La otra Casa Blanca que Trump no conoce y está en España
Este enclave es mucho más que una obra hidráulica; es un símbolo del progreso en la Ilustración, un recordatorio de los esfuerzos por superar los desafíos técnicos de su tiempo. Conocido como Conjunto de Esclusas y Molino de Casablanca, o también como Almenara, Esclusas o Casa Blanca, es un símbolo del progreso hidráulico y la historia de Zaragoza. Inaugurado en 1786 como parte del ambicioso proyecto del Canal Imperial de Aragón, este complejo marcó un antes y un después en la infraestructura de la región, conectando Zaragoza con el desarrollo agrícola, industrial y comercial de la época.
El Canal Imperial de Aragón nació del sueño ilustrado de conectar el Cantábrico con el Mediterráneo. Impulsado por la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País y su líder Ramón Pignatelli, el canal buscaba convertir a Aragón en un nodo comercial clave.
La construcción del canal, particularmente su paso por Zaragoza, enfrentó numerosos desafíos técnicos debido a la complejidad del terreno. Para superar los desniveles y salvar obstáculos como el río Huerva, se diseñaron esclusas y otras obras singulares.
El diseño inicial, obra del ingeniero neerlandés Cornelis Krayenhoff, fue perfeccionado y ejecutado por el militar español Julián Sánchez Boort, junto con un equipo que incluía a Fernando de Ulloa y Luis Chimioni. Las esclusas en la zona de Casablanca fueron un componente esencial del proyecto, inaugurado oficialmente en 1786 tras varias fases de construcción y ajustes.
Infraestructura y uso del complejo
Ubicado en el kilómetro 81,5 del Canal Imperial, el conjunto incluye dos esclusas de piedra caliza con saltos de 3,25 metros cada una. Originalmente cerradas con compuertas de madera, hoy desaparecidas, las esclusas tienen cámaras elípticas de diseño avanzado para la época. Además, se construyó una almenara con una caseta operativa y un módulo anexo para el guardia, enlucidos en cal, cuyo característico color blanco dio origen al nombre "Casa Blanca".
El complejo no solo facilitaba la navegación, sino que también servía como punto de escala para barcos de hasta 2700 arrobas de carga. Las instalaciones incluían un molino harinero, varios batanes y muelles, que dieron inicio a una primera industria moderna en Zaragoza. La Casa de San Carlos, hoy desaparecida, complementaba estas funciones al operar como almacén y posada para viajeros.
Patrimonio histórico y cultural
La inauguración del conjunto en 1786 fue un evento multitudinario que celebró la conclusión de las obras del canal. En este contexto, Ramón Pignatelli mandó construir la icónica Fuente de los Incrédulos, una respuesta directa a los críticos del proyecto hidráulico. Desde entonces, el complejo ha sido un emblema de Zaragoza y un testimonio de la capacidad de la ingeniería ilustrada.
A lo largo de los siglos, el Conjunto de Casablanca ha tenido múltiples usos, desde su papel en la industrialización del siglo XIX hasta su reconversión en una pequeña central hidroeléctrica. Aunque la navegación del canal desapareció, la infraestructura hidráulica sigue siendo una parte integral del paisaje zaragozano.
En el año 2000, el Conjunto de Esclusas y Molino de Casablanca fue declarado Bien de Interés Cultural, un reconocimiento a su valor histórico, arquitectónico y social. Hoy, el lugar se integra en un entorno verde conocido por la Fuente de los Incrédulos, que sigue atrayendo a visitantes y zaragozanos interesados en su rica historia.

