¿Cómo sería la hora en España si se termina con su cambio para siempre? La propuesta de Sánchez
El Gobierno moverá ficha para que Europa deje de adelantar y atrasar el reloj dos veces al año. Pedro Sánchez anunció este lunes que España hará valer el “voto mayoritario” en contra del cambio horario en el Consejo de la UE y que planteará formalmente la supresión del sistema en la reunión del Consejo de Transportes, Telecomunicaciones y Energía, a la que asisten los ministros del ramo de los Veintisiete.
“El cambio de hora no supone ya un ahorro energético y la ciencia es clara: altera los ritmos biológicos”, defendió el presidente. Moncloa subraya además que el 66% de los españoles es partidario de acabar con la práctica, según los datos que maneja el Ejecutivo.
Una oportunidad de calendario: 2026, año clave
El marco legal de los cambios de hora es común para toda la UE y se renueva en bloques de cinco años. La planificación vigente concluye en 2026, lo que abre una ventana para revisar —o suprimir— la norma. España quiere aprovechar esa caducidad para reactivar un debate que la propia Unión dejó a medias antes de la pandemia.
Bruselas ya recorrió este camino: en 2018, la Comisión propuso eliminar los cambios tras una consulta pública con 4,6 millones de respuestas, de las que el 84% pidió acabar con la práctica. Un año después, el Parlamento Europeo respaldó la idea por amplia mayoría (63%). El proceso se encalló en el Consejo, donde los Estados miembros no lograron una mayoría cualificada ni sobre el fin del sistema ni sobre un punto especialmente delicado: qué horario mantener después.
¿Qué horario elegiría España?
Es la gran pregunta, y por ahora no tiene respuesta oficial. En 2018 España no fijó posición sobre si preferir un horario de invierno fijo, verano fijo o ajustarse al huso “natural” y dejarlo estable. La opinión pública se inclina por la opción de verano: una encuesta del CIS (noviembre de 2018) reflejó que el 65% prefería mantener el horario estival.
La comunidad científica, sin embargo, se decanta mayoritariamente por el horario de invierno (estándar), al considerar que se alinea mejor con los ritmos circadianos, evita amaneceres excesivamente tardíos en otoño e invierno y reduce los efectos sobre el sueño y el rendimiento, especialmente en escolares, mayores y trabajadores a turnos.
Fuentes gubernamentales admiten que, si la UE da luz verde al fin del cambio, España abrirá un proceso de escucha técnica y social con sanitarios, educadores, patronales, sindicatos, Comunidades Autónomas y sectores sensibles (transporte, comercio, turismo), para minimizar impactos y buscar coordinación con los países del entorno.
Adiós al argumento del ahorro
El corazón del anuncio del presidente se apoya en dos ideas: el ahorro energético que justificó el sistema en los años 80 ha dejado de ser significativo en un mix eléctrico y unos usos de consumo muy distintos a los de hace cuatro décadas; y el coste en salud por los cambios repetidos de hora —alteraciones del sueño, cansancio, más errores y accidentes los días posteriores— no compensa.
Además del componente sanitario, el Gobierno incide en la vida cotidiana: “Es una cuestión de sentido común y bienestar”, sostienen fuentes de Moncloa, que apelan a la necesidad de “sincronizar Europa con la gente, no con el reloj”.
Qué pasa si Europa vuelve a retrasarse
Para suprimir el sistema hacen falta dos pasos: propuesta (Comisión/Estados) y acuerdo del Consejo con mayoría cualificada. Si no hay pacto antes de 2026, el calendario común se renovaría y los países seguirían adelantando en marzo y atrasando en octubre.
Si lo hay, cada Estado tendrá que elegir horario y coordinarse con sus vecinos para evitar un mosaico horario que complique el mercado interior, los transportes, las telecomunicaciones y la vida transfronteriza.



