El aeropuerto de Zaragoza vuela en carga pero no despega en pasajeros: ¿un modelo sostenible?
El Aeropuerto de Zaragoza cerró febrero con buenas noticias en carga y noticias tibias en pasajeros. Las 13.335 toneladas de mercancías transportadas suponen un crecimiento del 9,1% respecto a febrero de 2025, y el acumulado de los dos primeros meses del año ya suma 27.203 toneladas, un 14,2% más que en el mismo periodo del año anterior.
Son cifras que confirman la fortaleza logística del aeropuerto aragonés. Pero al otro lado de la balanza, los 43.485 pasajeros de febrero y los 89.820 del acumulado enero-febrero —un incremento del 2,2%— cuentan otra historia: la del aeropuerto que no termina de despegar como destino de viajeros.
La brecha entre ambos indicadores no es nueva. El Aeropuerto de Zaragoza lleva años construyendo su identidad sobre la carga, y lo ha hecho bien: es uno de los principales centros logísticos aéreos de España, con una posición privilegiada en el corredor del Ebro y una infraestructura adaptada al comercio electrónico y a la distribución de mercancías.
Pero esa especialización, que es su mayor fortaleza, es también su mayor vulnerabilidad. Un aeropuerto que crece en carga al 14% y en pasajeros al 2% es un aeropuerto que se aleja cada vez más del equilibrio entre sus dos fuentes de actividad.
El problema de depender de la carga
La dependencia logística no es un problema en sí misma mientras el sector funcione. El comercio electrónico, motor principal del crecimiento de la carga aérea en Zaragoza, ha sostenido cifras récord en los últimos años. Pero es un sector sensible a ciclos económicos, a cambios en los hábitos de consumo y, sobre todo, a decisiones de grandes operadores —Amazon, Inditex, los integradores de paquetería— que pueden redirigir flujos con relativa rapidez.
Si uno de esos grandes clientes reduce operaciones en Zaragoza o traslada parte de su actividad a otro hub europeo, el impacto sobre el aeropuerto sería inmediato y difícil de compensar con el tráfico de pasajeros en su estado actual.
El crecimiento del 18,3% en movimientos de aeronaves en febrero —796 operaciones— es llamativo, pero hay que leerlo con cautela: una parte significativa de ese incremento responde casi con certeza a operaciones de carga, no a nuevas rutas de pasajeros. El aeropuerto está más activo, sí, pero no necesariamente más diversificado.
Los pasajeros: un crecimiento que no convence
El 2,2% de crecimiento en pasajeros en los dos primeros meses del año es un dato modesto, especialmente si se compara con el 2,8% que registró el conjunto de la red Aena en febrero. Zaragoza crece, pero menos que la media nacional en el indicador que más determina la percepción pública de un aeropuerto y su capacidad de generar actividad económica más allá del sector logístico: el turismo de entrada, los viajes de negocios, las conexiones que facilitan la vida de los ciudadanos aragoneses.
El reparto entre tráfico nacional e internacional también da que pensar. De los 43.485 pasajeros de febrero, 27.789 viajaron a destinos internacionales y solo 15.274 a destinos nacionales. El aeropuerto de Zaragoza tiene más rutas internacionales —mayoritariamente de bajo coste— que conexiones con otras ciudades españolas, lo que limita su utilidad para los aragoneses que necesitan conectar con Madrid, Barcelona o el resto de la Península de forma frecuente y competitiva.
La pregunta que los datos no responden
Los números de febrero no responden a la pregunta de fondo: ¿tiene el Aeropuerto de Zaragoza una estrategia real para equilibrar carga y pasajeros, o asume que su futuro pasa por ser, cada vez más, un aeropuerto de mercancías con tráfico de viajeros residual?
Aena y las instituciones aragonesas han señalado en distintas ocasiones la necesidad de atraer nuevas rutas y operadores. Los resultados, de momento, son modestos. Mientras tanto, la carga sigue creciendo a doble dígito y los pasajeros, a un ritmo que en otro aeropuerto se llamaría estancamiento.
