Cuando Zaragoza tenía decenas de cafés que eran la envidia de Europa
Zaragoza es una ciudad de cafés... Además de las cadenas que podemos ver en cualquier ciudad, la capital aragonesa está repleta de cafés acogedores y con mucha personalidad ideales para tomarse un buen café caliente, leer la prensa, trabajar un rato o disfrutar de una tertulia con amigos.
El Café Botánico, Doña Hipólita, el Café Nolasco, Rumore Café, Matisse o Justicia Café son algunas de esas direcciones que mantienen viva la tradición de cafés de Zaragoza. Si olvidarnos, por supuesto, del histórico Café de Levante.
Porque Zaragoza, desde hace muchas décadas, es una ciudad con tradición de cafés. Y a diferencia de los cafés que podemos ver hoy, que en general son de pequeño tamaño, hace unos cuantos años, Zaragoza tenía cafés que llamaban la atención por su tamaño y por la decoración que poseían.
La pena es que, mientras que otras ciudades han conservado esos establecimientos, con ejemplos como el Café Gijón de Madrid, o el Iruña de Pamplona o el Nueva York en Budapest, en Zaragoza esos locales que causaban admiración en su momento, fuero desapareciendo por una falsa y cateta modernidad que piensa que renunciar al pasado es símbolo de modernidad.
Y cuando decimos que esos locales ya desaparecidos causaban admiración, no es algo baladí ni una exageración. El Café Ambos Mundos es el mejor ejemplo de esa generación de cafés que animaban la vida social de la capital aragonesa entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. De hecho, había viajeros que calificaban a Zaragoza como la ciudad de los cafés.
EL CAFÉ MÁS GRANDE DE EUROPA ESTABA EN ZARAGOZA
El Café Ambos Mundos estaba situado en el Paseo de la Independencia, junto a la actual calle de Casa Jiménez. Y en su momento, era considerado el café más grande de Europa, estando al nivel de los locales que podían verse en París, Viena o Budapest.
Fue inaugurado en 1881, y estuvo abierto hasta 1955, siendo un referente en todo el país por su tamaño y elegancia. El café tenía un gran salón ricamente decorado, con elegantes columnas decimonónicas fabricadas en hierro, ricos artesonados en sus altos techos, y más de 200 mesas de mármol para acoger a casi 2.000 personas.
El café contaba con 28 ventanales que le daban luminosidad, un jardín para disfrutar de agradables veladas veraniegas, y tenía conciertos a diario, para alegría de su clientela. A diferencia de otros cafés donde había tertulias culturales o económicas, el Ambos Mundos era famoso por sus tertulias políticas.
Pero el Ambos Mundos no era el único gran café que animaba la vida de los zaragozanos del momento. En la capital aragonesa, además de decenas de pequeños cafés, había numerosos cafés icónicos, como el café Gambrinus, inaugurado en 1889 y (situado en la entonces plaza de la Constitución, actual plaza de España, seguía el estilo de las brasseries parisinas. y estuvo en funcionamiento hasta 1968.
El café del Suizo abrió en 1847 en el Paseo de la Independencia en el local que había sido ocupado por el café de las Delicias. El café tenía dos grandes salones, y contaba con una elegante decoración en la que predominaban las columnas de forja, las mesas de mármol, los divanes de terciopelo rojo...
El Café Moderno, situado en el chaflán del Coso con la calle Alfonso, era famoso por su gran marquesina, y por su interior repleto de columnas de forja, artesonados, grandes espejos, o por las esculturas femeninas que decoraban sus paredes. También era famoso el Nuevo Café de París.
Este local, inaugurado en 1910, estaba situado en los bajos del Palacio de Sástago, y con su marquesina y su decoración, buscaba imitar a los grandes cafés parisinos. Locales como el Café Niké (situado en la calle Cinco de Marzo, y cerrado en 1968, era famoso por sus tertulias), el Oriental, el Royalty, el Salduba, el Goya o el Alaska también contribuyeron a forjar esa cultura del café tan arraigada entre los zaragozanos.

