La historia incansable del Grupo San Valero: de 14 alumnos en 1953 a más de 17.000
¿Cuántos ciudadanos, aragoneses y no aragoneses, han sido educados en alguno de los centros del Grupo San Valero? Es una pregunta de difícil respuesta. La institución académica, que fue fundada en Zaragoza en 1953, cuenta hoy con cinco entidades, incluída la Universidad San Jorge, en las que se imparten prácticamente todos los niveles educativos (Secundaria, Bachillerato, Formación Profesional, Formación Contínua y Formación Universitaria), en modalidades presencial y online.
Pero esta amplísima oferta que hoy ofrece a la sociedad poco se parece al germen de la entidad, hace más de 70 años, en el zaragozano barrio de Delicias. Hay que hacer un ejercicio, bien de memoria, bien de imaginación, llegados a este punto: por entonces, el hoy vibrante y consolidado distrito había crecido desde los años 40 de forma rápida y desordenada, a consecuencia de la inmigración procedente de los pueblos, personas que abandonaban una España predominantemente rural atraídas por la incipiente industrialización. Era habitual que las viviendas fueran construidas por los que serían posteriormente sus residentes, con sus propias manos y en su tiempo libre.
Como explica Ángel García de Jalón, anterior presidente del grupo educativo, en su libro sobre los orígenes, en Delicias abundaban las casas de una sola planta, denominadas 'parcelas', que se comunicaban con el centro de la ciudad gracias a uno de los primeros tranvías de Zaragoza, la línea 5. Dejando atrás la Guerra Civil y la pobreza que produjo, entre 1950 y 1960 Zaragoza aumentó su población un 24%, consolidando el barrio hasta convertirse en el más poblado de la ciudad, con casi 80.000 habitantes, título que mantiene hasta hoy.
En ese marco, por un lado con una población cada vez más numerosa y, en muchos casos, analfabeta, llegada a la ciudad prácticamente con lo puesto y, por otro, una industria cada vez más pujante que necesitaba más y más mano de obra, había un agujero que alguien debía ocupar: la formación. Como primera respuesta al drama social que se producía en muchas ocasiones, en los peores casos con familias viviendo en chabolas en zonas como Valdefierro, o incluso cuevas horadadas en las antiguas graveras del monte del Castillo Palomar, desde el Centro Parroquial de Acción Católica se constituyeron las Conferencias de San Vicente de Paúl, adscritas a la parroquia, pero de facto independientes.
Mejor una caña que un pez
Su actividad se basaba, inicialmente, en atender a estas personas desfavorecidas, y se percataron muy rápido que las que se encontraban en peores condiciones eran los peones sin oficio. De hecho, el término 'peonaje' definía el nivel inferior en la escala laboral. Y ya se sabe que, al que tiene hambre, mejor que darle un pez, es darle una caña de pescar. Con esta filosofía surge la idea de crear un centro de capacitación, para lo que fue creada la Junta de Obras Sociales de la Parroquia San Valero, precursora de los posteriores patronatos de la escuela.
La primera reunión de la Junta tuvo lugar el 10 de octubre de 1952, presidida por Ángel García de Jalón, de profesión fotógrafo. Viendo las actas de sus reuniones, sorprende apreciar su ambición pese a la falta de recursos, con propuestas como la construcción de viviendas sociales o la creación de un centro formativo. El empuje de la Junta fue clave para que el 10 de octubre de 1952 el proyecto tomara forma. Jesús García Artal, secretario de la organización y metalúrgico de profesión, propuso empezar con un curso de formación profesional en las ramas del metal y el automóvil, en horario nocturno, después de la jornada laboral.
El primer curso comenzó oficialmente el 5 de abril de 1953, con 14 alumnos matriculados. Finalizó el 18 de junio, y entonces ya sumaba 52 estudiantes que se habían ido incorporando. Por entonces, el marketing se basaba en el boca a boca y está claro que el abandono escolar no era un problema.
Para el curso 53-54, el centro ya contaba con 108 alumnos entre 16 y 18 años, y fue entonces cuando se acuñó el nombre Escuela Profesional de San Valero. En los primeros años, se daban clases teóricas en materias como Lectura y Escritura, Nociones de Cálculo, Aritmética, Geometría, Física y Mecánica, Dibujo Industrial... Las primeras prácticas versaban sobre conocimientos de Torno, Carpintería, Raditécnia o Calderería, entre otros. La instalación del primer taller pronto se quedó pequeña y tuvieron que recogerse fondos para poder alquilar un local en la calle Unceta, cuyas instalaciones se estrenaron el 29 de enero, día de San Valero, de 1954.
