Muere el músico Jorge Martínez: líder de los Ilegales

A los 70 años a consecuencia del cáncer de páncreas diagnosticado en septiembre
Jorge Martínez, cantante de Ilegales. / X
Jorge Martínez, cantante de Ilegales. / X

La música española despide a una de sus voces más singulares. Jorge Martínez, fundador y líder de Ilegales, ha fallecido este martes, 9 de diciembre, a los 70 años a consecuencia del cáncer de páncreas que se le diagnosticó y comunicó públicamente en septiembre. El músico, que había interrumpido entonces la gira de presentación de su último trabajo, 'Joven y arrogante', ha muerto en el Hospital Central de Asturias, donde permanecía ingresado desde hacía varios días.

Martínez, también conocido como Jorge Ilegal, era una figura de fuerte presencia escénica y autor de una obra que comenzó en los primeros años ochenta, paralela a la llamada Movida madrileña. Tanto seguidores como críticos coinciden en que sus letras, de carácter provocador y afilado, y la energía de la banda destacaron por encima de muchas formaciones de su tiempo.

La enfermedad que ha puesto fin a su vida ya había obligado a detener toda la actividad en directo de Ilegales. En su comunicado de septiembre, la banda explicó que el estado de salud del vocalista y guitarrista se había complicado y que resultaba necesario cancelar los conciertos indefinidamente para que pudiera centrarse por completo en el tratamiento. Se remarcaba entonces que la decisión era "difícil pero inevitable".

UN REPERTORIO LLENO DE CLÁSICOS

A lo largo de más de cuarenta años de trayectoria, Martínez firmó un repertorio que dejó huella en el punk-rock español. Temas como 'Tiempos nuevos, tiempos salvajes' o 'Yo soy quien espía los juegos de los niños', presentes en el álbum debut de 1982, recordado también por la icónica portada de Ouka Leele, se convirtieron en clásicos inmediatos. A ellos se sumaron numerosas composiciones de la década posterior, entre las que destacan 'Chicos pálidos para la máquina', 'Ángel exterminador' o 'El norte está lleno de frío'.

La crudeza de sus letras, presente incluso en los títulos de los discos, constituyó otra de sus señas de identidad. Su catálogo incluye propuestas que combinan ironía, desencanto y provocación deliberada, como 'Soy un macarra', 'Caramelos podridos' o la polémica pieza 'Heil Hitler!', que generó controversia dentro y fuera de España. El propio Martínez explicó en 2011 que la canción surgió como una reacción desafiante hacia un grupo de hippies con quienes compartían local de ensayo.

En sus primeros años, el músico proyectó una imagen pública asociada al carácter impulsivo y a ciertos excesos, algo que él mismo alimentaba en entrevistas. Ese temperamento, que formó parte de su leyenda, también estuvo detrás de episodios notorios, como el altercado con Jaime Urrutia, de Gabinete Caligari. Su aparición en Televisión Española en 1987, durante el programa '¡Qué noche la de aquel año!', consolidó esa fama cuando, en plena actuación, lanzó la frase "Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal".

Más allá del escenario, Martínez destacó como un entrevistado carismático y contundente. Su presencia en espacios televisivos de los noventa, como 'Moros y cristianos', contribuyó a reforzar esa imagen pública de verbo incisivo. Con el tiempo, él mismo admitió que esa exposición pudo resultarle perjudicial, aunque aseguró que participaba en esos programas por diversión y que abandonó ese circuito al sentirse incómodo con la dinámica de ciertos debates.

El documental 'Mi vida entre las hormigas' (2017), dirigido por Chema Veiga y Juan Moya, mostró una faceta distinta del músico: reflexivo, reservado y dado a la soledad en su casa de Bolgues, donde pasaba largas temporadas. Allí defendía la importancia de mantener distancia para comprender la realidad y ser sincero consigo mismo, algo que consideraba esencial para relacionarse con los demás.

Tras la cancelación de la gira por el cáncer, numerosos compañeros de profesión le dedicaron mensajes de ánimo públicos, subrayando su fortaleza y su carácter resistente. Su legado musical, ampliamente respetado, queda marcado por una poética directa y descarnada. Él mismo reflexionaba sobre la vida y la muerte con frases que se han convertido en parte de su memoria artística, como "Saber vivir es ir hacia la muerte, alegre y despreocupado" o su evocación a los autores clásicos que tanto admiraba, a quienes consideraba "los más punk".

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