La cara oculta del SMI: el campo y el trabajo doméstico pierden 207.000 trabajadores en siete años
El salario mínimo interprofesional subió un 61% entre 2018 y 2025. Una cifra que sus defensores presentan como un logro histórico para los trabajadores más vulnerables.
Pero hay dos sectores que cuentan una historia muy diferente: el campo y el trabajo doméstico llevan siete años perdiendo afiliados de forma ininterrumpida, y la CEOE apunta directamente a esa subida como uno de los factores que explica la sangría. Los datos de la Seguridad Social no dejan mucho margen para la interpretación.
El Sistema Especial Agrario ha perdido casi 139.000 afiliados medios desde diciembre de 2018. El Sistema Especial del Hogar, otros 67.600.
En total, más de 207.000 trabajadores que han desaparecido de las estadísticas en sectores con márgenes estrechos, alta dependencia de mano de obra y escasa capacidad para absorber incrementos de costes laborales. El SMI pasó de 735 euros en 2018 a 1.184 en 2025, con una nueva subida en 2026 hasta los 1.221 euros mensuales.
Un incremento acumulado del 83,5% entre 2014 y 2025 que, para la patronal española, tiene un coste humano y económico que las estadísticas oficiales de empleo no siempre reflejan con claridad.
El campo no aguanta más. El Sistema Especial Agrario cerró 2025 con 672.439 afiliados medios, su cifra más baja en años, y lleva perdiendo empleo sin interrupción desde 2018. La mecanización progresiva, el envejecimiento de la población activa y la ausencia de relevo generacional son factores estructurales que llevan décadas presionando al sector.
Pero se suman otros más recientes: la falta de rentabilidad de los productos agrícolas, la competencia de importaciones de terceros países que hunden los precios y los estragos climáticos de los últimos años, entre sequías e inundaciones que han golpeado duramente a las explotaciones más vulnerables.
Para la CEOE, el coste laboral ha sido el detonante que ha acelerado un declive que de otro modo hubiera sido más gradual. Contratar jornaleros se ha vuelto inasumible para muchas explotaciones pequeñas y medianas que operan con márgenes mínimos.
La situación del SMI en el hogar: ¿qué ocurre?
En el hogar, el problema tiene otra cara. Los sindicatos no comparten el diagnóstico de la patronal. Para las organizaciones de trabajadores, la caída de afiliados domésticos tiene más que ver con la pandemia y con las reformas laborales de 2022, que reconocieron nuevos derechos a las empleadas del hogar: derecho al paro, eliminación del desistimiento, obligación de contrato escrito y alta en la Seguridad Social. Más derechos, argumentan, han revalorizado el trabajo y reordenado un sector que funcionaba con demasiada informalidad.
El sindicato USO lanza una advertencia que merece atención: parte del empleo doméstico no ha desaparecido, sino que se ha refugiado en la economía sumergida. Trabajadoras cobrando en negro, sin contrato, sin protección social, sin derecho al paro. La subida del SMI, lejos de protegerlas, las habría empujado fuera del sistema. Una consecuencia no buscada que deja a los trabajadores más vulnerables en la situación más precaria posible.
La paradoja que emerge de todos estos datos es difícil de ignorar. La demanda de cuidadores de mayores, de personal doméstico y de mano de obra agrícola no ha caído, sino todo lo contrario.
La sociedad española envejece, las familias necesitan ayuda y el campo sigue necesitando manos. Hay más necesidad y menos trabajadores registrados. Algo no cuadra. Y el debate sobre si el SMI protege o expulsa a quienes más lo necesitan acaba de volver a la mesa con datos que no admiten interpretaciones cómodas para ninguno de los dos lados del argumento.
La CEOE lo resume con precisión en su informe de febrero: la evolución decreciente de ambos sistemas especiales contrasta con una mayor demanda de este tipo de personal. Dos líneas que van en direcciones opuestas y que dibujan un mercado laboral con una fractura que las políticas de salario mínimo, por sí solas, no parecen capaces de resolver.
