Por qué los chips de diamante son mejores que los de silicio: la clave que se fabrica en Zaragoza

La SETT invierte 752 millones junto a Diamond Foundry para poner en marcha en Zaragoza la primera planta de semiconductores de diamante sintético de España con hasta 300 empleos directos.
El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, participa en el acto 'Siemens Transform 2026', en Madrid (España)
- Jesús Hellín - Europa Press
El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, participa en el acto 'Siemens Transform 2026', en Madrid (España) - Jesús Hellín - Europa Press

El silicio ha dominado la fabricación de microchips durante décadas. Pero tiene límites físicos que la industria lleva años intentando superar: a medida que los chips se hacen más pequeños y más potentes, el silicio se calienta demasiado, consume demasiada energía y no aguanta los voltajes más extremos.

La solución que se perfila como el siguiente paso en la microelectrónica es el diamante monocristalino sintético: un material con propiedades eléctricas y térmicas que superan no solo al silicio sino a todos los semiconductores alternativos conocidos.

Y ese material va a fabricarse en Zaragoza. La Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) ha formalizado una inversión de 752 millones de euros con la empresa estadounidense Diamond Foundry para poner en marcha en la capital aragonesa la primera planta de acabado de obleas de diamante sintético para semiconductores de España.

La operación, que suma una inversión total de 2.350 millones de euros hasta 2029, creará hasta 300 empleos directos en Zaragoza y otros 500 en Trujillo (Cáceres).

Por qué el diamante supera al silicio en los microchips

El diamante monocristalino sintético —conocido en la industria como SCD, de Single Crystal Diamond— tiene propiedades físicas que lo convierten en el material ideal para la próxima generación de semiconductores. Aguanta altos voltajes sin degradarse, funciona a altas temperaturas sin perder rendimiento y opera a altas frecuencias con una eficiencia que el silicio no puede igualar.

En términos prácticos, eso significa chips que consumen menos energía para hacer el mismo trabajo, que generan menos calor y que pueden funcionar en condiciones extremas donde el silicio falla: motores eléctricos de alto rendimiento, sistemas de defensa, equipos industriales, infraestructuras de telecomunicaciones de quinta generación.

Es un cambio de paradigma que la industria de semiconductores lleva años anticipando y que ahora empieza a materializarse industrialmente.

Qué se va a fabricar en Zaragoza

La planta de Zaragoza se centrará en las fases finales del proceso de producción de las obleas de diamante: el corte, el lapeado —alisado de alta precisión—, el pulido y la inspección de calidad. Son los pasos que transforman los lingotes de diamante monocristalino en obleas listas para ser procesadas como base de los microchips.

Esos lingotes se producirán en Trujillo (Cáceres), donde Diamond Foundry ya tiene instalaciones en funcionamiento y donde la operación prevé además la construcción de nuevas instalaciones para reforzar la producción.

La cadena de valor completa —de los lingotes en Trujillo a las obleas acabadas en Zaragoza— quedará así dentro de España, lo que es uno de los objetivos estratégicos del Perte Chip, el proyecto europeo que financia la operación.

La inversión: público y privado juntos

La operación se articula a través de una sociedad conjunta entre la filial española de Diamond Foundry, la SEPI Digital —filial de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales— e inversores privados. La SETT participa con un 32% del capital, lo que representa los 752 millones de inversión pública anunciados.

La inversión total hasta 2029 es de 2.350 millones de euros, lo que convierte esta operación en una de las más grandes del sector tecnológico en España en los últimos años. Está financiada a través del Perte Chip, que a su vez se nutre de los fondos europeos Next Generation EU del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

El Consejo de Ministros autorizó la operación a finales de 2025 y los trabajos para poner en marcha la planta de Zaragoza ya han comenzado.

El impacto en Zaragoza: 300 empleos y liderazgo tecnológico

Para Aragón, la llegada de Diamond Foundry supone algo más que una cifra de inversión. La planta de Zaragoza será la primera foundry de semiconductores SCD de España, lo que posiciona a la capital aragonesa en el mapa de la microelectrónica europea en un momento en que Europa está invirtiendo masivamente para reducir su dependencia de los fabricantes asiáticos y estadounidenses de chips.

Los 300 empleos directos previstos son empleos de alta cualificación en un sector con salarios muy por encima de la media. Y el efecto tractor sobre la industria auxiliar, la logística y los servicios tecnológicos asociados multiplicará ese impacto en el tejido productivo aragonés.

Los centros de Trujillo y Zaragoza abastecerán a grandes compañías del sector de semiconductores y a industrias como la defensa y la automoción, dos de los sectores con mayor demanda de chips de alto rendimiento en Europa.