Raúl Benito: el oscense con buen rollo que llena Aragón de café de Colombia

El presidente de Eboca visita HOY ARAGÓN para charlar sobre el desarrollo de una de las empresas aragonesas más reconocidas y singulares, su manera de hacer las cosas y, sobre todo, de café.
Raúl Benito, presidente de Eboca / Diseño: HOY ARAGÓN / Fotografía: Álvaro Calvo

¿Cuántas vivencias giran en torno a un café? Una conversación familiar, el cierre de un trato, la primera cita con un gran amor... Es solo un café, pero puede ser mucho más, y verlo así, en toda su dimensión, puede marcar la diferencia en alquien que se dedica a él.

Raúl Benito (Huesca, 1963) es el presidente de Eboca, la empresa aragonesa que está llenando la Comunidad de máquinas de café con una forma de hacer las cosas que nada tiene de convencional. A pesar de que ya cuenta con 44 años de historia, "se nos percibe como una compañía joven", apunta Benito. Su apuesta por una estética desenfadada queda plasmada, por ejemplo, en Valeria y Lorenza, las dos vacas bautizadas en honor a los patrones de Zaragoza y Huesca, y que se han convertido en un punto de referencia en la autovía que conecta las dos ciudades.

A día de hoy, Eboca cuenta con un equipo de 60 personas y factura 8 millones de euros anuales. "Parece que no es una gran cifra, pero en nuestro ámbito sí lo es", precisa. De hecho, la empresa es líder en Aragón y se encuentra en la posición 12 del ránking nacional, teniendo en cuenta que en España operan multinacionales del sector. Lo que sí han sabido hacer es estar presentes en el día a día de los ciudadanos, con un grado de reconocimiento de marca muy alto, y no solo en la Comunidad, dado que también tienen presencia en zonas como Lérida y su entorno metropolitano, así como en Valencia.

"Nos perciben más grandes de lo que somos porque hacemos las cosas como si fuéramos más grandes", señala el presidente de Eboca. "Nos gusta hacer bien nuestro trabajo y, a veces, se nos apodera la pasión y destinamos más recursos de lo deberíamos por nuestro tamaño", confiesa. Un ejemplo es la apuesta total por la calidad: el café de Eboca es 100% colombiano, reconocido mundialmente por su sabor equilibrado y suavidad. 

Café ecológico y de comercio justo

"No somos nada representativos de lo que se hace en nuestro sector", indica Benito. Adquieren el producto en origen, tratando directamente con pequeñas cooperativas en la Sierra Nevada del país sudamericano. Están certificadas en comercio justo y el 100% del café es ecológico. El proceso es que en cada cosecha se obtengan unas muestras para validarlo y, posteriormente, se envíe directamente el café a España en contenedor en barco y en camión hasta su tostadero, sin intermediarios y con una trazabilidad absoluta, para ser tostado en las instalaciones de Eboca de mano de su maestro tostador.

"Elegimos Colombia porque, en primer lugar, es un buen origen para el café de calidad, contando además con una buena reputación", explica Benito. Además, "dimos con una zona que nos gustaba y con unas cooperativas con las que conectamos", añade. Se trata de un producto de una calidad "que no se suele ver en el sector en el que estamos", indica. "Aspiramos a ofrecer una experiencia exquisita y de lujo a un precio que pueda pagar cualquiera", indica.

Pero hay otro ingrediente que es clave y que podría arruinar todo el buen hacer que se lleva a cabo con el café: la leche. "En España, el 85% de los cafés que se toman llevan leche en alguna medida", desvela Benito. A diferencia de la gran mayoría cafés de máquina, que utilizan preparados en los que la presencia de la leche puede ser inferior incluso al 17% -de hecho los hay con un 0%- , en Eboca utilizan leche 100%. "Hacerlo implica, por una parte, que sea más costoso y, por otra, que requiera una mayor atención en la conservación y la limpieza", explica.

"Tenemos la gran suerte de que nos dedicamos a algo que conecta con momentos bonitos: de interacción personal, creativos, de armonía...", señala el presidente de Eboca. Ese punto de vista es tal vez el que genera la energía positiva, de 'buen rollo' que destila la compañía y personifica perfectamente Raúl Benito.

Audaces y rebeldes

'Audaces y rebeldes', reza el cartel de Eboca en la autovía de Huesca. "No nos gusta hacer las cosas como las hace todo el mundo, porque eso es un peñazo", señala Benito. Esa filosofía es tal vez la que ha llevado a la compañía a situarse en el lugar que ocupa y que los ciudadanos la reconozcan. Y hubo un momento clave: 2010. "Ahí nos dijimos a nosotros mismos que debíamos ser como éramos, sin complejos, gestionando las cosas como queríamos gestionarlas, porque hacer el trabajo como lo quieres hacer es una gran fuente de energía y felicidad", apunta.

Esa mentalidad supone, además, una visión holística de lo que significa la palabra 'empresa'. Benito lo explica bien: "Me cabreo mucho cuando dicen que las empresas están para ganar dinero, porque eso no es así; para ganar dinero están los accionistas, y las empresas son mucho más que sus accionistas. Decir que las empresas están ahí para ganar dinero es una barbaridad del mismo calibre que decir que las humanos estamos para respirar. Evidentemente, si no respiras te mueres, y las empresas necesitan ganar dinero para mantenerse a flote, pero son mucho más que sus accionistas: son sus empleados, sus proveedores, sus clientes..."

Un ejemplo de este modus operandi se vivió en la pandemia: "Desde el minuto uno pusimos nuestros servicios de café gratuitos al personal sanitario, el sector de emergencias y el de orden público", recuerda. Algo menos conocido es que, al llegar el COVID, Eboca se encontraba con una posición de caja muy buena, lo que motivó la decisión de liquidar todas las cuentas que tenían con pequeños proveedores y pymes, anticipando todos los vencimientos. Asimismo, durante bastante tiempo les compraron al contado, con el fin de que pudieran defenderse mejor en una situación complicada. Eso permitió que "se crearan vínculos mágicos con nuestros proveedores", señala.

En el ámbito de la sostenibilidad, las máquinas de Eboca no utilizan depósitos de usar y tirar, sino que se vacían, se limpian y vuelven a colocarse para su uso. Asimismo, los residuos de café se utilizan para abonar cultivos, concretamente los de las vides de otra empresa aragonesa muy reconocida: Viñas del Vero.

Estas y otras muchas cosas hacen de Eboca una compañía singular que mira al futuro con voluntad de desarrollo, pero siempre con esa filosofía inquebrantable. "Nuesta asignatura pendiente es crecer en tamaño, tenemos que ser audaces en este ámbito como lo hemos sido en otros para poder llevar a cabo ciertas iniciativas que con nuestra dimensión no podemos hacer", desvela Benito. Por su cabeza ya están los siguientes pasos que debe emprender Eboca y, visto lo visto, serán cualquier cosa menos predecibles y convencionales.

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