Sánchez propone terminar con el cambio de hora en España y en la UE desde 2026

España propondrá a la Unión Europea suprimir de forma definitiva el cambio horario a partir de 2026.

Adiós a adelantar y atrasar el reloj dos veces al año. España propondrá a la Unión Europea suprimir de forma definitiva el cambio horario estacional a partir de 2026. “No tiene sentido seguir cambiando el reloj dos veces al año”, ha defendido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que enmarca la iniciativa en tres argumentos: una medida “obsoleta” que ya no aporta ahorro energético, un rechazo mayoritario de la ciudadanía y evidencia científica sobre los efectos negativos del cambio en la salud.

La ventana de oportunidad es real. El calendario común de cambios de hora lo aprueba la Comisión Europea por periodos de cinco años y vence en 2026. España quiere llevar al Consejo la supresión del sistema y pide a sus socios que se sumen. “Es una cuestión de sentido común, bienestar y coherencia con la ciencia”, señalan fuentes del Ejecutivo.

De la bombilla al ‘smartphone’: por qué se cuestiona ahora

El cambio horario nació en 1980, en plena construcción del mercado común, para aprovechar la luz natural y ahorrar energía armonizando horarios de invierno y verano. Cuatro décadas después, los hábitos sociales, la iluminación eficiente, la automatización industrial y un consumo eléctrico cada vez menos vinculado a la luz diurna han vaciado de contenido el objetivo original.

La ciudadanía también ha cambiado de opinión. En la gran consulta pública que impulsó Bruselas en 2018, el 84% de los 4,6 millones de participantes pidió eliminar los cambios. En España, los datos del CIS (2022) apuntan en la misma dirección: el 65% prefiere un horario único todo el año.

La salud, en el centro del debate

Más allá de la factura de la luz, la cronobiología ha entrado en la conversación pública. Cambiar la hora en marzo y octubre desajusta los ritmos circadianos: altera el sueño, agrava el cansancio en trabajadores a turnos, estudiantes y mayores, y puede incrementar errores y accidentes los días posteriores. “Los relojes biológicos no entienden de decretos”, resumen los especialistas.

Aquí surge el matiz clave: qué horario dejar. La evidencia científica se inclina por el horario de invierno (el estándar), que resincroniza mejor con los ciclos de luz y evita amaneceres demasiado tardíos en otoño e invierno. La percepción social, en cambio, suele decantarse por el horario de verano por la luz vespertina. Según el CIS, 7 de cada 10 españoles dicen preferir “los tiempos del verano”.

La vida real: ¿qué cambiaría?

Donde la jornada se estira entre clases, turnos industriales y servicios, la decisión toca la vida cotidiana. Con horario de invierno todo el año, el amanecer llegaría antes en otoño e invierno, lo que mejora el rendimiento matinal en escuelas y trabajos tempranos y reduce la sensación de empezar el día “a oscuras” durante demasiadas semanas. A la vez, las tardes invernales caerían un poco antes, con impacto en comercio de tarde, deporte escolar y hostelería al aire libre.

En primavera y verano, mantener el estándar implicaría atardeceres algo más tempranos, lo que puede favorecer el descanso en olas de calor, pero también restar luz a actividades vespertinas. El tejido empresarial aragonés —logística, agroalimentario, turismo de naturaleza— pide previsibilidad y consenso: “Peor que una mala decisión es una decisión a medias”, resume un directivo del sector servicios consultado por este diario.

Europa, atascada desde 2019

La UE ya rozó el cambio. Tras la consulta de 2018, la Comisión Europea propuso suprimir la práctica y el Parlamento Europeo lo avaló en 2019. ¿Qué falló? El Consejo, donde se sientan los gobiernos nacionales, nunca logró una mayoría cualificada: faltó acuerdo sobre qué huso mantener y cómo coordinar la transición para evitar una Europa mosaico con fronteras horarias arbitrarias.

España vuelve ahora a la carga recordando que “dos de cada tres españoles están a favor de acabar con el cambio” y que Bruselas y Estrasburgo ya dieron su visto bueno. “Falta que el Consejo dé el paso”, insisten en Moncloa. El mensaje político busca calar: “Europa debe escuchar a su ciudadanía” y “pensar en la vida cotidiana de las personas”.

¿Y si no hay acuerdo?

Si el Consejo no aprueba la supresión antes de 2026, se renovaría el calendario actual y seguiríamos adelantando en marzo y atrasando en octubre. Si hay acuerdo, cada Estado deberá optar por el horario a fijar y coordinarse con sus vecinos para que el mapa horario no cree distorsiones en el mercado interior, el transporte y las telecomunicaciones.

Para España, los expertos recomiendan alinear la decisión con nuestro huso natural (UTC+0 en Galicia y UTC+1 en el resto) y, sobre todo, con la evidencia sanitaria. El debate, admiten en el Gobierno, tendrá escucha pública: se consultará a comunidades científicas, sindicatos, patronales, sectores sensibles (educación, sanidad, transporte, comercio, turismo) y a las CCAA.

Más allá del símbolo —ese domingo de octubre en el que siempre falta una hora de sol o sobra sueño—, eliminar el cambio horario es también un gesto de modernización. Dice que Europa no legisla por inercia, que revisa lo que ya no funciona y que pone la salud y la vida diaria al mismo nivel que la eficiencia energética.

Comentarios