La montaña rusa de Bazdar: explosión prematura, lesión, cambio de nacionalidad y caída en picado

El futbolista nacido en 2004 volvió a ser suplente y falló otro mano a mano, demostrando que no tiene la misma confianza que los primeros meses
Samed Bazdar con el Real Zaragoza / MARCOS CEBRIÁN
Samed Bazdar con el Real Zaragoza / MARCOS CEBRIÁN

El fútbol actual ha cambiado respecto a décadas anteriores. La aparición de jóvenes talentos en el fútbol profesional se ha normalizado debido a la irrupción de jugadores como Samed Bazdar, un muchacho nacido en el año 2004 que apenas tenía unos meses de vida cuando el Real Zaragoza ganaba su último título, la Supercopa de España de ese mismo año y por el que el conjunto aragonés realizó una apuesta sin precedentes.

La evolución constante de los métodos de entrenamiento y la globalización del fútbol, que brinda la oportunidad de seguir a jóvenes jugadores de cualquier lugar del mundo, permitió al Real Zaragoza acceder a Bazdar, un jovencísimo delantero serbio —ahora internacional por Bosnia y Herzegovina— del Partizan de Belgrado, por el que pagó cerca de un millón y medio de euros, convirtiéndose así en el fútbolista más caro desde que se descendiera a Segunda División, con muchísima diferencia respecto a los siguientes.

Los bruscos cambios de Bazdar desde que llegó a Zaragoza

La vida de Samed Bazdar ha vivido un cambio radical desde que aterrizara en España. Poco después de llegar a Zaragoza, el delantero decidió casarse, a mediados de septiembre, e hizo lo que había demostrado en su país de origen. Realizó una buena pretemporada y comenzó el curso con buenas actuaciones. Asistencia ante el Cádiz, un golazo para dar la victoria ante el Levante, doblete para una remontada épica en Tenerife y otro tanto ante el Eldense que culminaron con otras dos asitencias frente al Granada. Y hasta ahí. 

A principios de noviembre, Bazdar cambió de selección, dejando atrás a Serbia, con la que había sido internacional hasta la Sub-21. Una decisión que tuvo una consecuencia inmediata, ya que fue convocado para jugar los partidos de clasificación de la Liga de Naciones con Bosnia y no fue convocado ante el Málaga. Tras su regreso, Bazdar sufrió una inoportuna lesión ante el Albacete, que le dejó en el dique seco hasta el partido frente al Tenerife, donde dio una asistencia pero vio la quinta amarilla, dejándole de nuevo en fuera de juego.

Con la desaparición de Bazdar por todos estos motivos se fue cayendo el Real Zaragoza. Ya inmerso en una crisis de juego y resultados, el ahora bosnio regresaba con Miguel Ángel Ramírez alternando entre el rol de titular y reserva, de la misma forma que con Gabi Fernández. De hecho, con ninguno de los dos entrenadores ha aportado directamente en la faceta ofensiva, ya que ni ha visto puerta ni ha colaborado con asistencias.

Sin embargo, la mayor evidencia del bajón de rendimiento son las ocasiones de las que ha dispuesto recientemente. Ante el Levante, Bazdar se quedó solo dentro del área para anotar a placer el que sería el 2-1. Pero incomprensiblemente envió el balón fuera. En la última jugada del encuentro ante el Racing de Ferrol se repitió la escena. En una posición similar y con toda la portería para elegir dónde ponerla, Bazdar estrelló el balón en el poste. Aunque esta acción no tuvo incidencia en el resultado, sí lo hizo en la confianza del delantero.

La importancia del contexto y del periodo de adaptación

Dejar atrás la que hasta el momento ha sido tu vida, en tu hogar y en un fútbol tan distinto como el serbio no es sencillo. Llegar a una plaza exigente como La Romareda tampoco. Haberse casado, cambiado de nacionalidad, sufrido una lesión y haber tenido que dejar al equipo para jugar compromisos internacionales no es algo habitual para un chaval de 21 años.

La variedad de propuestas que han pasado por el banquillo del Real Zaragoza han complicado más aún la labor de Bazdar, que se sentía cómodo con el modelo de juego de un Víctor que apostaba todo al ataque, no encontró su hueco con Ramírez y ahora sufre ante la imposibilidad de conectarse con el juego que propone Gabi, muy directo, sin elaboración previa y con el balón más tiempo en el aire que por el suelo. Cuando juega, Bazdar es la referencia sobre la que sobrevuelan los balones, buscando su cabeza para generar segundas jugadas que él mismo debería de aprovechar. Ahí es bueno, cuando conecta el balón con sus pies y deja su cabeza solo para pensar.

Con todo esto, a Bazdar se le está atragantando la temporada de la misma forma que le sucedió a otros futbolistas extranjeros que llegaron al Real Zaragoza, como fue el caso de Giorgi Papunashvili, con el que tantas referencias se hacía al periodo de adaptación. Una vez completado, el georgiano encontró su sitio y brilló en una segunda mitad de temporada apoteósica. Tras un año lleno de bruscos cambios, momentos de calidad y de decadencia, Bazdar necesita un respiro. Ese que no tuvo cuando se plantó delante del portero ante el Ferrol en un contexto dramático para el Real Zaragoza y que le ha envuelto hasta el punto de bloquear todo el talento que demostró a principio de temporada.

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