El camino hacia la oficialidad y cambios de sede
El hoy Grupo San Valero, desde esos inicios que fueron resultado de la necesidad de la población, tuvo que hacer frente a una evolución marcada por lograr el reconocimiento de las enseñanzas que impartían. El primer paso se dio en 1959, cuando la Escuela de Aprendizaje fue declarada 'Centro No Oficial Reconocido' por parte de la Dirección General de Enseñanza Laboral. La subvención por ello fue de 2.000 pesetas por alumno, y 100.000 para la compra de maquinaria para los talleres. Esta nueva situación facilitó, además, la concesión de créditos por parte de la Caja de Ahorros.
En 1961 se inauguraron las nuevas instalaciones, ubicadas en el número 11 de la calle Jardines, hoy calle Juan XXIII. No fue hasta 1970 cuando empezaron a impartirse los estudios de Formación Profesional de 1º y 2º grado. En ese año también arrancaron los estudios de EGB, en sus últimos tres cursos, de 6º a 8º. Asimismo entonces se autorizó al centro a impartir las enseñanzas de Maestría Industrial.
Los primeros conciertos educativos con el Ministerio de Educación y Ciencia no se produjeron hasta 1986 y, poco después, en mayo de 1987, la escuela se trasladó al nuevo edificio construido a expensas de la diócesis en la calle Violeta Parra, lo que supuso abandonar Delicias, el barrio originario. A partir de entonces, la institución educativa ha multiplicado sus centros, siendo de especial importancia la inauguración de la Universidad San Jorge, el primer centro universitario privado fundado en Aragón, que nació en 2005.
Cinco centros, más de 17.000 alumnos
Hoy en día, el Grupo San Valero contribuye al desarrollo de la sociedad a través de una información integral, basada en valores, y muy enfocada a la empleabilidad. El Centro San Valero constituye el decano de sus cinco centros educativos, ofreciendo formación en Educación Secundaria, Bachillerato, Formación Profesional Básica y Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior. En modalidades presencial, online y dual, dispone además de un Centro de Formación Contínua y Ocupacional. En el último curso (2023-2024), contó con un total de 3.844 alumnos.
Por su parte, el CPA Salduie es un centro de formación con titulaciones oficiales de FP en audiovisuales, marketing y salud. Pionero en la modalidad online, cuenta con instalaciones y equipos técnicos de alto nivel, así como con un contacto directo con el mundo empresarial. El pasado curso dio formación a 749 estudiantes.
También forma parte del Grupo San Valero el centro de formación online Estudios Abiertos SEAS, con 2.840 alumnos el curso pasado, con un claro propósito de acompañar a profesionales, tanto nacionales como internacionales, desde el prisma de la formación contínua, con el fin de alcanzar nuevas metas en sectores como el industrial, hostelería, turismo, diseño, deporte, veterinaria y estudios de FP online.
Menos conocida por los aragoneses es tal vez la Fundación Dominicana Fundosva, integrada por tres centros y por la nueva Universidad Dominicana San Valero (UNISVA). Ofrece bachilleratos técnicos, formación continua, carreras de nivel técnico superior, y educación primaria y secundaria para adultos. Constituye, con 3.840 estudiantes en el curso 23-24, un proyecto de cooperación al desarrollo impulsado desde Aragón.
Y, como no, la Universidad San Jorge (USJ), con su campus de 22 hectáreas y 4.169 alumnos, dedicada a la docencia y la investigación, y promoviendo estudios para dar respuestas reales de la sociedad actual. Esta misma filosofía, aunque con una dimensión mucho más humilde, fue la que impulsó en los orígenes a lo que hoy es el Grupo San Valero.
Actualmente, con unos 1.200 trabajadores, es una de las entidades académicas más relevantes a nivel nacional, con su sede central en la plaza San Cruz de la capital aragonesa. Durante su recorrido, ha sido clave para el desarrollo de Zaragoza en particular y Aragón en general, por aquel entonces en pleno desarrollo industrial y hoy uno de los territorios más pujantes del país, imán para las empresas y generador de empleos de alta cualificación.