una versión aragonesa que aún hoy recuerda los inviernos duros y las costumbres rurales de la época.
DE LOS PASTORES A LA SIERRA DE ALBARRACÍN
Las montañas de Cuenca y Guadalajara, en Castilla-La Mancha, están separadas de Teruel por apenas unos kilómetros, lo que facilitó que las tradiciones y recetas viajaran de un lugar a otro. En pueblos como Orea (Guadalajara) y Orihuela del Tremedal (Teruel), separados por solo 8 kilómetros, esta receta encontró un nuevo hogar en Aragón.
Sin embargo, las necesidades y recursos de la zona provocaron cambios significativos en su elaboración. En la versión aragonesa, el bacalao, un ingrediente caro y difícil de conseguir en los pueblos de montaña, se sustituyó por pan, manteniendo la esencia de ser un plato económico, saciante y fácil de preparar.
UNA PREPARACIÓN SENCILLA Y SACIANTE PARA LOS INVIERNOS DUROS
En los pueblos de la Sierra de Albarracín, los inviernos eran especialmente duros. Nevadas que duraban semanas incomunicaban a las familias, quienes recurrían a esta receta para alimentarse con lo poco que tenían.
ASÍ SE PREPARA ESTA JOYA DE LA COCINA DE APROVECHAMIENTO
Aunque su elaboración ha ido cayendo en desuso, todavía quedan personas que recuerdan cómo hacer este plato. Aquí tienes el paso a paso de la versión aragonesa:
- Fríe los ajos: Coloca aceite en una sartén y fríe varios ajos hasta que estén dorados.
- Añade las patatas: Corta las patatas en láminas, como si fueran para una tortilla, y fríelas junto a los ajos.
- Incorpora el pan: Si tienes pan duro o del día anterior, remójalo ligeramente en agua y agrégalo a la mezcla.
- Mezcla y tuesta: Remueve todo con una espátula de madera hasta que la masa quede tostada. Si la mezcla está demasiado espesa, añade un poco de agua para ajustarla.
El resultado es un plato sabroso, contundente y perfecto para alimentar a toda una familia.
UNA TRADICIÓN QUE SE RESISTE A DESAPARECER
Este plato ha caído en desuso con el paso del tiempo, pero sigue siendo un símbolo de la cocina tradicional aragonesa y de la capacidad de las familias para adaptarse a los recursos disponibles.
La receta, que en su día fue una solución frente a la escasez, es hoy un testimonio de la creatividad culinaria de la Sierra de Albarracín y del legado compartido entre Castilla-La Mancha y Aragón.
Al final, todo este recorrido histórico y culinario nos lleva al plato que da nombre a esta historia: el atascaburras, una receta que sigue siendo un homenaje a la tradición y a la supervivencia en los inviernos más duros.

