Jesús Olmos (39): el frutero y runner de Zaragoza que hace la maratón de Valencia en 2h10

Se levanta a las 3.30 para la frutería… y corre la maratón en 2h10: esta es la historia de la doble vida de Jesús Olmos, el fruterorunner de Zaragoza

Jesús Olmos, primero en la imagen, en la 10k de Camargo mientras hace 'de liebre' a la atleta olímpica Marta García / Cedida

En Miguel Servet 27, en el barrio zaragozano de Las Fuentes, hay una frutería que a primera vista parece una más. Se llama Espacio Kenko y, entre cajas de naranjas, plátanos perfectamente alineados y verduras recién llegadas de Mercazaragoza, se esconde la vida de uno de los mejores maratonianos de España.

Detrás del mostrador, con el delantal todavía puesto y las piernas cargadas de kilómetros, trabaja Jesús Olmos, 39 años, campeón de España de maratón y bronce mundial de 50 kilómetros. Lo conocen en redes como @fruterorunner. El apodo no es un invento de marketing: resume al milímetro una rutina que roza lo inverosímil.

De Mercazaragoza a la élite mundial

Su día comienza cuando la ciudad aún duerme. El despertador suena entre las 3.15 y las 4.00 de la madrugada. A esa hora, Jesús ya está de camino a Mercazaragoza para escoger cada pieza de fruta y verdura que luego llenará las estanterías de Espacio Kenko, el proyecto de alimentación saludable que comparte con su mujer, Sheila.

“Yo me ocupo de toda la parte de frutería. Hay que estar pronto si quieres buen género”, explica a HOY ARAGÓN sobre cómo aguanta ese ritmo. Muchas mañanas, antes incluso de descargar el camión, Jesús se escapa a hacer la primera sesión de entrenamiento del día: alrededor de las seis de la mañana, mientras la ciudad empieza a arrancar, él ya suma kilómetros de calidad.

Después, vuelta a la realidad del pequeño comercio: descargar, colocar, abrir la persiana y atender clientes “toda la mañana, sin parar”. A mediodía come en el propio local y aprovecha un sofá en el almacén para echar una siesta rápida, casi siempre demasiado corta.

Por la tarde llega la segunda sesión de entrenamiento en muchos días: series, rodajes largos o fuerza, dependiendo de lo que marque el plan. Solo entonces vuelve a la tienda para recoger, dejar todo listo y cerrar. De lunes a viernes, la misma secuencia. Los sábados, trabajo hasta mediodía. Los domingos, cuando no hay competición, descanso relativo.

“Mi vida es trabajar y entrenar. Sacrifico mucha vida social y horas de sueño. Pero si quieres algo grande, tiene un precio”, resume.

De unas zapatillas de regalo… a 2h10 en Valencia

Su historia en el atletismo es sorprendentemente reciente. No viene de la cantera de ningún club ni de categorías inferiores. Empezó a correr con 29 años, cuando Sheila le regaló unas zapatillas por su cumpleaños. Tardó meses en estrenarlas. Hoy, una década después, todavía le cuesta creerse el salto: “Si miro atrás, no termino de creer lo que he logrado en menos de diez años”, admite.

El pasado domingo, en la Maratón de Valencia, firmó una marca estratosférica: 2:10:16, mejorando en un minuto su anterior registro (2:11:26) y entrando en la posición 36 de más de 30.000 corredores. Todo eso, compaginando la preparación con su jornada completa en la frutería.

No es un caso aislado. Jesús es el vigente campeón de España de maratón, campeón nacional de 10 kilómetros y de 50 kilómetros en ruta, además de bronce individual y oro por selecciones en el Mundial de 50 km disputado en India en 2023. Compite con el Vicky Foods Athletics, uno de los equipos punteros de fondo, y cuenta con el apoyo de algunas empresas, pero no lo suficiente, reconoce, como para vivir únicamente del atletismo.

“Con lo que gano del deporte no llego para todos los meses. Por eso la frutería sigue siendo imprescindible. Es nuestro sustento”, explica.

Un matrimonio volcado en un sueño

Espacio Kenko no es solo un negocio: es la base logística del proyecto deportivo y vital de la pareja. Sheila organiza, sostiene el día a día y adapta su vida a las planificaciones de su marido. Viajes, descansos, inscripciones, todo gira alrededor de los entrenamientos y competiciones.

“Para nosotros es un esfuerzo enorme. Renunciamos a muchas cosas como pareja. Pero queremos demostrar que, aunque no tengas la vida de un atleta profesional, puedes estar con ellos en carrera y pelearles de tú a tú”, cuenta Jesús.

En Valencia lo volvió a hacer: se mantuvo todo el rato en el grupo de los mejores españoles, luchando por la mínima para el Europeo, hasta que en los últimos kilómetros se quedó ligeramente descolgado. La marca no le dio para el objetivo internacional, pero confirmó algo: su nivel está ya en la frontera de la élite absoluta.

Un frutero que inspira a miles de corredores populares

Entre pedido y pedido, su móvil acumula mensajes de aficionados que ven en él un espejo posible. Gente que trabaja ocho horas, que tiene familia, que llega cansada por la noche… y que, aun así, sale a correr.

“Muchos me dicen que cuando no tienen ganas se acuerdan de mí, de que hay alguien que se levanta de noche, abre una frutería y aun así entrena dos veces al día. Que soy su motivación. Eso es lo que más me llena”, confiesa.

Ese feedback le impulsa en los días duros, cuando el despertador suena demasiado pronto o las piernas pesan más de la cuenta. Y también cuando los cronos le recuerdan que el listón está cada vez más alto. “Sé que 2h10 no puede ser mi límite. Quiero seguir trabajando para bajar esa marca. No sé dónde está el techo, pero no quiero que sea ahí”, afirma.

Mientras tanto, cada mañana, antes de que amanezca en Zaragoza, Jesús Olmos seguirá cargando cajas de fruta y persiguiendo segundos en el cronómetro. En el interior de Espacio Kenko, entre colores de mercado y olor a cítricos, late una de las historias más extraordinarias –y silenciosas– del atletismo español actual.

Comentarios