Aliança Catalana ya empata con Junts como tercera fuerza y amenaza el equilibrio político en Cataluña
Cataluña vive el ascenso más inesperado de la última década. La formación ultranacionalista Aliança Catalana (AC), liderada por Sílvia Orriols, alcanza un empate técnico con Junts per Catalunya en el último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), el equivalente catalán al CIS.
Según la encuesta, ambas fuerzas obtendrían entre 19 y 20 escaños, lo que sitúa a la organización surgida en Ripoll a la altura del partido de Carles Puigdemont, que sufriría una caída histórica respecto a las últimas elecciones autonómicas.
De Ripoll al Parlament: un ascenso meteórico
Aliança Catalana apenas cuenta con dos diputados en el Parlament, pero su discurso independentista radical, identitario y fuertemente xenófobo ha calado entre votantes desencantados con Junts. Según el CEO, una de cada cinco fugas de voto posconvergente va directamente a AC, un fenómeno que explica tanto el auge del partido de Orriols como el desplome de Junts, que perdería entre 15 y 16 diputados respecto a los 35 logrados en mayo de 2024.
Este descalabro interno explica los movimientos recientes del partido de Puigdemont, como el anuncio —aún ambiguo— de romper con Pedro Sánchez mientras, a la vez, continúa colaborando puntualmente en votaciones estratégicas. La presión de alcaldías, cuadros territoriales y el temor a una sangría electoral han empujado a Junts a intentar recuperar protagonismo en el eje identitario.
Pese al empate en escaños, Junts continúa superando en votos a AC, con una diferencia de 14 a 12 puntos. Sin embargo, la tendencia dibuja un cambio de ciclo.
El discurso del miedo y el voto de castigo
El CEO muestra que las principales preocupaciones de los catalanes son inseguridad, inmigración y vivienda, tres temas capitalizados con éxito por Orriols. Su partido ha logrado situar un mensaje que combina anticasta, soberanismo excluyente y rechazo a la inmigración, moldeado para un electorado frustrado tanto con el procés como con la situación económica.
El fenómeno no sólo sitúa a una extrema derecha independentista en el centro del tablero catalán, sino que amenaza con bloquear futuras mayorías, ya que ningún partido de izquierda —incluyendo la CUP— contempla pactar con AC.
PSC ganaría de nuevo y ERC recupera terreno
El PSC volvería a imponerse en unas hipotéticas elecciones, aunque perdería entre dos y cuatro escaños, situándose entre 38 y 40 diputados, frente a los 42 actuales. Salvador Illa caería del 27,96% al 25,7% en apoyo electoral, pero mantendría una ventaja holgada.
ERC, tradicional segunda fuerza del independentismo, recupera pulso y escalaría hasta los 22-23 diputados, con un 15,6% de voto, desbancando a Junts como alternativa dentro del soberanismo moderado. Los comunes, por su parte, se mantienen con 6 escaños, estabilizados en su espacio ideológico.
Vox crece y supera de nuevo al PP
El auge de la extrema derecha no se limita a Orriols. Con un discurso paralelo en claves de seguridad e inmigración, Vox también crece, pasando de 11 a 13-14 escaños, mientras el PP catalán retrocede a 12-13, después de su extraordinario crecimiento en 2024.
El resultado supondría un escenario insólito: la extrema derecha —independentista y españolista— podría concentrar hasta 34 escaños, frente a los 13 actuales, es decir, una cuarta parte del Parlament.
La suma de PSC, ERC y comunes (entre 65 y 69 diputados) permitiría reeditar el actual tripartito, mientras que una alianza independentista amplia no sumaría, incluso incluyendo a la CUP y a AC, fuerza incompatible con la izquierda soberanista.
Todo indica que Cataluña entra en una nueva fase: menos procés y más identitarismo social, donde la extrema derecha, independentista o no, se convierte en referente para miles de votantes que ya no buscan independencia, sino protección. Un fenómeno que puede reconfigurar no sólo la política catalana, sino también la española.

