Opinión | Alemania, ante el reto del liderazgo europeo: gobernar en la incertidumbre
Las elecciones federales alemanas de 2025 han supuesto un punto de inflexión para el país y, por extensión, para el futuro de Europa. Con una participación histórica del 84%, la mayor desde la reunificación, los votantes han reafirmado su compromiso con la democracia en un contexto de avance de la extrema derecha. No obstante, el ascenso de la Alternativa por Alemania (AfD), que ha alcanzado un apoyo del 34% en la antigua Alemania del Este, revela una polarización latente que las nuevas autoridades deberán abordar con determinación y no pocos malabares políticos.
En este escenario, la CDU/CSU, liderada por Friedrich Merz, se ha consolidado como la fuerza más votada. El SPD, por su parte, ha obtenido los peores resultados de su historia, quedando en tercera posición tras la AfD. La consolidación de esta última en el este del país, impulsada por un discurso antiinmigración que ha capitalizado el descontento social frente a una serie de atentados islamistas y dificultades económicas, refleja la complejidad del panorama político actual en Alemania.
A la luz de los reusltados de las elecciones, la coalición más viable y con mayor sentido político es la de los democristianos de la CDU/CSU con el SPD como socio menor, en un pacto pragmático destinado a garantizar la gobernabilidad y blindar al país frente al avance de la extrema derecha (ante quien se ha levantado un cordón sanitario o “Brandmauer”), con políticas reales y compromisos en materia de inmigración e impulso económico que en algunos casos podrían tensionar la relación entre Merz y los socialistas.
LOS RETOS SOBRE LA MESA DEL BUNDESTAG
Esta nueva coalición se enfrenta a una serie de desafíos de gran envergadura, especialmente en el plano nacional donde deberán lidiar con cuestiones como seguridad, inmigración, salida de la recesión y el papel ahora de líder de la oposición que adoptará la AfD, con lo que ello conllevará de impacto mediático.
En todo lo relativo a lo que pase de puertas a fuera, el nuevo gobierno de Merz deberá trabajar duramente y de manera conjunta con otras potencias europeas y europeístas, en reforzar el eje fanco-alemán como bisagra fundamental de una Unión Europea fuerte y con peso geopolítico propio, todo en un contexto donde los Estados Unidos de Donald Trump han optado por tensionar la relación política, económica y militar con sus aliados europeos.
En lo que respecta a las cuestiones económicas, Alemania atraviesa una recesión, con una caída del PIB del 0,2% en 2024. Se prevé, por tanto, un ambicioso paquete de reformas estructurales orientadas a la reactivación económica mediante la reducción de la burocracia, el impulso de la digitalización y la mejora de la competitividad industrial. El sector automotriz, afectado por la disminución de las ganancias de gigantes como Mercedes Benz, será clave en esta estrategia de revitalización de la locomotora económica alemana.
Un punto clave lo encontramos en la política energética, Merz ha criticado en varias ocasiones el cierre de las centrales nucleares, lo que podría reabrir el debate sobre la diversificación energética y el retorno parcial a la energía nuclear. Esta medida buscaría garantizar el suministro y reducir la dependencia del gas, cuyo precio se ha disparado un 81,6% desde 2021. A su vez, la gestión migratoria y la seguridad interna serán prioridades ineludibles.
El aumento de la radicalización y los atentados islamistas plantea un reto urgente que exigirá políticas migratorias más restrictivas con deportaciones que continuarán tras haberlas iniciado el socialista Scholz en 2023 (en 2024 cerca de 20.000 personas fueron expulsadas de Alemania) , combinadas con programas de integración y cooperación europea en materia de seguridad, lo cual, incluye controles fronterizos.
Un punto de especial preocupación y que requiere atención inmediata es el de la política exterior, sacudida por la tectónica vuelta de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos obliga a Alemania a redefinir su posición en la OTAN y su relación transatlántica, buscando como ha mencionado recientemente Merz el “independizarse de Estados Unidos” en materia de defensa y construir una OTAN europea. La coalición gubernamental CDU/CSU-SPD y en particular Merz, tienen un enfoque realmente proactivo en temas de defensa europea, buscando fortalecer la autonomía estratégica de la Unión Europea, algo que pasa por asumir de manera convencida un papel de liderazgo en los temas troncales de la seguridad y defensa europea, ya sin amabages. No caben actitudes dubitativas, menos ante la amenaza rusa en Ucrania y la creciente incertidumbre geopolítica en el este del continente, especialmente ante una posible paz en Ucrania, lo cual permitiría a Moscú ejercer presión y amenazar otros espacios de la geografía oriental europea.
Alemania se encuentra en un momento decisivo para reafirmar su liderazgo en Europa. Las tensiones internas derivadas de la fragmentación política y la presión de la extrema derecha exigen que el país promueva un modelo de gobernanza basado en los valores democráticos, consenso político, el Estado de derecho y la inclusión social. La nueva coalición tendrá la responsabilidad de evitar que el discurso radical continúe erosionando el panorama democrático y, al mismo tiempo, deberá fortalecer su compromiso con la estabilidad del continente.
Los resultados electorales de 2025 confirman que Alemania sigue siendo el motor político y económico de Europa, aunque enfrenta desafíos que amenazan su estabilidad interna, no debe perder la oportunidad de volver a liderar de la misma manera que lo hizo Angela Merkel en su día. La figura de Friedrich Merz, es por tanto, una pieza clave que deberá liderar con voz firme en un contexto político donde predomina el ruido, a pesar de que su predecesor Olaf Scholz tuviera un perfil bajo y acallado en el debate político.
En un contexto internacional incierto, marcado por la volatilidad estadounidense y el expansionismo ruso, Alemania debe liderar desde la responsabilidad, el consenso y la visión estratégica a largo plazo en una Unión Europea necesitada de acción conjunta y cohesión. El pacto entre la CDU/CSU y el SPD representa, por tanto, una oportunidad para consolidar un gobierno estable, amplio y moderado, capaz de impulsar las necesarias reformas internas y reforzar el proyecto europeo, dándole un impulso fundamental en un momento clave.
*Luis Valer del Portillo es Historiador especializado en relaciones internacionales.