El pueblo a un paso de Aragón que emerge de las profundidades en tiempo de sequía
España cuenta con numerosos pueblos que, debido a la construcción de embalses en el siglo XX, quedaron sumergidos bajo el agua. Entre ellos, Mansilla de la Sierra, en La Rioja, es uno de los más representativos. Sus calles, sus casas y su iglesia desaparecieron bajo el embalse que lleva su nombre en 1959, cuando el régimen franquista decidió regular el caudal del río Najerilla para garantizar el suministro de agua a la región.
A lo largo de las décadas, el antiguo núcleo urbano de Mansilla de la Sierra ha permanecido oculto bajo el embalse, emergiendo solo en épocas de sequía, cuando el nivel del agua desciende. Es entonces cuando el pueblo vuelve a la vida, mostrando los restos de una historia que se niega a desaparecer y atrayendo a curiosos, historiadores y descendientes de aquellos que, hace más de 60 años, se vieron obligados a abandonar su hogar.
UN PUEBLO CON SIGLOS DE HISTORIA
Los orígenes de Mansilla de la Sierra se remontan a la Edad Media, cuando se consolidó como un enclave estratégico en la comarca. Gracias a su ubicación en el valle del Najerilla, sus habitantes desarrollaron una próspera economía basada en la ganadería y la agricultura, que durante siglos fue el motor de la vida local.
Sin embargo, el avance de la ingeniería hidráulica trajo consigo un sacrificio irreversible. A finales de la década de 1950, el gobierno decidió construir el embalse de Mansilla, lo que supuso la expropiación y desalojo de la población. Sus habitantes fueron trasladados a una nueva Mansilla de la Sierra, situada en una zona elevada, mientras su antiguo hogar quedaba sumergido bajo las aguas.
CUANDO EL AGUA RETROCEDE, EL PASADO VUELVE
Cada vez que el embalse reduce su nivel, los restos del pueblo emergen como un fantasma del pasado. Calles empedradas, muros derruidos y la estructura de la antigua iglesia de San Miguel reaparecen, ofreciendo un espectáculo único que transporta a los visitantes a otra época.
Entre los elementos más llamativos que resurgen de las aguas, destaca el puente de piedra que antaño conectaba ambas orillas del río Najerilla. Cuando el embalse lo permite, su imponente estructura vuelve a alzarse, recordando la importancia que tuvo en el día a día de los antiguos vecinos de Mansilla.
La imagen del pueblo emergiendo ha sido captada en numerosas ocasiones por fotógrafos y documentalistas, convirtiéndose en un símbolo de la lucha entre el progreso y la memoria. Además, en los últimos años, se han organizado visitas guiadas y encuentros en los que antiguos habitantes y sus descendientes regresan a sus raíces para compartir recuerdos y anécdotas sobre la vida antes de la inundación.
UN DESTINO TURÍSTICO CARGADO DE HISTORIA
El resurgir de Mansilla de la Sierra ha despertado un creciente interés turístico. La posibilidad de caminar por sus calles y explorar los vestigios de un pueblo sumergido es una experiencia única para quienes buscan conocer la historia de España desde un punto de vista diferente.
Para llegar a Mansilla de la Sierra desde Logroño, se puede tomar la LR-113, en un trayecto de aproximadamente 1 hora y 15 minutos. Desde Burgos, el recorrido es de 1 hora y 25 minutos por la N-234.
Aunque el agua tarde o temprano volverá a cubrirlo, Mansilla de la Sierra sigue demostrando que la historia no desaparece tan fácilmente. En cada sequía, el pueblo vuelve a emerger, recordando que, aunque el progreso imponga sus reglas, la memoria de un lugar jamás se borra por completo.

