La ruta más bonita del Pirineo aragonés no es un sendero, sino un conjunto de iglesias medievales

Pequeñas iglesias en enclaves mágicos que conservan intacta la esencia del románico lombardo.
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La ruta más bonita del Pirineo aragonés no es un sendero, sino un conjunto de iglesias medievales

Quien se adentra en los valles que rodean el río Gállego descubre un conjunto único de pequeñas iglesias románicas, dispersas por diminutas aldeas y colinas. Su arquitectura humilde, su historia milenaria y su localización privilegiada —con el valle de Tena como telón de fondo— convierten esta ruta en un viaje perfecto para los amantes del arte, la naturaleza y las historias antiguas.

Este conjunto lo forman 16 templos románicos datados entre los siglos X y XI, con las características propias del románico lombardo: edificaciones de pequeño tamaño, una sola nave rematada en ábside semicircular, decoración exterior sobria y torres-campanario estrechas que se alzan como auténticos vigías del paisaje pirenaico.

Joyas románicas en pueblos pequeños

Una de las claves de su encanto es dónde están. Muchos de estos templos surgen en aldeas prácticamente deshabitadas, o en mitad de prados que aún conservan su trazado medieval.

Entre las más destacadas está San Juan de Busa, conocida por su arcada única y su aura de misterio. Se suele decir que es una de las iglesias románicas más puras del Pirineo, y además es una de las que permanece abierta habitualmente.

Otro de los grandes referentes es San Pedro de Lárrede, uno de los templos más completos y representativos del estilo serrablés. Su torre, de planta cuadrada y ventanales enmarcados por arquillos lombardos, resume a la perfección el lenguaje arquitectónico de todo el conjunto.

También sobresale San Bartolomé de Gavín, construida en un paraje especialmente recogido, o San Martín de Oliván, cuya proporción y elegancia la han convertido en una de las favoritas de quienes recorren la ruta.

Cada templo tiene una pequeña historia que contar. Santa Eulalia de Susín, en un pueblo deshabitado desde hace décadas, es uno de los rincones más emocionantes del recorrido, San Andrés de Satué destaca por su estado de conservación y su torre campanario.

Santa Eulalia de Orós Bajo y San Miguel de Orna conservan detalles decorativos sobrios pero de enorme valor artístico y San Juan de Orús, San Miguel de Latre, San Martín de Ordovés o Santa María de Isún de Basa completan una ruta que es casi un viaje a los orígenes del románico pirenaico.

Cómo visitarlas y qué debes saber antes de ir

No todas las iglesias están abiertas de manera permanente. Algunas, como San Juan de Busa, San Martín de Oliván y San Martín de Ordovés, pueden visitarse libremente. 

Para quienes prefieren una visita más cómoda y didáctica, la Comarca del Alto Gállego organiza rutas guiadas que permiten conocer varios templos en una misma jornada, acompañados por especialistas que explican su historia, su arquitectura y el contexto en el que fueron levantados.

Y, para completar la experiencia, es imprescindible pasar por el Centro de Interpretación de las Iglesias del Serrablo, ubicado en Lárrede. Allí se entiende la magnitud histórica y artística de un conjunto que, pese a su aparente sencillez, se ha convertido en una referencia para estudiosos del románico europeo.

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